Ecos de la Oscuridad

Ecos de la Oscuridad “Entre sombras y susurros se esconden las historias que el tiempo quiso olvidar.

Bienvenido a Ecos de la Oscuridad, donde las leyendas cobran vida y la noche nunca termina.

🎬 CUANDO 10 CENTAVOS ALCANZABAN PARA IR AL CINEPara Algo Salazar, los domingos de su infancia quedaron unidos para siemp...
05/10/2026

🎬 CUANDO 10 CENTAVOS ALCANZABAN PARA IR AL CINE

Para Algo Salazar, los domingos de su infancia quedaron unidos para siempre a un lugar de la antigua zona 1:
el Cine América.

Estaba en la 17 calle, entre la 4.ª y la 3.ª avenida, y Algo recuerda que iba acompañado de su hermano.

Eran aquellos tiempos en los que unas pocas monedas podían convertirse en toda una tarde de diversión.

Según recuerda, les daban aproximadamente 10 o 15 centavos a cada uno para poder asistir a la matiné del domingo.

Y todavía alcanzaba para darse un pequeño gusto durante el intermedio:
un helado o un Ricito.

Pero lo verdaderamente importante era entrar al cine.

Sentarse junto a su hermano y disfrutar aquellas películas que hacían reír a los niños de la época.

Entre las que permanecen en su memoria están las de Viruta y Capulina, además de muchas otras películas mexicanas que formaban parte de aquellas funciones.

No hacía falta mucho más.

Unas cuantas monedas, una matiné, algo para comer durante el intermedio y una película en la pantalla eran suficientes para convertir el domingo en un día especial.

Hoy, cuando Algo recuerda el Cine América, no piensa solamente en las películas.
Recuerda la emoción de entrar al cine con su hermano y divertirse juntos durante aquellas mañanas de domingo.

Por eso lo resume como una época muy sencilla:
un hermoso tiempo de su infancia.

¿Quién fue a las matinés del Cine América?

¿Recuerdan pagar 10 o 15 centavos?

¿Quién vio allí las películas de Viruta y Capulina?
¿Y qué compraban ustedes durante el intermedio: un helado, un Ricito o alguna otra cosa?

Cuéntenos cuál era el cine de su infancia y cuánto costaba la entrada. Tal vez descubramos que muchos compartieron las mismas butacas, las mismas películas y aquellos domingos que hoy viven solamente en los recuerdos. 🎬❤️

🌳 CUANDO EL AMATE ERA EL PASEO DE TODA UNA FAMILIAPara Beatriz Montenegro, hablar de El Amate es regresar directamente a...
05/10/2026

🌳 CUANDO EL AMATE ERA EL PASEO DE TODA UNA FAMILIA

Para Beatriz Montenegro, hablar de El Amate es regresar directamente a su infancia.

Ella creció jugando por aquel lugar.

Su mamá disfrutaba salir por las tardes a comer tostadas, y llevaba con ella a Beatriz y a sus hermanos. Mientras su madre disfrutaba de la tarde, ellos aprovechaban para jugar alrededor de El Amate.

Beatriz conserva un detalle que seguramente despertará recuerdos en quienes conocieron aquel lugar hace muchos años:
antes había una fuente con peces de colores.

También recuerda las historias que circulaban sobre personas que supuestamente desaparecían por aquellos alrededores. Sin embargo, desde su propia experiencia, Beatriz dice que eso era falso. Ella jugó allí durante su infancia y piensa que quizá esas historias surgieron después, cuando el sector comenzó a volverse más peligroso.

Sus recorridos continuaban más allá de El Amate.

Pasaban debajo del puente, por donde estaba El Botellón, y seguían caminando hasta Casa Barrios.

Todo aquel sector estaba lleno de comercio.

Entre los negocios que permanecen en su memoria aparecen nombres que muchos capitalinos todavía recuerdan:
Farmacia Regia, Panadería La Mejor y Hamburguesas Frankfurt.

Cerca de El Botellón recuerda también un almacén que posiblemente se llamaba 4 Rosas, además de numerosos negocios dedicados a la venta de telas.

Y había una parada que tampoco ha olvidado.
Después de pasar por El Amate rumbo a Casa Barrios estaba la Cerería La Perla.
Allí recuerda especialmente unos:
deliciosos maníes salados.

Del otro lado estaba La Placita Quemada, también conocida como Mercado del Sur.
Beatriz recuerda caminar alrededor de todo aquel mercado hasta llegar a la 18 calle.

Otra opción era pasar por el frente, siguiendo por Castillo de Armas, hasta llegar al gran Centro Comercial de la zona 4.

Así era una tarde cualquiera de su infancia: las tostadas con su mamá, jugar con sus hermanos alrededor de El Amate, observar los peces de colores de la fuente y caminar entre mercados, comercios y negocios cuyos nombres todavía permanecen en su memoria.

Hoy muchos de esos lugares cambiaron o desaparecieron.
Pero Beatriz todavía puede recorrerlos uno por uno.

¿Quién recuerda la fuente con peces de colores de El Amate?

¿Quién conoció El Botellón, Casa Barrios, Farmacia Regia, La Mejor, Hamburguesas Frankfurt o la Cerería La Perla?

¿Y quién compró aquellos maníes salados que recuerda Beatriz?

Cuéntenos qué otros negocios había en ese recorrido. Entre todos podemos volver a dibujar, con nuestros recuerdos, cómo era aquel sector de la ciudad. 🌳❤️

👞 CUANDO 50 CENTAVOS ALCANZABAN PARA LUSTRARSE LOS ZAPATOSPara Lucrecia Méndez, recordar aquellos años es regresar a una...
04/10/2026

👞 CUANDO 50 CENTAVOS ALCANZABAN PARA LUSTRARSE LOS ZAPATOS

Para Lucrecia Méndez, recordar aquellos años es regresar a una época que ella misma describe como:
“Aquella época dorada.”

Por esos años trabajaba en la Farmacia Regia.

Lucrecia recuerda con cariño a la propietaria, doña Margot de Rodríguez, quien todos los días la mandaba a comprarle su “francés”.

Pero alrededor de la farmacia había todo un mundo que formaba parte de la vida cotidiana de la ciudad.

Muy cerca estaba El Zócalo, un lugar que Lucrecia recuerda por la música y el baile.
También estaba El Amate.

Y entre las imágenes que quedaron grabadas en su memoria aparece la de un hombre que se ganaba honradamente la vida en la calle:
el lustrador de zapatos.

Por dejar los zapatos relucientes cobraba apenas:
50 centavos.

Era aproximadamente 1980.
Por aquel sector también circulaban los buses que viajaban hacia Antigua Guatemala, formando parte del movimiento diario de personas que llegaban y salían de aquella zona.

Lucrecia recuerda aquellos años como una etapa especial de su juventud.

La Farmacia Regia, los mandados para doña Margot, aquel “francés”, la música y el baile de El Zócalo, El Amate, el lustrador trabajando por 50 centavos y los buses rumbo a Antigua quedaron unidos para siempre en sus recuerdos.

Hoy, a sus 61 años, mira hacia atrás y lo resume de una manera sencilla:
fueron buenos tiempos y vivió bien su juventud.

¿Quién recuerda la Farmacia Regia y a doña Margot de Rodríguez? ¿Quién conoció El Zócalo cuando había música y baile? ¿Recuerdan a los lustradores de El Amate y aquellos buses que salían rumbo a Antigua Guatemala?

Cuéntenos qué recuerdan de ese sector alrededor de 1980. Quizá entre todos podamos reconstruir cómo se vivía un día cualquiera en aquella Guatemala que Lucrecia todavía recuerda como su época dorada. 👞❤️

🌟  CUANDO LA GUERRA DE LAS GALAXIAS LLENÓ EL CINE CAPITOLPara Vilma Lucrecia Girón, recordar los antiguos cines y comerc...
04/10/2026

🌟 CUANDO LA GUERRA DE LAS GALAXIAS LLENÓ EL CINE CAPITOL

Para Vilma Lucrecia Girón, recordar los antiguos cines y comercios de la zona 1 es regresar a una época en la que un estreno podía convertirse en todo un acontecimiento.

Vilma recuerda que entonces los cines tenían exclusividad para presentar determinadas películas.

Uno de esos grandes estrenos fue La Guerra de las Galaxias en el Cine Capitol.
Aquel día fue acompañada por su mamá, su hermana y una amiga.
Cuando llegaron encontraron una enorme fila.
Había un gentío esperando entrar.

Finalmente lograron ingresar, pero el cine estaba tan lleno que ya prácticamente no había dónde acomodarse.

Terminaron viendo la película sentadas en sillas de madera, mientras otras personas tuvieron que permanecer de pie.

Pero lejos de arruinar el recuerdo, todo aquello terminó formando parte de la emoción de aquella salida.

Vilma lo recuerda con alegría.
Y el Capitol era solamente una parte de aquella Guatemala.
Cuando llegaban los meses de septiembre y diciembre, las vitrinas de los comercios se transformaban.
Como recuerda Vilma:
“Se ponían de gala.”

Los establecimientos preparaban sus mejores decoraciones y existía incluso una competencia para elegir la mejor vitrina.

Caminar por aquellas calles significaba detenerse a contemplar escaparates cuidadosamente preparados.

Entre los nombres que todavía permanecen en su memoria están La Paquetería, La Juguetería y El Cisne.

Pero había otro lugar que Vilma recuerda especialmente:
Fu Lu Sho.

Era famoso por algo que a ella le encantaba:
el Coca-Cola Float.

Ir a disfrutar uno formaba parte de aquellos pequeños placeres que hoy siguen ligados a sus recuerdos de juventud.

Y, como sucedía con muchos jóvenes de aquellos años, las salidas al centro tenían también otro atractivo.

Vilma recuerda que iban a ver a los muchachos de los colegios.

El Cine Capitol repleto por el estreno de La Guerra de las Galaxias, las sillas de madera, personas viendo la película de pie, las vitrinas compitiendo por ser las más bonitas, La Paquetería, La Juguetería, El Cisne, un Coca-Cola Float en Fu Lu Sho y aquellos paseos para ver a los muchachos...

Todo pertenece a una misma época.

Una que Vilma resume de una manera muy sencilla:
“Todo eso fue muy lindo. Gracias por traer bellos recuerdos.”

¿Quién hizo aquella enorme fila para ver La Guerra de las Galaxias en el Cine Capitol? ¿Recuerdan las competencias de vitrinas de septiembre y diciembre?

¿Quién tomó un Coca-Cola Float en Fu Lu Sho o compró alguna vez en La
Paquetería, La Juguetería o El Cisne?

Cuéntenos cuál de esos lugares todavía vive en sus recuerdos. Quizá un antiguo estreno, una vitrina o un sabor consiga reunir nuevamente aquí a quienes alguna vez caminaron por aquellas mismas calles. 🌟❤️

🌽  DOMINGOS DE ATOL, TOSTADAS Y UNA PARADA EN LA SEVILLANAPara María del Carmen Granados Solares, recordar sus viajes de...
04/10/2026

🌽 DOMINGOS DE ATOL, TOSTADAS Y UNA PARADA EN LA SEVILLANA

Para María del Carmen Granados Solares, recordar sus viajes desde la zona 10 hacia el centro de la zona 1 es volver a una Ciudad de Guatemala muy distinta.

Tomaba el bus cerca del lugar donde muchos años después estaría Oakland Mall.
Para llegar al centro utilizaba la ruta 2A.

María del Carmen recuerda que podía tomar la que entraba por la zona 5 o la que se iba directamente hacia el centro.

Pero había días en que el recorrido se convertía en una pequeña aventura.
Cuando estaba lloviendo, algunas veces no se bajaba del bus.

Seguía dando la vuelta.
Y fue precisamente así como terminó conociendo varias zonas de su querida capital.

Pero entre todos aquellos recorridos hay otro recuerdo que conserva con especial cariño:
los domingos.

Esos días acostumbraban comprar atol de elote y tostadas en el Obelisco.
Para llegar caminaban por toda la 14 calle, atravesaban la Avenida La Reforma y continuaban rumbo al Obelisco.

Aunque antes había una parada que no podía faltar.
El supermercado La Sevillana.

María del Carmen recuerda que pasaban por allí simplemente:
“a ver… jajajaja”.

Era parte del paseo.

Subirse a la 2A, recorrer la ciudad, quedarse en el bus cuando llovía, caminar por la 14 calle, cruzar La Reforma, detenerse a ver La Sevillana y terminar disfrutando un atol de elote acompañado de tostadas en el Obelisco.

No hacía falta mucho más para convertir un domingo cualquiera en un recuerdo que sobreviviría durante décadas.

Hoy aquellos sectores han cambiado enormemente, pero María del Carmen todavía puede recorrerlos de otra manera:
a través de su memoria.

¿Quién utilizó la ruta 2A para viajar entre la zona 10 y el centro? ¿Recuerdan La Sevillana? ¿Quién iba los domingos al Obelisco por atol de elote y tostadas?

Cuéntenos qué negocios, recorridos o sabores recuerdan de aquella zona. Quizá un simple nombre haga que alguien vuelva inmediatamente a uno de aquellos domingos en la capital. 🌽❤️

🎒CUANDO LA SEXTA AVENIDA ERA LA “ZONA VIVA” DE LOS ESTUDIANTESPara Alis Santos, recordar sus años de estudiante es volve...
04/10/2026

🎒CUANDO LA SEXTA AVENIDA ERA LA “ZONA VIVA” DE LOS ESTUDIANTES

Para Alis Santos, recordar sus años de estudiante es volver a una Sexta Avenida completamente diferente.

Durante seis años consecutivos pasó por allí, porque estudiaba en Casa Central y utilizaba el bus para llegar.

En aquellos años había dos jornadas de estudio, y la Sexta Avenida se convirtió en un punto de encuentro para muchísimos jóvenes.

Alis recuerda una expresión muy particular de aquella época:
“Ir a sextear.”

Cuando las compañeras salían a sextear, muchas veces había una razón que provocaba risas y emoción entre las estudiantes:
iban principalmente a ver a los muchachos.
Y ellas no eran las únicas.

Por la Sexta Avenida se encontraban muchachos y muchachas de diferentes colegios y escuelas, porque en aquellos tiempos una gran cantidad de establecimientos educativos se concentraban en la zona 1.

Así que al terminar las clases, aquella avenida se llenaba de estudiantes.
Uniformes distintos, grupos de amigos y jóvenes que aprovechaban el recorrido para encontrarse, verse y disfrutar el ambiente del centro.

Por eso Alis tiene una manera muy especial de describir cómo se vivía entonces:
“¡La Sexta Avenida era la ZONA VIVA, ja, ja!”

Durante seis años aquella ruta formó parte de su vida cotidiana.
El bus, Casa Central, las dos jornadas, las compañeras que salían a sextear y todos aquellos estudiantes que coincidían en una de las avenidas más conocidas de la capital.

Hoy la Sexta Avenida sigue allí.
Pero para Alis existe otra Sexta Avenida que solamente permanece en sus recuerdos:
la de sus años de estudiante.

Una época que describe como bella e inolvidable.

¿Quién recuerda cuando los estudiantes decían que iban a “sextear”? ¿Qué colegios y escuelas se encontraban por la Sexta Avenida cuando ustedes estudiaban? ¿Y quién iba realmente a pasear… pero también aprovechaba para ver a los muchachos o a las muchachas?

Cuéntenos cómo era aquella Sexta Avenida estudiantil. Tal vez entre los comentarios aparezcan antiguos compañeros que también estuvieron allí durante aquellos años. 🎒❤️

04/10/2026

Cadenas arrastrándose por el patio cada madrugada... y yo nunca salí a ver. 🌙
¿Tú habrías salido? 👇

04/10/2026

🐍 Bajo las aguas del lago se cuenta una historia que ha pasado de generación en generación… ¿qué versión conocés vos? 🌊👀

🪨 KAB’T ZIN: LAS DOS PIEDRAS DE SAN JUAN IXCOY QUE LOS ABUELOS DECÍAN QUE ANTES FUERON PERSONASQuienes han viajado por l...
03/10/2026

🪨 KAB’T ZIN: LAS DOS PIEDRAS DE SAN JUAN IXCOY QUE LOS ABUELOS DECÍAN QUE ANTES FUERON PERSONAS

Quienes han viajado por las montañas de San Juan Ixcoy, Huehuetenango, seguramente las han visto.

La carretera atraviesa un paisaje frío de los Cuchumatanes.
Pinos.
Neblina.
Montañas.

Y aproximadamente a 13 kilómetros de la cabecera municipal aparecen dos enormes formaciones de piedra.

Los vecinos las conocen desde hace generaciones como:
Kab’tzin.

No son ruinas.

Tampoco son esculturas.

Son formaciones naturales que sobresalen del paisaje y que terminaron convirtiéndose en uno de los lugares más reconocibles de San Juan Ixcoy.
Pero alrededor de esas piedras quedó una historia.

Una que durante años pasó de abuelos a hijos y de hijos a nietos.
La tradición oral cuenta que aquellas piedras alguna vez fueron dos personas.
Una de las versiones menciona a Xinabajul, prometida de Kaibil Balam, y a Akik Balam, hermano de este.

Según el relato, ambos abandonaron Zaculeu.

Cuando Kaibil Balam descubrió que habían desaparecido, ordenó que fueran buscados.

La pareja continuó internándose entre las montañas.

Pero durante el camino, cuenta la tradición, recibieron una advertencia.

Su huida tendría un castigo.

Siguieron caminando.

Hasta que ocurrió lo que todavía cuentan algunas versiones en Huehuetenango.
Primero quedó convertida en piedra Xinabajul.

Después Akik Balam.

Y las dos enormes formaciones quedaron allí.

Una frente a la otra.

Con los años, la historia comenzó a formar parte de la memoria del lugar.

Pero Kab’tzin nunca fue solamente una leyenda.

El área que rodea las piedras conserva bosque de montaña, pinabete, nacimientos de agua y especies propias del altiplano huehueteco.

Y las piedras continuaron teniendo importancia para las comunidades.

Existen registros de ceremonias realizadas en el lugar relacionadas con peticiones de lluvia y de paz.

Hoy el área forma parte del Parque Regional Municipal Piedras de Kab’tzin.
La carretera sigue pasando junto al lugar.

Los vehículos continúan atravesando las montañas.

Y las dos piedras permanecen allí.

Pero probablemente lo más interesante ya no esté escrito en ningún documento.
Está en San Juan Ixcoy.

Porque las historias transmitidas durante generaciones rara vez llegan completas hasta nuestros días.

Cambian nombres.
Cambian detalles.

Un abuelo recuerda una versión.

Otra familia recuerda otra.

Y quizá las personas mayores de San Juan Ixcoy conozcan una historia de Kab’tzin completamente diferente a la que terminó apareciendo en libros y publicaciones.

🪨 Si sos de San Juan Ixcoy, queremos preguntarte algo: ¿qué historia te contaron a vos sobre las Piedras de Kab’tzin?

👴 Preguntale a tus padres o abuelos. Queremos conocer la versión que se contaba antiguamente en las comunidades.

📸 Si conservás fotografías viejas de las piedras o de ceremonias realizadas en el lugar, compartilas en los comentarios.

👇 Y si la historia que conocés es diferente, contala completa. Puede que en los comentarios recuperemos una versión de Kab’tzin que ya casi nadie recuerda.

🚂 EL FERROCARRIL DE LOS ALTOS: EL TREN ELÉCTRICO QUE GUATEMALA ESPERÓ DURANTE DÉCADAS Y SOLO VIAJÓ TRES AÑOSEl 30 de mar...
03/10/2026

🚂 EL FERROCARRIL DE LOS ALTOS: EL TREN ELÉCTRICO QUE GUATEMALA ESPERÓ DURANTE DÉCADAS Y SOLO VIAJÓ TRES AÑOS

El 30 de marzo de 1930, Quetzaltenango vivió uno de esos días que después terminan convertidos en recuerdos familiares.

La gente llegó para ver entrar a la ciudad algo extraordinario para aquella época:
un tren eléctrico.

No venía desde la capital.

Venía subiendo desde San Felipe, Retalhuleu, atravesando uno de los recorridos ferroviarios más difíciles que se habían intentado construir en Guatemala.

Era el Ferrocarril de Los Altos.

La idea llevaba décadas rondando.

Comunicar la Costa Sur con Quetzaltenango significaba mover pasajeros, mercancías y productos entre dos regiones separadas por una enorme diferencia de altura.

San Felipe se encontraba alrededor de los 600 metros sobre el nivel del mar.
Quetzaltenango, arriba de los 2,300.

El tren tendría que subir aproximadamente 1,700 metros en apenas unos 45 kilómetros.

Por eso no se construyó como un ferrocarril convencional.
Se hizo eléctrico.

Para alimentarlo fue necesaria infraestructura hidroeléctrica en la región de Zunil.
Hubo que abrir paso entre montañas.

En Santa María de Jesús, Zunil, todavía permanece un túnel construido durante aquellos trabajos.

Y después llegaron los carros.

Había unidades para pasajeros y para carga.

Los carros de pasajeros son descritos en documentación histórica con un característico color crema.

Desde San Felipe comenzaba el ascenso hacia Los Altos.

El tren atravesaba el paisaje mientras abajo iba quedando la tierra caliente de la Costa Sur y adelante aparecían las montañas de Quetzaltenango.

Para quienes hicieron aquel recorrido debió ser difícil olvidar la llegada.
Pero hubo algo más que quedó unido para siempre al tren.

Un músico quetzalteco llamado Domingo Bethancourt convirtió aquel acontecimiento en música.

La melodía terminó llevando el mismo nombre:

“Ferrocarril de Los Altos”.

Décadas después, el tren desapareció.

La marimba siguió sonando.

Pero en 1930 nadie imaginaba lo poco que duraría aquel sueño.

Durante aproximadamente tres años, pasajeros y mercancías recorrieron la línea entre San Felipe y Quetzaltenango.

Hasta septiembre de 1933.

Un fuerte temporal golpeó la región.

Las lluvias provocaron derrumbes, inundaciones y daños en la infraestructura ferroviaria.

El 19 de septiembre, el servicio quedó interrumpido.

Esta vez las personas esperaron un tren que ya no regresaría.
El 10 de noviembre de 1933, el Ferrocarril de Los Altos fue declarado definitivamente cerrado.

Habían pasado solamente tres años y medio desde su inauguración.
Después comenzó otra historia.

La del desmantelamiento.

Parte de los materiales del ferrocarril fue reutilizada.

Incluso existen registros de rieles que terminaron convertidos en postes para alumbrado eléctrico.

Pero el destino de varios de aquellos carros de pasajeros y de carga se vuelve mucho menos claro.

Y eso deja una pregunta interesante:

¿Qué pasó con los vagones del Ferrocarril de Los Altos?

La estación de Quetzaltenango sí sobrevivió.

El edificio tuvo otros usos durante las décadas siguientes y durante años estuvo relacionado con instalaciones militares.

El tren había desaparecido, pero el lugar permanecía.

Y quizá por eso esta historia todavía no está completamente perdida.

Porque cuando el Ferrocarril de Los Altos dejó de funcionar en 1933, muchos de sus pasajeros, trabajadores y vecinos todavía tuvieron décadas para contar lo que habían visto.

Esos recuerdos pasaron a hijos y nietos.

Puede que en alguna casa de Quetzaltenango, Zunil, Santa María de Jesús, San Felipe o Retalhuleu todavía exista una fotografía.

Un boleto.

Una herramienta.

Una pieza de aquellos rieles.

O simplemente una historia que comenzaba así:

“Mi abuelo conoció el Ferrocarril de Los Altos…”

🚂 ¿En tu familia alguien llegó a viajar o trabajar en el Ferrocarril de Los Altos?

📸 Si conservás fotografías, boletos u objetos relacionados con el tren, compartilos en los comentarios.

👴 Preguntale a tus abuelos o a las personas mayores de tu familia qué escucharon sobre aquellos vagones.

👇 Y si conocés qué ocurrió con alguno de los carros después de 1933, contanos. Esa puede ser la siguiente parte de esta historia.

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