16/06/2026
Hoy, con Fernando Tascón, Dependencia
Un bocado bien dado, una dentellada a tiempo a los productos del Bierzo con distintivo de calidad deja a las claras que no es una cuestión de hambre ni de apetito, de nutrición o alimento, sino que su magnetismo reside en las singulares propiedades que la naturaleza, modificada por siglos de estrecha y cariñosa atención humana, ha tenido a bien proporcionarnos. Una pera del Bierzo, a partir de ahora reconocida y protegida con ese nombre por la Unión Europea (que no ‘Europera’, si caben los chistes malos) esconde bajo su piel una sinfonía de efectos sensoriales que, como diría el siempre citado aunque no todas las veces citado apropiadamente Prada a Tope, son lo más parecido a un orgasmo. No nos cabe duda de que allá donde se presente una pera conferencia a los comensales, se celebrará una fiesta. Ponga una pera del Bierzo en su vida, en cada uno de los aconteceres y celebraciones que merezcan compartir algo único. Sea como refinado postre, fresca o cocinada, sea como alimento sano y equilibrado o como resorte que dispara la gula de los gourmands, la pera del Bierzo sabrá responder a las más exigentes de las expectativas. Dejará buen sabor de boca una y mil veces. Porque una vez que se prueba, la pera del Bierzo se gana al paladar, hasta entonces perdido en otras frutas de menor enjundia. La pera del Bierzo genera un efecto de dependencia que, si no se satisface, produce una profunda sensación de tristeza. La pera es la pera. Y el Bierzo es lo único que le faltaba para alcanzar la más egregia de las condiciones, ahora refrendada en un sello oficial. Larga vida a la pera del Bierzo.