05/06/2026
⚫️ CRUCES DE MAYO, JUEGO DE NIÑOS, SIN NIÑOS…
Muchos cofrades de Madrid tienen esa manía de mirar al sur y querer copiar tradiciones y costumbres centenarias, pero, eso sí, baratito y sin calidad o fundamento alguno. Dicen que “hay que ser cocinero antes que fraile” porque si no, luego pasa lo que pasa y nos encontramos en pleno Madrid de los Austrias unos pasos que calzan al menos nueve chavales con costal.. con o sin seguros vigentes aparte, que llevan por delante su capataz con el terno negro, y su ayudante, y sus dos contraguías, y que cierra una banda de las profesionales como si se tratara de una estación de penitencia.
De estas cruces de mayo digamos semi-profesionalizadas e importadas desde Sevilla sin tradición previa, ¿qué quieren ustedes que les diga? Es una forma de mantener la tradición, cierto. Pero también de que algunos mayores hagan lo que tanto mosquea a cierta parte de la Curia con las hermandades verdaderas: jugar a los pasitos. Y como se ve en ellas demasiado la mano de los mayores, su iniciativa, no tienen esa candidez verdaderamente infantil de las cruces de mayo que yo no sé a usted, pero a mí son las que me emocionan y enternecen.
El extraño caso de la Hermandad del Gran Poder y Esperanza Macarena de Madrid en el que su hermana mayor, persona con 2 años de experiencia en el cargo y, tiene guasa la cosa, apenas un total de siete en el mundo de las cofradías, debería dar mucha, pero que mucha reflexión a la curia que parece ser la vigila y tutela muy de cerca.
Miren, una cruz de mayo es o debería de ser un juego de niños, una tradición qué, de padres a hijos, debe transmitirse y crecer poco a poco en el seno de la hermandad, acompañada siempre por los muchísimos padres y madres que la conforman. Esta muy feo señora hermana mayor importar una bonita tradición andaluza sin todos sus avíos, pero, más feo está que, después de engatusar a sus más de mil hermanos con ese barato eslogan de “una hermandad de todos y para todos”, se atreva a poner en la calle sin unas cuentas y presupuestos aprobados, ni autorización de gastos alguna esa extraña y esperpéntica cruz de mayo.
Una cruz de mayo que muy lejos de esa mesa de cocina con un mantel “echao” por lo alto, sus dos palos con una tela y un tamborcito de Hosorno, estuvo fuera de toda la debida liturgia del pueblo y sus patios de vecinos. Una cruz de mayo sin niños, sin vida porque la vida señora mía, está en esos padres y madres de la hermandad, unos padres que, entérese bien señor párroco…, no quieren llevar a sus hijos a ese oscuro lugar que están creando, un lugar yermo, oscuro y sin vida.
Una actividad para jóvenes, pero sin jóvenes donde evidentemente, las noticias publicadas por la Hermandad, solo dan cabida a fotografías de adultos y a una junta de gobierno portando el estandarte de la Hermandad.