23/12/2025
🔴FELIZ NAVIDAD CATÓLICA, SEÑOR MILLÁS
Da vergüenza leer a este indocto, cuya exigua mirada le impide alcanzar la más mínima hondura en la reflexión. Millás es un claro ejemplo de lo que se ha perdido… la teología católica invadiendo e impregnándolo todo. Por caridad cristiana le vamos a recomendar que lea esta obra del chileno Osvaldo Lira, publicada en España en 1948, obra en la que, con claridad meridiana, se explican los resultados de la obra magna que la Cristiandad llevó a cabo en el mundo, auténtica y radical transformación en todos los órdenes de la realidad que a este señor intelectual se le escapan porque, cuál infantiloide ameba, exige ver magia en vez de teología, así como experimentar milagritos y prodigios CGI caídos del cielo. Qué vergüenza ajena. Qué ridículo más espantoso, señor Juan José Millás.
Momentos privilegiados de la historia fueron los reinos cristianos del siglo XIII y luego la España que resiste vigorosamente frente al neopaganismo protestante. Entonces no sólo se pensaba la teología, sino que se la ponía en juego, se operaba con ella, en la política, en la guerra, en la moral, en las artes, en las ciencias, en todas las actividades humanas. La teología católica lo penetraba todo, desde el porquero hasta el pícaro, el poeta, el catedrático, la pr******ta, el monarca… Se vivía una vida teológica, cuya huella perduró hasta el último tercio del siglo XX. Eso es lo que se ve en la obra de Galdós, en la de Clarín, Unamuno… Eso se ha perdido… Y la Iglesia ha renunciado a organizar sociedades católicas.
La visión política de Quevedo vino necesariamente cargada de efluvios teológicos, porque centró su estudio en las condiciones en que debe concretarse para el hombre su fin último terreno, siempre vinculado con el fin último sobrenatural. De ahí sale también el Quijote, La vida es sueño, la pintura velazqueña… Todas las producciones del Siglo de Oro fueron fruto de la sabiduría teológica, y así dice Osvaldo Lira:
«No es sobre todo en el factor “tema”, sino en el modo de tratarlos, donde dicho influjo se manifiesta más acusado. O sea, que, más que pensar la teología, se la pone en juego, se la vive (…) En realidad, la manera misma de concebir entonces la vida era teológica (…) el modo caballeresco de llevar la guerra y el respeto al enemigo vencido, hasta el punto de hacer metafísicamente imposible en la España vencedora un proceso de Nürenberg, todo ello está demostrando, sin lugar a equívocos, un influjo teológico que lo invade y lo penetra todo (…)
El español del Siglo de Oro, quiérase o no, consciente o inconscientemente, había vivido una vida teológica; era un teólogo in actu exercito, y eso es lo único que puede explicar satisfactoriamente aquel mundo de heroísmos lindantes ya con lo fabuloso que nos brinda la España áurea, los cuales, privados de esa luz objetiva, vienen a resultar absurdos en sí mismos y, para quien los contemplare, absolutamente incomprensibles».
«... Absolutamente incomprensibles», esto último es lo que le ocurre al Millás y a tantos otros cenutrios, que exigen ver maravillas y grandes muestras de pasión fisiológica en los fieles que asisten a misa (enthousiasmos: "tener un dios dentro"), mientras permanecen ciegos a los resultados objetivos de un mundo configurado durante siglos desde coordenadas católicas y cuya ruina nos pone a TODOS, creyentes y no creyentes, a los pies de los caballos frente a todo tipo de irracionalismos, nihilismo, fanatismo, gnosticismo, por no hablar del musculoso islam que ya nos acecha por todas partes.
Feliz Navidad católica, señor Millás, y ponga usted un Belén.