09/03/2026
Chavita el Barrendero del pueblo.
Fotografia de Carlos Merced Bernon
En las calles de Amanalco, ese pueblito lleno de pinos y aire puro, hay un hombre que lleva décadas siendo parte del alma del lugar: Chavita, el barrendero que nunca se cansa de cuidar lo nuestro.
En aquellos tiempos, cuando las calles eran de puro empedrado y la madrugada era tan silenciosa que se oía hasta el viento entre los árboles, Chavita ya salía a trabajar. A la una, a las dos, a las tres de la mañana, con su gorra rosada, sus guantes negros y esa escoba de varas que parecía extensión de su brazo. Empujaba su carretilla roja —la que rechina como si contara historias— y barría hoja por hoja, basura por basura, dejando que Amanalco amaneciera limpia y digna.
No lo hacía por obligación ni por un sueldo grande. Lo hacía porque ama este pueblo. “Si yo no barró, ¿quién va a dejar las calles listas para que la gente camine orgullosa?”, dice con esa sonrisa ancha que ilumina la oscuridad. Y platicador como pocos: si te lo topabas en plena ronda nocturna —porque a veces uno sale por agua, por un antojo o simplemente no puede dormir—, se detenía, apoyaba la escoba y te preguntaba por la familia, por cómo va el día, por los hijos. Te contaba de las fiestas antiguas en la plaza, , de los perros que lo seguían como si fueran sus ayudantes. Siempre con un “¿y tú cómo andas?” que hacía que la noche fría se sintiera más cálida.
Hoy, las cosas han cambiado: las calles ya no son empedradas, todas están pavimentadas, lisas y modernas. Hay más movimiento, más luces, más vida que antes. Pero Chavita no ha cambiado. Sigue saliendo en las madrugadas, sigue empujando esa misma carretilla, sigue barriendo con el mismo cariño de siempre. Lo que antes era polvo y piedra, ahora es asfalto limpio que brilla al amanecer gracias a él. Sigue cumpliendo su labor, fiel a su oficio, fiel a Amanalco.
Para los de Amanalco, verlo es como ver un pedacito de lo que somos: gente sencilla, trabajadora, que cuida lo suyo con orgullo y sin alboroto. Cada vez que amanece y las calles están impecables, sabemos que ahí estuvo Chavita, barriendo en silencio, manteniendo vivo el amor por esta tierra.