28/12/2025
REFLEXIÓN PARA EL DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA
28 de diciembre de 2025
Hoy la liturgia nos invita a entrar en el hogar de Nazaret y contemplar a la familia de José, María y Jesús, el Hijo de Dios, conviviendo y asumiendo el rol que corresponde a cada uno en su hogar, ejercitándose en las virtudes domésticas, entre las que podemos enumerar: El diálogo, la escucha, el respeto, el trabajo, la responsabilidad compartida y seguramente la piedad alegre de quien conoce a Dios y le ha concedido entrar en el corazón.
La liturgia de la Palabra nos presenta una serie de exhortaciones propias de la convivencia familiar; leemos en el Eclesiástico lo siguiente: “Quien honra a su padre paga sus pecados y el que da gloria a su madre se prepara un tesoro “(Ecl 3,3).
El salmista responde a esa advertencia, exaltando a quien cumple ese mandato: “Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos” (Sal 127). En seguida el Apóstol San Pablo nos recomienda privilegiar una serie de virtudes que facilitan la mejor convivencia familiar: “Revístanse de sentimientos de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sopórtense y perdónense mutuamente…” (Col 3, 12-13).
En el Evangelio, San Lucas nos presenta la virtud piadosa de aquel singular matrimonio que enseña a su Hijo el valor de la religión, el respeto a los principios y tradiciones de su pueblo. Para que los vivía con fidelidad y entereza: “Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y, cuando cumplió doce años, fue también con ellos para cumplir con el precepto…” (Lc 2, 41-42).
Esta síntesis de la Palabra de Dios proclamada, arroja una serie de enseñanzas que nos pueden ayudar a fortalecer la comunión familiar y a valorar a la familia como una institución fundamental en la sociedad, verdadera escuela de Comunión, de respeto y de perdón. La comunión tiene su fundamento en la capacidad de colaborar, compartir lo mejor que se tiene, como es; la vida, el amor, los talentos de cada persona.
Respeto, que nace como fruto del dialogo sincero, la valoración de la persona y la promoción de sus talentos o cualidades. Esto facilita la capacidad de emprender procesos de reconciliación y de perdón mutuo, cuando fuera necesario, porque se valora a la persona por lo que es y no por los errores que comete a raíz de sus fragilidades.
Acudamos a José y pidámosle que nos enseñe el valor del silencio, la prudencia y el discernimiento; miremos a María y aprendamos de ella la humildad y la pureza de su alma que le hace capaz de ver la voluntad de Dios y abrazar sus proyectos con generosa entrega; dirijamos nuestro corazón al Niño Dios y supliquémosle que inflame el nuestro en profundos sentimientos de amor y de servicio hacia nuestros hermanos. Familia de Nazaret, intercede por nuestras familias.
Los bendice:
P. GERARDO CHÁVEZ ORTIZ (Párroco).