Isabel Hernandez

Isabel Hernandez Networker, Farmasi Influencer MX

Has el bien sin mirar a quién...https://www.facebook.com/share/p/19vQH3CoNr/
09/10/2025

Has el bien sin mirar a quién...

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Esta es la historia de Will. Hace 14 años, él era una persona sin hogar y adicta a la he***na. Nos conocimos cuando lo vi buscando reciclables en un contenedor de basura.
Le pregunté qué podía llevar a un hombre a hacer algo así… y me contó que su esposa había mu**to inesperadamente. En medio del dolor, probó la he***na solo una vez, y se volvió adicto. Como resultado, perdió su hogar y su trabajo.

Durante los meses siguientes, Will y yo desarrollamos una amistad. Me encantaba hacer mis rondas en Hatch y Herndon con la esperanza de verlo. Me caía mejor que mi pareja de aquel entonces, así que disfrutaba mucho cada encuentro.
Nos ayudamos mutuamente en tiempos difíciles, compartiendo consejos y experiencias de vida. Pero un día, simplemente desapareció. No volví a verlo. Con los años, me pregunté muchas veces qué habría sido de él… incluso si aún estaría con vida.

Entonces, por obra de Dios, nuestros caminos se cruzaron nuevamente… irónicamente, en otro Chevron. Estaba esperándome fuera del baño, con lágrimas en los ojos, y me preguntó si lo recordaba.
Tardé apenas dos segundos en reconocerlo. ¡Era mi Will!
Con una sonrisa nostálgica, me recordó las botas y la chaqueta que le regalé para que no pasara frío. También mencionó los $7 que le di para que sacara su identificación, con la promesa de no gastar ese dinero en dr**as.

Will cumplió su promesa. Consiguió su identificación, un trabajo y, tiempo después, una esposa. También encontró la gracia en los brazos de nuestro Creador.
Lloramos de emoción, sin poder contener las lágrimas, en medio de la tienda antes de pedirle al empleado que nos tomara una foto juntos.

Quise compartir esta historia porque la bondad importa.
La bondad puede cambiar por completo la vida de alguien. Tal vez nunca lo sepas, pero Will es prueba viviente de ello.

Sé amable en todo lo que hagas. Un día, esa bondad volverá a ti y te inundará de gratitud eterna. ❤️

Crédito: _Jeanah Nomelli

Con mucho cariño para mis amigos docentes...https://www.facebook.com/share/p/1EGNzNtkZZ/
08/10/2025

Con mucho cariño para mis amigos docentes...

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“Hoy un niño de siete años me dijo que yo no servía para nada.”
Así empezó mi último día como maestra en una escuela pública.

No lo dijo con burla ni enojo. Lo dijo con esa indiferencia inocente con la que los niños comentan el clima:
“Usted ni sabe hacer TikTok. Mi mamá dice que la gente vieja como usted ya debería jubilarse.”

Sonreí. Ya aprendí a no tomar esas cosas tan a pecho.
Pero, aun así, sentí cómo algo se rompía un poquito más dentro de mí.

Me llamo señora Carter.
He sido maestra de primer grado en una escuelita cerca de Columbus, Ohio, durante 36 años.
Y hoy empaqué mi salón por última vez.

Cuando empecé, allá por los ochenta, ser maestra era casi una vocación sagrada.
Nos confiaban lo más valioso: sus hijos.
No ganábamos mucho, pero había respeto. Y eso bastaba.

Los papás llegaban con brownies a las juntas de padres.
Los niños me hacían tarjetas de cumpleaños llenas de faltas de ortografía y corazones chuecos.
Y cuando uno de ellos lograba leer su primera oración en voz alta… no había pago que se comparara con esa alegría.

Pero algo cambió.
Despacio, sin ruido, año tras año.
Hasta que un día miré alrededor del salón… y ya no reconocí mi trabajo.

No es solo por las tabletas, los pizarrones digitales o las apps.
Es el cansancio.
La falta de respeto.
La soledad.

Antes pasaba las noches recortando manzanas de papel para decorar el salón.
Ahora las paso llenando reportes de conducta en una aplicación, “por si algún padre quiere demandar”.

He sido gritada frente a mi grupo.
No por los niños… sino por los padres.
Uno me dijo:
— Usted claramente no sabe tratar a los niños. Vi un video suyo en el celular de mi hijo.
El niño me había grabado mientras yo intentaba calmar a otro pequeño en crisis.

Nadie me preguntó cómo estaba.
A nadie le importó que me sostenía a punta de café, chicle y pura fuerza de voluntad.

Los niños también cambiaron.
Y no es su culpa.

Crecen en un mundo rápido, ruidoso, saturado.
Llegan sin dormir, pegados a las pantallas, con la cabeza llena de estímulos.
Algunos llegan enojados. Otros, asustados.
Hay quienes no saben sostener un lápiz, esperar su turno o decir “por favor”.

Y esperan que los maestros arreglemos todo eso.
En seis horas.
Con 28 alumnos.
Sin auxiliares.
Y con un presupuesto que apenas alcanza para comprar galletas.

Recuerdo cuando mi salón era un refugio.
Teníamos cojines en el rincón de lectura.
Cantábamos todas las mañanas.
Aprendíamos a ser amables antes que a multiplicar.

Ahora nos exigen enfocarnos en “indicadores de aprendizaje”, “datos medibles” y “resultados evaluables”.
Mi valor se mide por qué tan bien rellena las burbujas de un examen un niño de seis años.

Una vez mi director me dijo:
— Es que usted es demasiado tierna. El distrito quiere resultados.
Como si la empatía fuera un defecto.

Seguí adelante, porque siempre había momentos que lo valían.
Pequeños milagros.

Un niño que me dijo en voz bajita: “Usted es como mi abuela. Ojalá pudiera vivir con usted.”
Otro que me dejó una nota: “Aquí me siento seguro.”
Y aquel niño tímido que un día levantó la mirada y dijo con orgullo: “¡Lo leí solito!”

Me aferré a esos momentos como a salvavidas.
Porque me recordaban que sí importaba, aunque el mundo insistiera en lo contrario.

Pero este último año me rompió.
La violencia aumentó.
Un alumno aventó una silla. Otro amenazó con “traer algo de su casa” después de que le pedí sentarse.

Mi teléfono de aula se volvió una línea directa de emergencias.
La orientadora renunció en octubre.
Y para noviembre ya no quedaban suplentes disponibles.
El agotamiento se podía respirar, como una niebla espesa de desesperanza.

Y yo…
Yo empecé a sentirme invisible. Reemplazable.
Como una herramienta vieja en un mundo digital que ya no necesita el toque humano.

Hoy empaqué mi salón.
Despegué dibujos descoloridos de las paredes, algunos de hace décadas.
Encontré una caja con cartas de agradecimiento de una clase de 1995.
Una decía:
“Gracias por quererme, incluso cuando me portaba mal.”

Lloré.
Porque antes, ser maestra significaba algo.
Ahora parece un trabajo por el que uno tiene que disculparse.

No hubo fiesta. Ni discurso.
Solo un apretón de manos del nuevo director, que me llamó “señora” y miró su celular a la mitad de la despedida.

Dejé mi caja de calcomanías. Mi mecedora. Mi paciencia.
Pero me llevé la memoria de cada niño que alguna vez me miró con ternura, con confianza o con alivio.
Eso es mío. Nadie puede quitármelo.

No sé qué sigue.
Tal vez me ofrezca como voluntaria en la biblioteca.
Tal vez aprenda a hornear pan desde cero.
O simplemente me siente en el porche con una taza de té, recordando un mundo que solía sentirse más amable.

Porque lo extraño.
Extraño cuando los maestros éramos aliados, no blancos de críticas.
Cuando los padres y las escuelas trabajaban juntos.
Cuando educar significaba crecer, no solo calificar.

Si alguna vez has sido maestro, lo sabes.
No lo hicimos por las vacaciones.
Lo hicimos por el niño que aprendió a amarrarse las agujetas.
Por el que sonrió después de semanas de silencio.
Por los que nos necesitaron de formas que ningún examen podría medir.

Lo hicimos por amor. Por esperanza.
Por creer en algo mejor.

Así que si ves a un maestro —de ayer o de hoy—, agradécele.
No con una taza ni con una manzana.
Hazlo con tus ojos, con tu voz, con tu respeto.

Porque en un mundo que va demasiado rápido, ellos se quedaron.
En un sistema que se derrumbó, ellos resistieron.
Y en una sociedad que los olvidó, ellos nunca olvidaron a un solo niño.

En eso andamos...https://www.facebook.com/share/1BLDFVEzHd/
06/10/2025

En eso andamos...

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💼 La lección de Carlos Slim: diversificar para crecer

En una entrevista, Carlos Slim compartió una de sus filosofías más poderosas en los negocios:

👉 “Es mejor tener 10 negocios de A1 que un solo negocio de A10.”

¿A qué se refería?
Que concentrar todo el esfuerzo en un único proyecto, aunque sea gigantesco, es más arriesgado que construir varios negocios sólidos y complementarios.

Slim lo aplicó desde joven: en lugar de dirigir una sola empresa enorme, fue armando un portafolio diversificado. Embotelladoras, tabacaleras, financieras, telecomunicaciones… cada una sólida en lo suyo, pero sin depender por completo de una sola carta.

🔑 Esta mentalidad lo ayudó a sobrevivir a las crisis económicas y a convertirlas en oportunidades. Cuando todo estaba barato, él invertía. Y cuando un negocio enfrentaba problemas, otro mantenía el equilibrio.

Slim lo resumía en otra frase igual de contundente:
👉 “En los negocios, lo importante no es ver que está mal… lo importante es ver cómo resolverlo.”

🌎 Al final, su visión de tener muchos pilares lo convirtió en uno de los empresarios más influyentes del mundo.

🔥 Reflexión:
Quizás no se trate de tener diez empresas, pero sí de construir varias fuentes de ingresos y no depender solo de una. La diversificación es un escudo contra las tormentas y un trampolín hacia nuevas oportunidades.

Fuentes:
• Cracks Podcast, entrevista a Carlos Slim

Poner límites está bien...https://www.facebook.com/share/p/1MDDFAmVBW/
18/09/2025

Poner límites está bien...

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Un hombre se sentó junto a mi hija en el autobús. El autobús no estaba particularmente ocupado, pero él eligió el asiento junto a ella.
Entonces mi hija se puso de pie y se acercó a mí. Tal vez no se sentía cómoda sentada con él.

'Ohhh, no tengas miedo. Vamos, choca esos cinco' dijo el señor.

Ella no quería hacerlo. Se volvió hacia mí y se negó. Le sonreí y luego mi hija y yo volvimos a nuestra conversación.

"¿Estás esperando la Navidad?", le preguntó el señor a mi hija.

Pensé que tal vez estaba solo, así que sonreí y respondí en su nombre. Intercambiamos las bromas habituales que la gente comparte en esta época del año. Un breve resumen de los planes de mi familia y el disfrute de la temporada.
No soy muy buena socialmente, pero trato de ser cortés y odio pensar que alguien esté solo en estas fechas.

‘¿El gato te comió la lengua? ' Lo intentó de nuevo. Tocándole la barbilla a mi niña.

La sentí apretujarse en mi pecho. Tratando de fusionarse en mi cuerpo. Su lenguaje corporal gritaba STOP... pero él no estaba escuchando.

¿Por qué las personas hacen esto?

"Ella simplemente no quiere hablar", le expliqué con firmeza.
'¿Es tímida?'
“No particularmente. Simplemente no tiene ganas de hablar” reiteré.

Empecé a contarle nuestros planes para la noche con mis hijos. A propósito lo saqué del tema.

'Deberías enseñarle algunos modales. ¡Al menos debería ser educada!' -dijo.

Lo miré. Lo miré y recordé todas las veces que la gente había ignorado mi incomodidad. Abuelos que exigieron abrazos. Tías persiguiéndome para 'robarme un beso'. Me hicieron cosquillas hasta que no pude respirar y fue muy lejos de la diversión.
Amigos de la familia que exigían que les hable o sonría. Extraños que exigieron monerías...

Recordé las veces que me llamaron maleducada porque no tenía ganas de hablar. Recordé todas las veces que me vi obligada a poner la comodidad de otras personas por encima de la mía.

Recordé la vez que un hombre en un boliche me llamó frígida porque lo aparté cuando quiso bailar frotándose sobre mi cuerpo. Una “amiga” riéndose y diciéndome que estaba bien. Que me relaje y baile con él. Simplemente se estaba divirtiendo inofensivamente ... Y el hombre era amigo de su novio ¿Quería arruinar su noche siendo mala onda?
Recordé que quería ir a casa pero sentí que no podía porque ofendería a mi amiga. Recordé haber llorado más tarde porque me había sentido muy incómoda y atrapada toda la noche.

No es sólo una lección lo que le estoy enseñando a mi hija.
¡La comodidad y los sentimientos de mi hija son importantes!
No le debe nada a nadie ... Y cuando se siente incómoda, no tiene que fingir que está bien para acomodarse al ego de otra persona.

‘Ella no ha sido descortés. ¡Ella no tiene porqué hablar! ", le dije al señor. Luego me volví hacia mi hija y le hablé claramente para que ella pudiera escucharme y para que él también escuchara... ‘Hija, NO tienes que hablar con esta persona si no quieres. La gente NO puede hacerte sentir mal. ¡Puedes decirle que se detenga y si no escucha, entonces es él el que se equivoca y debes asegurarte de que él lo sepa!

Si la gente no te escucha, puedes gritar "¡Basta, ahora mismo! Déjame en paz y sigues gritando hasta que te escuchen.

El hombre farfulló y murmuró algo parecido a “otra loca suelta” o algo así. Y luego se cambió de lugar. Me negué a prestarle más atención... Y con calma, continué nuestro viaje en paz.

Cuando pasamos junto a él para bajar del autobús, dijo en voz alta "¡Ya se a quién salió!" ...lo miré a los ojos y respondí 'Yo también'.

En este caso, la no interacción de mi hija fue con el señor agresivo del autobús. Otra vez puede ser un pariente que no respeta sus límites. O un amigo de la familia que la invitó a hacer algo que sabe que está mal ... Un día puede ser un hombre que no escucha cuando dice que no.

Quiero que sepa que tiene una opción. Ella nunca tiene que quedarse callada para beneficio de otra persona. Ella es poderosa y puede decir BASTA. Quiero que sepa que Parar significa PARAR ... Y no significa NO.

... Y si alguien se ofende por sus límites, ese es SU problema.
Imagen :web
Autora:

Si tan solo utilizáramos el poder de nuestra mente para beneficiarnos del mismo...https://www.facebook.com/share/p/1G4iF...
12/09/2025

Si tan solo utilizáramos el poder de nuestra mente para beneficiarnos del mismo...

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NI UNA GOTA DE SANGRE.

Un científico, quería probar una teoría. Necesitaba un voluntario que llegase hasta las últimas consecuencias. Por fin lo encontró, era un condenado a muerte que sería ejecutado en la silla eléctrica.

El científico le propuso al condenado, lo siguiente: él participaría de un experimento científico que consistía en hacerse un pequeño corte en el pulso, con el propósito de que su sangre fuera goteando lentamente hasta la última gota. Le explicó que tenía mínimas probabilidades de sobrevivir, pero que de todas formas, su muerte sería sin sufrimiento, ni dolor; ni siquiera se daría cuenta.

El condenado aceptó, porque morir de esta manera, era preferible a morir en la silla eléctrica. Lo colocaron en una camilla y ataron su cuerpo para que no pudiera moverse. A continuación le hicieron un pequeño corte en la muñeca y colocaron debajo de su brazo una pequeña vasija de aluminio.

El corte fue superficial, sólo sus primeras capas de piel, pero fue lo suficiente para que él creyera que realmente le habían cortado las venas. Debajo de la cama, fue colocado un frasco de suero con una pequeña válvula que regulaba el paso del líquido, en forma de gotas que caían en la vasija. El condenado, podía oír el goteo y contaba cada gota de lo que creía era su sangre.

El científico, sin que el condenado lo viera, iba cerrando la válvula, para que el goteo disminuyera, con la intención de que pensara que su sangre se iba terminando.

Con el pasar de los minutos su semblante fue perdiendo color, su ritmo cardíaco se aceleraba y le hacía perder aire a sus pulmones. Cuando la desesperación llego a su punto máximo, el científico cerró por completo la válvula y entonces el condenado tuvo un paro cardíaco y murió.

El científico consiguió probar que la mente humana cumple estrictamente todo lo que percibe y que el individuo lo acepta, sea positivo o negativo, actuando sobre toda nuestra parte psíquica y orgánica.

Siempre he pensado que la mente no tiene límites cuando se engaña ella misma. Peor aun cuando no entiende las cosas y fabrica lo que puede para entender, como cuando vemos cosas que las tomamos como sobrenaturales pero que en realidad no lo son.

Muchas veces en nuestra vida se nos presentan problemas que parecen ser desastrosos. Posiblemente haya alguien que nos diga que hay una pequeña o ínfima posibilidad de revertir dicha situación, pero nosotros decidimos creer sólo lo que somos capaces de percibir e imaginar.

“Quien piensa en fracasar, ya fracasó"
"Quien piensa en ganar, lleva un paso adelante"
(Desconozco el autor)

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