06/09/2026
"Fue como encontrar el diamante Hope en Peoria en vez de en Nueva York." Así describió el arqueólogo Geoffrey Braswell la sensación de hallar, en uno de los yacimientos mayas más secundarios de Belice, una de las joyas más importantes jamás encontradas en la región.
Ocurrió en mayo de 2015, en Nim Li Punit, un asentamiento clásico maya en el distrito de Toledo, en el sur de Belice, cuyo nombre significa "Sombrero Grande" en q'eqchi'. El equipo de Braswell, de la Universidad de California en San Diego, excavaba una tumba intacta de alrededor del año 800, sepultada bajo un palacio construido cuatro siglos antes, cuando encontraron un colgante de jade de casi 19 centímetros de ancho, tallado con la forma de una T, el glifo maya que representa el viento y el aliento. Junto a él aparecieron más de veinte vasijas de cerámica, una figura de piedra vinculada al dios del viento, conchas, cuentas y hojas de obsidiana.
Lo que hace único al colgante no es solo su tamaño, el segundo jade tallado más grande jamás hallado en Belice, sino lo que lleva grabado en el reverso: treinta jeroglíficos que forman el único texto histórico conocido, hasta hoy, en una joya de jade maya. La mayoría de las inscripciones en estas piezas registran solo fechas o marcas de posesión. Esta cuenta una historia.
Según la lectura preliminar del epigrafista Christian Prager, de la Universidad de Bonn, el colgante fue elaborado para un gobernante llamado Janaab' Ohl K'inich, y registra su entronización en el año 647 y el primer uso ceremonial de la pieza en el 672, durante un ritual de dispersión de incienso. El texto incluye también una declaración de parentesco, la madre del gobernante habría venido de Cahal Pech, a unos 95 kilómetros de allí, y su padre habría mu**to antes de que él cumpliera veinte años. Algunas fuentes apuntan además a una posible conexión con Caracol, uno de los reinos más poderosos de la región, aunque ese punto concreto sigue sin confirmarse con precisión.
Nim Li Punit nunca fue un actor político de primer nivel. Sus propias estelas, los grandes monumentos de piedra tallada por los que el sitio es conocido, entre ellas la Estela 14, la más alta jamás hallada en Belice, y la Estela 15, que menciona a los reinos de Quirigua y Copán y registra un eclipse lunar visible aquel mismo día, nunca ofrecen genealogías reales claras. El colgante rompe ese silencio. Y cuando terminó enterrado junto a su dueño, hacia el año 800, ya tenía cerca de ciento cincuenta años, una reliquia heredada durante generaciones antes de acompañar a alguien a su tumba.
"Cuenta una historia política lejana a Nim Li Punit", resumió Braswell. Un objeto pequeño, cargado durante siglo y medio, terminó siendo la prueba más clara de que aquel rincón secundario del mundo maya estuvo, en algún momento, mucho más conectado de lo que nadie había imaginado.