30/08/2026
🕰️ HISTORIAS DE LA VIDA EN LOS ANTAÑOS
Aprendiendo a conocer la capital
Sanely Enríquez Hernández nos comparte un recuerdo de cuando llegó a la Ciudad de Guatemala siendo todavía una patoja. Su historia nos lleva a 1974, al internado, a las calles que comenzó a conocer poco a poco y a aquellos lugares que terminaron formando parte de sus recuerdos para toda la vida.
“Yo soy del departamento de Jutiapa, y mis papás me llevaron al internado de monjas Hogar Juan XXIII en el año 1974. Yo creo que muchos conocen ese colegio, pero cuando estudiaba allí las monjas tenían una panadería y entregaban pan ya empacado a Paiz.”
El Hogar Juan XXIII formaba parte de esa etapa de la vida de Sanely en la capital. Y aquellos días no solamente transcurrían dentro del internado.
“Luego íbamos a dejar pan a la cárcel de mujeres que se encontraba a la par de la Cruz Roja y la iglesia Santa Teresita, por eso la cárcel se llamaba así. Las monjas del Buen Pastor eran encargadas de la cárcel y del internado.”
Para una niña que venía de Jutiapa, salir a la calle era ya toda una experiencia.
“Y para nosotros era algo especial salir a la calle aunque sea acompañada de las monjas, y nos dejaban pasar a una tienda en el Paseo Rubio. No sé si existe todavía, era en la misma cuadra del colegio.”
Aquellas pequeñas salidas quedaron grabadas en su memoria.
Al año siguiente, Sanely estudió en otro establecimiento que todavía existe: el Colegio Vanguardia Juvenil, fundado en 1956 por la maestra Herminia Soto de Dardón. Para cuando Sanely llegó allí, el colegio ya llevaba casi dos décadas formando estudiantes en la capital.
Y fue entonces cuando comenzaron nuevas aventuras.
“Al año siguiente estudié en el Colegio Vanguardia Juvenil. En ese entonces era que visitaba El Cerrito del Carmen para ir a estudiar bajo los árboles.”
Imaginar aquella escena resulta difícil hoy.
Una estudiante llegando al Cerrito del Carmen, buscando un lugar bajo los árboles para estudiar.
Pero Sanely no solamente caminaba por el Cerrito.
“Caminábamos también para Ciudad Nueva a encaminar compañeras.”
Y por las tardes todavía había tiempo para divertirse.
“En las tardes de vez en cuando íbamos al Hipódromo del Norte a deslizarnos del tobogán, a dar una vuelta en el trencito.”
El Hipódromo del Norte, en la zona 2, sigue siendo una referencia conocida de aquel sector de la ciudad. Pero para Sanely no era simplemente un lugar en el mapa: era el sitio al que iba con sus compañeras para deslizarse por el tobogán y dar una vuelta en aquel trencito que recuerda de esos años.
Y poco a poco, aquella niña que había llegado desde Jutiapa comenzó a aprender a moverse por una ciudad que para ella era completamente nueva.
“Fue una experiencia muy hermosa que viví en la capital, pues en esos dos años que estudié allí aprendí a movilizarme en la capital y por la orientación de mi papá, porque siempre me decía: ‘Recuerde, de norte a sur son las avenidas, de este a oeste las calles; siempre la nomenclatura es a su derecha números pares y a su izquierda impar. El primer número es la calle o avenida’.”
Las palabras de su padre se convirtieron en una especie de mapa que Sanely llevaba en la cabeza.
Y todavía tenían otra aventura:
“También nuestra aventura era tomar una urbana para ver dónde nos llevaba y en la misma regresábamos.”
Así se conocía una ciudad antes de los teléfonos celulares, de Google Maps y de tener un mapa en el bolsillo.
Subirse a una urbana y descubrir hasta dónde llegaba.
Y después regresar.
Pero todavía quedaban otros lugares que formaron parte de aquellos recorridos:
“Íbamos a comprar helados a la fábrica de helados Arnol, estaba en la calle Martí. También íbamos a comprar unas galletas o rosquitas a la panadería Olid, frente al mercado de la Parroquia.”
La Panadería Olid continúa existiendo con ese nombre, aunque las ubicaciones y establecimientos han cambiado con los años. El recuerdo de Sanely, sin embargo, está ligado a aquella panadería que ella conoció frente al Mercado de La Parroquia.
Y hay algo que demuestra cuánto pueden permanecer vivos los recuerdos de la infancia:
“Hasta la fecha, cuando veo una panadería Olid compro mis galletas y rosquitas, pero hoy son unas micras, pero con el mismo sabor.”
Después de tantos años, todavía una galleta puede llevarla de regreso a aquella época.
Y Sanely sabe que quizá no todos conozcan aquellos lugares o consideren importante una experiencia como la suya.
“Yo sé que no a todos les gusta leer y tal vez no es importante mi experiencia en la capital y son muchas cosas de contar.”
Pero justamente ahí está el valor de esta historia.
Porque Sanely no está contando una historia extraordinaria.
Está contando cómo una patoja de Jutiapa aprendió a conocer la Ciudad de Guatemala.
El internado.
Las monjas.
La panadería.
El Paseo Rubio.
La cárcel de mujeres.
El Cerrito del Carmen.
Los estudios bajo los árboles.
Las caminatas a Ciudad Nueva.
El Hipódromo del Norte.
El tobogán.
El trencito.
Las urbanas que tomaban simplemente para descubrir dónde las llevaban.
La fábrica de helados Arnol.
Las galletas y rosquitas de Olid.
Y las enseñanzas de su papá para aprender a orientarse en la capital.
Todo eso también es historia.
Y quizá alguien que está leyendo esto recuerde alguno de esos lugares.
❤️ Ahora queremos escucharte.
¿Quién estudió en el Vanguardia Juvenil?
¿Quién recuerda el Paseo Rubio?
¿Quién jugó o pasó tardes en el Cerrito del Carmen?
¿Quién recuerda el Hipódromo del Norte, sus juegos, su tobogán o aquel trencito?
¿Y quién todavía recuerda las galletas y rosquitas de Olid?
👇 Contanos tu recuerdo en los comentarios.
Porque una historia puede despertar otra, y otra, y otra...
Y así vamos recuperando entre todos la Guatemala que vivimos y que el tiempo no debería borrar.
Sanely Enríquez Hernández — recuerdos de la Ciudad de Guatemala, 1974-1975.