06/12/2021
Es increíble lo que me pasa cada lunes cuando llego al penal y me rodeo de lo peor de la sociedad.
Ladrones, secuestradores y asesinos son los que me esperan con un abrazo y una sonrisa. Son los que me ofrecen sus asientos, un café o me ponen un ventilador cerca para que esté cómoda.
Esa manga de inadaptados sociales que merecen estar presos me brindan un amor tan incondicional que emociona.
Soy su “ma”, la “señora”, su “madrina”, soy “de la calle” y me abren el corazón con un respeto que cada vez veo menos afuera.
No justifico sus acciones pasadas y celebro que estén ahí, pagando por lo que hicieron, pero aprendí a no juzgarlos… entre otras cosas.
Esos chicos que tienen la edad de mis hijos me demuestran semana a semana que las 2das oportunidades son necesarias.
No me importan sus historias, de muchos ni siquiera la sé, lo que si se es que los une las ganas de cambiar.
Cada lunes se hacen cargo de sus errores, de sus miserias.
Cada lunes pueden mirarse a ellos mismos y, de a poco, con timidez, empiezan a levantar la mirada para mirar a los demás.
Veo su verdadero cambio cuando me miran a los ojos y se les filtra la sinceridad.
Después de 4 años me di cuenta que no voy por ellos, voy por mi, porque esos chicos me enseñaron a reconocer mis propias miserias y mis errores.
Me demostraron 1 y 1000 veces eso que tantas veces decía mi viejo: “el hombre vienen en 2 modelos y varios colores, pero en el fondo todos queremos ser felices”.
Es fácil juzgar y opinar. Es fácil criticar al otro desde nuestra comodidad. Ellos me enseñaron a correrme de ese lugar.
Saben lo que pienso. Les hablo con honestidad. No pretendo que ninguno salga sin cumplir su condena, pero quiero ayudarlos a salir listos, quiero que estén preparados para enderezar sus vidas cuando vuelvan a la calle.
Con algunos lo lograré, con otros posiblemente no, pero no bajo los brazos porque se merecen el consejo, la palabra de aliento o simplemente sentirse escuchados.
Lo que más agradecen es el tiempo que nos tomamos los que vamos. Confían en nosotros y yo confío en ellos, por eso me siento en casa cada vez que llego al pabellón.