05/09/2026
“No es lo mismo un buen docente que un buen director.”
Contrario a lo que afirma el actual Ministro de Cultura, Luis Salinas Méndez, debo traer a colación un par de factores determinantes. No para “hacer arder más la leña”, sino porque esta ha de considerarse una excelente oportunidad para replantearnos la visión de lo que respecta al Arte y la Cultura en Guatemala y porque yo misma fui cellista en varias de estas agrupaciones orquestales y, en todas, experimenté de primera mano la misma pauta una y otra vez: abuso de poder.
El fenómeno se repite como patrón de tartán. Y no es que los maestros no tengan experiencia dirigiendo orquestas; el problema es, precisamente, la falta de Pedagogía. La de dirigir se la saben, pero no la de enseñar. Si algo le hace falta a Guatemala, y esta es una de las razones por las que el nivel es tan bajo, es precisamente Pedagogía, algo aún más latente en el campo de la Dirección Orquestal.
La contradicción es tal que, aun sabiendo que todos los músicos terminarán enseñando en algún punto de su carrera, ninguna carrera de Música de ninguna universidad guatemalteca se toma la Pedagogía Musical como una especialización seria. Ninguna. Ni la Del Valle, ni la San Carlos, ni la Galileo ni la Da Vinci. Aún así, son carreras superiores en Música aprobadas por el Ministerio de Educación.
El resultado: maestros que, al carecer del lenguaje técnico necesario para poder comunicar lo que la música requiere, terminan recurriendo a insultos denigrantes del tipo: “¿En qué -—indioma— te tengo que hablar?” o frases desmotivadoras que seguramente ellos mismos recibieron como: “Usted no es compositora, mejor dedíquese a otra cosa”; o, sin ir muy lejos, el caso que ustedes ya conocen, que no vale ni la pena mencionar por acá por lo re victimizante que pueda ser para las sobrevivientes. Un director con orden de captura que, precisamente por falta de Pedagogía no supo reconocer los límites de su profesión. Recurren a la hostilidad, la humillación y hasta la discriminación y el racismo. Claro, porque “ ...el indio, ¿qué va a saber de la buena música? Hay que adiestrarlo para ladinizarlo a través de la buena música, la música clásica”.
Comentarios que yo misma pude percibir bajo la batuta de todos ellos entre 2007 y 2015.
Guatemala tiene grandes talentos. Muchos de ellos han salido del país, pero cuando regresan, regresan a continuar con el ciclo de su propio trauma. Reviviendo el tan mentado síndrome del cangrejo. Si nos pusiéramos a pisar colas, las opciones se reducen a cero.
El trasfondo del problema es sociocultural, no de forma, sino de fondo. Como suele suceder. (Vaya sorpresa).
Aún existe una visión eurocentrista, hegemónica y patriarcal dentro de estos espacios culturales. No nos hemos adueñado de nuestra historia ni hemos abrazado con fuerza nuestro origen. Seguimos aspirando a ser algo que no somos ni seremos nunca. Y luego nos preguntamos lo mismo: ¿Por qué el nivel tan bajo del músico guatemalteco?
Por eso hay violencia dentro y en las periferias del circuito sinfónico. Ningún músico, por muy bien formado que esté, debería estar parado frente a una orquesta sin saber de dinámicas de poder, de inclusión de género, identidad e igualdad.
Mi propuesta va más allá de “quién es el más capaz para quedarse con un hueso”.
Todos los aspirantes a directores de orquesta, de todos los niveles —principiante, medio y avanzado— y de todas las edades, deben ser apoyados por el MCD para especializarse precisamente en Pedagogía de la Educación Musical, especialmente en lo que respecta a la formación como directores de orquesta.
Contrario a lo que Salinas expresa, todos los grandes directores orquestales son maestros, docentes y pedagogos: gente articulada con la capacidad de comunicar con un vocabulario técnico, sin recurrir, derivado de su frustración y carencia técnica, a insultos y denigraciones personales. Esto no es “vieja escuela”; esto es abuso de poder a todas luces, y hay que nombrarlo para poder darle vuelta a esta página.
Pero para esto hay que aceptar una realidad incómoda. El nivel musical de los intérpretes guatemaltecos, incluyendo directores, no es notoriamente distinto uno de otro. Información que duele, pero esta es la mirada etic, la percepción externa de quienes nos observan desde otras ligas. Esta carencia incluye tanto el aspecto técnico musical como humanitario, entendiendo el primero como variable intrínsecamente dependiente del segundo.
No es falta de talento; es falta de oportunidad. No para dirigir y ni mandar, sino para aprender a enseñar.
Si algo puede elevar la calidad del músico y, siendo esta la verdadera intención detrás, el Ministerio de Cultura y Deportes es la inversión en Pedagogía Musical. Revisar los pensum de Música existentes en el país. Aprender a contextualizar nuestra propuesta estética como nación, aprender a abrazar lo nuestro y, sobre todo, cuidar a la niñez, adolescencia y juventud, en especial a quienes se encuentran en proceso de formación en nuestras escuelas y agrupaciones sinfónicas.
Necesitamos buenos directores de orquesta que sean excelentes docentes, excelentes pedagogos, excelentes catedráticos, y, ¿por qué no?: excelentes personas.
Pamela Flores
Licenciada en Música, Cultura y Expresión por la Universidad del Norte de Colorado, EEUU, y Compositora por Berklee College of Music, Valencia, España.