11/04/2026
Somos sostén. Y aun así, seguimos siendo invisibles.
La imagen de “la mujer que nunca hizo nada” no es una exageración. Es un espejo.
Un cuerpo doblado sosteniendo la vida: hijos, casa, trabajo emocional, rutinas que nunca terminan.
Un peso que no se ve, que no se paga, que no se reconoce.
Un cansancio que el sistema ha normalizado hasta hacerlo silencio.
No es que las mujeres “no hagan nada”.
Es que el mundo está construido para que todo lo que hacemos no cuente.
Nos han enseñado a adaptarnos, a aguantar, a sostener…
pero no a ser vistas, ni escuchadas, ni protegidas.
Y no, el problema no somos nosotras.
El problema es un sistema que necesita nuestro desgaste para sostenerse.
Por eso no se trata de encajar.
Se trata de romper las reglas.
De cambiar la mirada.
De nombrar lo invisible.
Porque cuando lo hacemos visible…
ya no hay vuelta atrás.
Hijas de la desobediencia