10/09/2026
en víspera de Rosh Hashaná un relato especial
Este es el relato de una de las cosas que más me han impresionado en mi vida. Fui escogido con otro muchacho para viajar a la Unión Soviética, en el año de 1985, cuando apenas asomaba al mundo la política de la Perestroika, liderada por Mijaíl Gorbachov. Durante muchos años, bajo el régimen bolchevique, la situación de las minorías había sido desastrosa, especialmente para los judíos. Mi tarea consistía en recabar información actualizada sobre algunas familias judías de la zona... Por seguridad, no debía llevar conmigo nada que me identificara como judío. Todo el entrenamiento, se mantuvo en secreto y no podía contarle a nadie lo que sucedería durante el viaje; además, ni yo mismo sabía con certeza qué me esperaba. Mientras el tiempo avanzaba, el temor y la emoción me consumían. Finalmente, busqué apoyo en mi padre y le conté todo. Él era el único que conocía mi secreto; me apoyó y me impulsó durante todo aquel lento y desesperante proceso de entrenamiento y trámites ante la Embajada de la Unión Soviética en México, hasta conseguir la visa especial que me permitiría moverme “libremente” por las ciudades a las que viajaría.
En la URSS vivían tres millones de judíos, cerca de una cuarta parte de la población judía mundial. De ellos, aproximadamente doscientos mil tenían entonces el estatus de refusnikim: judíos a quienes se les había negado la visa para emigrar a Israel. El solo hecho de haberla solicitado bastaba para que fueran expulsados de sus trabajos, quedaran desempleados y fueran señalados por la sociedad soviética como parásitos, casi como delincuentes. Sus hijos también eran expulsados de las escuelas, una marca que los acompañaba durante toda la vida y los convertía en ciudadanos de segunda categoría, especialmente en una sociedad donde sobresalía quien estaba mejor preparado.
Lee el relato completo en https://revistamilta.org/el-shofar-del-caucaso/