18/10/2022
Tuvimos la suerte de conocer a Rodrigo Córdoba, editor de Zoográfico. Fuimos afortunados por tener la oportunidad de abrazarle y reírnos con él. Le vimos dejarse la piel y la espalda editando libros, a mano y a máquina, encuadernando, haciendo collage, llenando maletas, cogiendo el bus, vaciando maletas, probando micros, llenando un barrio de poesía. Aprendimos con él que si no lo haces tú no va a venir nadie a hacerlo por ti. Aprendimos con él, también, que juntos es mejor y más ruidoso. Compartimos horas y horas de ferias literarias. A veces no venía ni un solo lector. ¿Y qué más da? Para pagar todas sus ediciones se subía a tejados, como solía decir. La edición no le daba para vivir, pero él vivía por y para la edición. Nos comentó una vez, consternado, que Violeta, su pequeña, la que le hizo esta foto, le había reconocido que de mayor quería ser editora, o policía. Rodrigo tenía siempre mil cosas que hacer, pero la última tarde que le vimos se bajó de un tejado en San Blas y se recorrió medio Madrid para darnos un abrazo, un poquito de su fuerza y hacernos reír unos minutos. Siempre le recordaremos serpenteando entre mesas llenas de libros, camino del auditorio para presentar el próximo recital. Nos encantaba liarle y dejarnos liar, y dejamos una conversación pendiente, con alguna nueva liada editorial, probablemente. No sabíamos entonces que el verdadero riesgo no eran los tejados, sino quedarnos solos, sin poemas, sin tipos luminosos y valientes como Rodrigo, sin todo lo que compartía. Buen viaje, compañero.