24/11/2021
Hay pérdidas que son magníficas.
A veces no somos conscientes de que tenemos un bloqueo hasta que lo perdemos.
Un buen día decidimos soltar y alejarnos de aquello que nuestro instinto rechaza y al otro comienza una aventura que nos lleva a descubrir las maravillas de la vida que suceden ante nuestros ojos todo el tiempo y que antes pasaban desapercibidas a nuestra atención ya que la realidad la mirábamos a través de un filtro que aislaba lo sagrado de lo mundano, bloqueando el libre flujo de la información que va del exterior a nuestro interior.
Éstos filtros que bloquean nuestra percepción existen tanto a nivel intelectual (miedos, dogmas/prejuicios, etcétera) como material (ciertos metales, plásticos y demás disruptores endocrinos contenidos en productos ultraprocesados para consumo alimenticio, higiene personal, agrícola etc...).
En esencia lo que se pierde es el patrón de separación que mantiene a la consciencia polarizada en el extremo material, ignorando y descartando la contraparte espiritual.
A éstas alturas ya todos conocemos lo que es la dualidad. Si tenemos el día con la noche, el frío con el calor y arriba con abajo ¿porqué lo material estaría separado de lo espiritual y lo sagrado de lo mundano?
El espíritu está aquí todo el tiempo ¿no lo ves? Quítate la venda que respresenta el fluoruro de sodio pegado a tu ojo espiritual que es la glándula pineal, ¿no lo hueles? Quítate los tapones que las colonias y perfumes sintéticos le ponen a tus órganos sensoriales.
Cuando soltamos los dogmas y químicos sintéticos del mundo moderno e incluso prácticas y creencias del mundo ancestral, aparece el nuevo mundo, ese que ha estado y estará presente en todas las eras, ese mundo en el que espíritu y materia se manifiestan de la mano en un flujo de renovación eterna.
Todo es magia y para poder atestiguarla hay que purificarnos.