03/08/2026
"CIUDAD ZOMBIE"
EL PROBLEMA QUE NACIÓ DENTRO DE ESTADOS UNIDOS.
Las impactantes imágenes de personas deambulando bajo los efectos del fentanilo y otras dr**as sintéticas en barrios como Kensington, en Filadelfia, Tenderloin, en San Francisco, o Skid Row, en Los Ángeles, han dado la vuelta al mundo y han sido utilizadas para alimentar uno de los debates políticos más intensos de los últimos años: la inmigración y la seguridad fronteriza.
Sin embargo, cuando se analizan las estadísticas oficiales y las investigaciones científicas, surge una realidad más compleja: la crisis del consumo de dr**as en Estados Unidos es, principalmente, un problema interno de salud pública y de demanda, no un fenómeno explicado por la inmigración.
Los datos contradicen una explicación simplista
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estimaron que durante 2024 murieron aproximadamente 79,384 personas por sobredosis de dr**as en Estados Unidos. Aunque representa una disminución respecto de años anteriores, la cifra continúa reflejando una de las mayores crisis sanitarias del país.
A ello se suma que la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (SAMHSA) estima que millones de estadounidenses viven con trastornos por consumo de sustancias, principalmente opioides.
Diversos estudios nacionales muestran además que los inmigrantes presentan, en promedio, menores tasas de trastornos por consumo de sustancias que las personas nacidas en Estados Unidos, especialmente entre los inmigrantes de primera generación.
En otras palabras, el principal mercado consumidor de dr**as sintéticas está compuesto por la propia población residente en Estados Unidos.
La epidemia comenzó dentro del propio sistema estadounidense
La crisis actual no inició con el tráfico internacional de fentanilo.
Numerosos estudios coinciden en que su origen moderno se encuentra en la masiva prescripción de analgésicos opioides durante las décadas de 1990 y 2000, cuando millones de pacientes desarrollaron dependencia. Posteriormente, el mercado ilegal encontró un terreno fértil para expandirse mediante dr**as más potentes y económicas como el fentanilo.
Sin una demanda interna de esa magnitud, las organizaciones criminales no habrían encontrado un mercado tan rentable.
Una responsabilidad que no puede ignorarse
Todo Estado tiene la obligación de proteger el derecho a la salud, la vida y la seguridad de su población.
Por ello, resulta legítimo cuestionar si las políticas públicas adoptadas por sucesivas administraciones estadounidenses han sido suficientes para enfrentar una crisis que durante años ha provocado decenas de miles de muertes anuales.
La prevención, el acceso al tratamiento, la atención en salud mental, la regulación de medicamentos con potencial adictivo y la coordinación entre autoridades sanitarias y de seguridad continúan siendo objeto de debate entre especialistas.
La existencia de sustancias legales o reguladas que pueden generar dependencia también plantea un desafío permanente para cualquier gobierno. La legalidad de una sustancia no elimina automáticamente sus riesgos para la salud pública, razón por la cual corresponde a las autoridades evaluar continuamente sus efectos y adoptar medidas cuando sea necesario.
Tráfico internacional y responsabilidad compartida
El tráfico de dr**as sintéticas es un fenómeno transnacional que involucra organizaciones criminales, redes de contrabando y mercados ilícitos.
Al mismo tiempo, otro aspecto ampliamente documentado es que una parte importante de las armas recuperadas por las autoridades mexicanas en investigaciones relacionadas con el crimen organizado proviene originalmente del mercado civil estadounidense, tras haber sido traficadas ilegalmente a través de redes de contrabando.
Este fenómeno ha generado críticas de especialistas y autoridades sobre la necesidad de fortalecer los mecanismos para prevenir el desvío de armas hacia organizaciones criminales.
Ello no significa que exista una política oficial del gobierno estadounidense de suministrar armas a dichas organizaciones, pero sí evidencia que el tráfico ilícito de armas constituye un componente relevante del problema regional y que su control también forma parte de las responsabilidades de los Estados.
Más allá del discurso político
Reducir la crisis del fentanilo únicamente a la inmigración deja fuera elementos esenciales del problema.
Las estadísticas muestran que la mayoría de las personas afectadas por la adicción pertenecen a la población residente en Estados Unidos; que la epidemia tuvo un fuerte componente interno antes del auge del fentanilo ilícito; y que la demanda doméstica continúa siendo el principal motor económico que sostiene el mercado ilegal.
Al mismo tiempo, el combate al narcotráfico exige cooperación internacional para enfrentar a las organizaciones criminales y controlar tanto el tráfico de dr**as como el de armas.
Una reflexión necesaria
Las imágenes de la denominada "ciudad zombie" no solo muestran el drama de la adicción. También representan el desafío de una nación que enfrenta una crisis compleja donde convergen salud pública, crimen organizado, regulación, seguridad y políticas sociales.
Más allá de las diferencias ideológicas, los datos invitan a una reflexión ineludible: ninguna estrategia será suficiente si se ignora que el principal mercado consumidor está dentro de Estados Unidos y que el Estado tiene la responsabilidad permanente de proteger la salud y la seguridad de su población, al mismo tiempo que fortalece las acciones para impedir que el tráfico ilícito de dr**as y armas siga alimentando la violencia y el sufrimiento humano.