24/07/2026
Sigmund Freud
estudió un fenómeno desconcertante: personas que donde aman no desean, y donde desean no pueden amar.
La ternura se deposita en la pareja estable —a quien respetan, casi veneran— mientras el deseo solo se enciende lejos de casa, con quien no representa compromiso. Esta división nace, decía, de la historia temprana: el amor quedó asociado a lo "puro" y el deseo a lo "prohibido", y nunca aprendieron a sentir ambos por la misma persona. No es que no amen. Es que aman partido
a la mitad.