20/10/2026
“Silenciosamente las horas te llevan en su oleaje
y me quedo sola, confundida
acumulando besos
en mi boca colmada de tu savia
Sin miedo permanezco amarrada a tu mundo
girando con tu sangre
desprovista de ayer y de mañana.
Nada pido de ti. Solo te ofrezco
mis roncos huracanes y bonanzas
y este torrente de sueños infinitos
que ruge sobre el atlas.
No te alejes aún. Espera conmigo la alborada
No permitas amor que mis corolas
nutridas con la es***ma de tu llama
derramen su rocío
en el viejo esqueleto de la escarcha (…)
Bebe la poesía escondida en mi pecho
aférrate a mis muros y aráñame profundo
Como el puelche a la selva.
Recuerda que yo que vengo desde el austro
Que mi raíz prendió con los latidos
de todos los volcanes de la tierra.
Siento como se va la noche y tú te alejas,
pero antes... voy a tatuar tus labios
con la luz de las últimas estrellas”.
— Delia Domínguez | Fragmento de “A la luz de la últimas estrellas”
Nota: Hoy recordamos en Hermeneuta a la escritora chilena Delia Domínguez (1931-2022), una de las voces más singulares de la generación literaria de 1950. Nacida en Osorno, en el sur de Chile, comenzó a escribir siendo niña y publicó su primer poemario en 1955. Su poesía destaca por la fuerza de sus imágenes y por su profunda conexión con la naturaleza y el paisaje austral. Para la ocasión, ofrecemos este “A la luz de las últimas estrellas”, en donde el amor y el deseo se expresan mediante imágenes de gran intensidad, mientras se intenta prolongar la presencia del ser amado ante la inminente despedida. Se publicó por primera vez en “Simbólico retorno”.
📷 Delia Domínguez hacia 1980.