10/08/2026
Una comunidad de Benicalap denuncia obras en zonas comunes para construir un hostel de 22 habitaciones
Los vecinos aseguran que la empresa promotora ha comenzado a abrir huecos para nuevas ventanas en elementos comunes del edificio sin autorización de la comunidad
Una comunidad de propietarios de Benicalap ha dado la voz de alarma este lunes después de comprobar que las obras que se desarrollan en uno de los bajos del edificio han comenzado a afectar a elementos comunes del inmueble.
Según explican los vecinos, el local está siendo transformado para albergar un establecimiento turístico bajo formato hostel, con 22 habitaciones. La preocupación ha aumentado después de que, durante la mañana, los operarios comenzaran a abrir nuevos huecos para ventanas en espacios que la comunidad considera elementos comunes, una actuación para la que los propietarios aseguran que no han dado autorización.
Nos hemos desplazado hasta el lugar tras recibir el aviso de los vecinos y hemos podido comprobar que las obras continúan.
El conflicto vuelve a poner sobre la mesa una situación que empieza a repetirse en diferentes puntos de València: grandes locales situados en los bajos de edificios residenciales que son transformados en establecimientos con numerosas habitaciones o plazas turísticas.
La cuestión es especialmente relevante porque València cuenta desde esta primavera con una nueva regulación urbanística para los usos turísticos. El Ayuntamiento aprobó definitivamente el pasado 31 de marzo una modificación del PGOU que establece diferentes límites acumulativos para tratar de evitar la saturación turística. Entre ellos, las plazas turísticas totales —incluyendo hoteles, apartamentos y otros establecimientos— no pueden superar el equivalente al 8 % de la población empadronada de cada barrio y distrito.
Existe además otro límite especialmente relacionado con este tipo de actuaciones: solo puede destinarse a cualquier modalidad de alojamiento turístico un máximo del 15 % de los locales situados en las plantas bajas de cada manzana de uso residencial.
La normativa diferencia, no obstante, entre las viviendas de uso turístico y otras modalidades de alojamiento. El límite del 2 % del parque residencial afecta a viviendas y apartamentos turísticos, mientras que establecimientos como hoteles y hostales forman parte del uso terciario hotelero y están sometidos a otros condicionantes urbanísticos. Por eso, la proliferación de establecimientos de muchas habitaciones en grandes bajos comerciales plantea un escenario diferente al de los tradicionales apartamentos turísticos.
El propio Ayuntamiento defendió al aprobar la nueva regulación que su objetivo era proteger simultáneamente la vivienda y el comercio de proximidad. La norma divide el uso terciario hotelero en diferentes categorías y establece mecanismos para impedir nuevas implantaciones cuando una zona alcance los niveles considerados de saturación.
El consistorio sostiene además que ha incrementado considerablemente la actividad inspectora: en marzo aseguraba que la media anual de expedientes de cese contra viviendas turísticas ilegales había pasado de 71 a 449, y que durante la anterior moratoria se habían paralizado 363 expedientes, equivalentes según el Ayuntamiento a 4.697 nuevas plazas turísticas.
Sin embargo, el caso de Benicalap muestra que el conflicto turístico ya no se limita exclusivamente a los apartamentos. Los vecinos de esta comunidad se enfrentan ahora a un establecimiento de 22 habitaciones dentro de su propio edificio y denuncian que las obras han comenzado a intervenir sobre zonas comunes sin contar con ellos.
La comunidad estudia ahora qué actuaciones puede emprender para paralizar aquellas intervenciones que considere que afectan a elementos comunes del inmueble.
Benicalap y la cercana Ciutat Fallera se están convirtiendo además en nuevos puntos de expansión de este modelo de alojamiento en bajos, alejándose el fenómeno de los barrios tradicionalmente más turísticos de València.
Mientras las administraciones defienden nuevas normas para limitar la presión turística, cada vez más comunidades se encuentran con conflictos que hasta hace pocos años parecían concentrados en barrios como Ciutat Vella o el Cabanyal.
Para estos vecinos la discusión ya no es una cuestión de estadísticas turísticas: está ocurriendo literalmente debajo de sus casas.