13/11/2025
Una torre, un reloj, una historia
La historia del reloj de la torre de Valverde del Camino es tan antigua como llena de cambios. Según recogen autores como Arroyo Navarro, Luis Arroyo o Antonio Rico, son ya cuatro los relojes que han coronado nuestra torre a lo largo de los siglos.
Del primer reloj, instalado en 1699, se conserva una breve referencia en el Libro de Fábrica de la parroquia, donde se indica que “se dan al año seis ducados al maestro cerrajero Juan Rodríguez por regirlo”.
El segundo reloj se menciona en una visita pastoral realizada el 11 de mayo de 1758 por el doctor en Teología D. Lorenzo Garrido y Mesa, visitador general del arzobispado, quien dejó escrito:
> “El Cabildo, Justicia y Regimiento de esta villa está en hacer un reloj nuevo, pues el que tiene está muy descompuesto por lo antiguo.”
Años más tarde, el 29 de mayo de 1794, el visitador D. Agustín Ayesterán, obispo titular de Brota y auxiliar de Sevilla, ordenó fundir la campana del reloj.
El tercer reloj, según Arroyo Valero, se colocó hacia 1890 y fue el primero de repetición. Funcionó hasta 1971, sustituyendo al anterior, que fue trasladado a la iglesia de San Pedro de Huelva, donde, según la Breve historia de Valverde (1949), seguía funcionando.
El cuarto y actual reloj se instaló el 1 de enero de 1971. Fue adquirido en Valencia, en el taller de D. Salvador Manchís, por un importe de 95.000 pesetas, costeado por la Junta de la Dehesa de los Machos. Es el primer reloj de cuatro esferas que tuvo la torre, motivo por el cual se abrieron nuevos huecos hacia el Este, Sur y Oeste. El anterior fue trasladado a la iglesia de la Fuente de la Corcha.
A lo largo del tiempo, los relojes han sido siempre de propiedad municipal, aunque la Iglesia colaboraba —según Antonio Rico— con un tercio del coste y mantenimiento.
Anecdotario
Durante años rigió un curioso acuerdo municipal: el reloj de la torre debía marcar quince minutos de adelanto sobre la hora oficial, con el propósito de que quienes viajaban no perdieran el tren, entonces el único medio de transporte habitual.
La medida fue bien recibida por casi todos… salvo por el cura, que se negó a modificar los horarios parroquiales. Así, las misas, el ángelus, los rosarios, novenas, bautizos y entierros se celebraban siempre con un cuarto de hora de diferencia respecto al horario oficial, lo que ocasionó más de una confusión en el pueblo.
Finalmente, el conflicto terminó cuando el Arzobispo Fray Ceferino González visitó la parroquia. A golpe de báculo, puso fin a aquella “norma loca”, recordando que “bastaba con dormir un cuarto de hora menos”. De este modo, quedaron por fin sincronizados el meridiano de Greenwich, el reloj de la torre, el cura y el alcalde.
Hoy, aunque el reloj se encuentra "escacharrao", "esmanchao" y su arreglo parece demorarse (aunque me consta, las gestiones municipales siguen en marcha). Y aunque ya pocos miran hacia arriba —porque el móvil marca la hora—, el reloj de la torre sigue siendo un símbolo entrañable de nuestra historia y de nuestra identidad local.
Fuentes, breve historia de Valverde de Luis Arroyo Valero, historia de la parroquia Francisco Arroyo Navarro.
Fotos A. Macias, Valverde a través...rrss