08/07/2026
3/3 LAS LECCIONES DE ROSALINDA: EL VELERO NAUFRAGÓ, PERO SU CREADOR SE NEGÓ A RENDIRSE
"Rosalinda era mi proyecto de vida, era un viejo sueño y, a la misma vez, era un reto. Yo lo vi como un compromiso conmigo mismo de hacer algo que nunca había hecho, y especialmente en Tegucigalpa.
Antes de venirme de Estados Unidos para Honduras, yo me puse a investigar qué proyecto de vida podría hacer. Intenté con un negocio de barbería en mi casa, no se dio por las pandillas y la extorsión. Intenté con unos taxis, tampoco se dio por la extorsión. Compré también una mototaxi, tampoco se dio. Quise hacer una granja de pescado, una granja de cerdos, pero eso todo está monopolizado allá en Honduras.
Yo tuve un velero en Estados Unidos, entonces se me ocurrió construir mi propio velero de manera artesanal y hacer turismo. Cuando hice investigación en la zona sur, especialmente allí en Coyolito, Amapala, vi un lugar que estaba completamente abandonado. Entonces pensé: 'Aquí es'".
Fue así como comenzó a construir Rosalinda.
“La única que me apoyo sin entender el proyecto, fue mi madre”
El proyecto lo financió con los ahorros de toda su vida, y en la última etapa con préstamos. Estaba seguro que podría funcionar.
Lastimosamente, las cosas no salieron como se planificaron.
Tras el fracaso, el barco fue llevado a la orilla y permaneció varado durante varios días. Los delincuentes de la zona comenzaron a saquearlo y desmantelarlo hasta reducir a nada el sueño de Marlon, quien para ese momento ya estaba endeudado por los contratiempos que había sufrido su inversión. Y, además, estaba siendo extorsionado por criminales de la zona de Amapala.
La popularidad que llegó con Rosalinda fue abrumadora, dice Marlon. Mucha gente lo apoyaba y otros, sin conocer su historia y su propósito, lo llamaban loco.
Fue víctima de secuestro y extorsión debido a que atrajo la atención de grupos no deseados. Esa situación lo obligó a huir del país y buscar refugio en Europa.
"Yo, dos días antes de poder salir de Honduras, estuve en una clínica con dos litros de suero. Yo venía tan mal físicamente que salí huyendo completamente de Honduras. Yo tenía que salir, yo creo, porque si no me iba, hoy estaría mu**to. Además, a mí me hubiesen hecho pedacitos, como hacen con la mayoría. Todo por haber denunciado. En mi caso, yo fui secuestrado, torturado y encadenado por parte de la policía, y también por parte de las pandillas".
Buscó asilo en Alemania, donde está volviendo a comenzar de cero, aprendiendo nuevamente un idioma que no es el suyo, como si se tratara de un déjà vu.
Esto ya lo vivió antes, y sabe que será la educación lo que lo volverá a llevar a flote.
Marlon me da la entrevista aprovechando un corto espacio de su tiempo, y durante toda la conversación recalca el agradecimiento que tiene con el gobierno de Alemania. Asegura que si ese país “fuera representado por un agente, o sea por persona, yo ya hubiese ido a darle un abrazo, yo hubiese llorado con esa persona para agradecerle por todo lo que han hecho por mí”.
Ya tiene poco más de un año de haber llegado y durante ese tiempo asegura que no le ha faltado nada.
“Cuando Alemania vio mi historia, que yo venía huyendo de Honduras, entonces Alemania me dio los mismos derechos que tiene un alemán que nació aquí en estas tierras. Entonces, yo soy tan agradecido con este gobierno, con este sistema, porque ya tengo más de un año de haber llegado de Honduras, a mí no me ha faltado qué comer, a mí no me ha faltado qué poner. Yo no dormí en la calle. A mí no me ha faltado medicina. Y el gobierno de Alemania me dio todo. Es más, Alemania me está pagando mi escuela, Alemania me paga mi departamento”.
Le pregunto si tiene algún otro proyecto ambicioso en mente. Me dice que, por los momentos, su proyecto más importante es educarse para adaptarse de forma rápida a un país que ha sido benevolente con él y con su historia.
“El estado me está integrando a la sociedad, a la cultura del país, que yo no conozco, a un idioma que yo no conozco. El estado te brinda la oportunidad de que te prepares, de que estudies. Esa ahorita es mi meta, estoy enfocado en la escuela”
Le pido que mande un mensaje a los hondureños que, al igual que él, son soñadores, y contesta: “Que no se rindan. Uno puede identificar fácilmente que en Honduras hay tanta capacidad, pero al mismo tiempo hay tanto miedo. A mí, cómo no me gustaría poder decirle a alguien: 'Mira, me dijeron loco. Mira, a mí me pusieron una pi***la en la cabeza, a mí me pusieron un R-15 en la cabeza, y yo salí adelante'. Si alguien tiene la oportunidad de estar empezando un pequeño proyecto, no importa si sea vender pan, tortillas o agua en una esquina de una calle, que no se dé por vencido. Sí lo puede lograr, y no hay que darse por vencidos. En Honduras se puede ser un buen mecánico de carros, un buen pintor, un buen carpintero, pero de los buenos. No hay que tenerle miedo al éxito. No hay nada de malo en caerse".
Así cerramos la conversación. Con un mensaje que inspira y que anima arriesgarse, aun en medio de la crisis.
Cuando comencé a escribir esta historia, pensé que se trataría de un sueño de un hombre al que muchos llamaban loco y un velero que naufragó. Pero, al conversar con Marlon más allá de la viralidad de Rosalinda, entendí que en realidad estaba escribiendo sobre un hombre que ha convertido el aprendizaje en su forma de sobrevivir. Cada vez que la vida lo obliga a empezar de cero, vuelve a estudiar, vuelve a trabajar y vuelve a intentarlo.
Para leer la historia completa ingrese a https://centraldehistoriashn.wordpress.com/
Por Lester Torres para Central de Historias
Alemania. Julio, 2026.