13/09/2026
Los agotes (conocidos en francés como cagots) fueron un grupo social marginado y perseguido durante siglos en el norte de España (principalmente en Navarra, el País Vasco y Aragón) y el suroeste de Francia.
Constituyen uno de los casos de discriminación y segregación más oscuros y misteriosos de la historia europea.
El origen exacto de los agotes sigue siendo un enigma histórico, lo que dio pie a numerosos mitos y supersticiones. La hipótesis médica más aceptada sugiere que eran descendientes de antiguos leprosos o personas con psoriasis, aislados voluntaria o forzosamente para evitar contagios.
Se les llegó a considerar descendientes de los visigodos, cátaros huidos de Francia o descendientes de los sarracenos derrotados en la Reconquista.
A pesar de ser física, lingüística y religiosamente indistinguibles del resto de la población local, sufrían un «estigma de sangre» que los consideraba impuros, infecciosos o malditos.
Tenían prohibido poseer tierras, criar ganado o cultivar. Solo se les permitía trabajar con la madera o la piedra, ya que se creía que estos materiales no transmitían la «lepra moral». Destacaron como excelentes carpinteros, canteros y constructores de iglesias.
En las iglesias debían entrar por una puerta secundaria de menor tamaño (la «puerta de los agotes») y escuchar la misa tras un muro o una reja. Se les daba la comunión en el extremo de una vara de madera para evitar el contacto físico y no podían usar la pila bautismal común.
Tenían prohibido casarse con personas ajenas a su grupo, llevar vestidos ostentosos o andar descalzos. En muchos lugares se les obligaba a llevar en la ropa un distintivo rojo con forma de pata de oca.
Vivían en barrios separados, siendo el caso más célebre el barrio de Bozate, en la localidad navarra de Arizkun (Valle del Baztán).
Las restricciones legales comenzaron a abolirse progresivamente mediante reales cédulas en el siglo XVIII (como la de Carlos III en 1786) y los decretos de las Cortes de Navarra en 1819, que les otorgaron igualdad de derechos ciudadanos.
A lo largo del siglo XX, la
asimilación e integración paulatina terminó por disolver su identidad diferenciada. Hoy en día, en el Valle del Baztán se conserva su memoria histórica y arquitectónica como parte fundamental del patrimonio pirenaico.
Ubicado al aire libre en el barrio de Bozate (Arizkun, Valle del Baztán), el Parque Escultórico Museo Santxotena es el epicentro de la memoria agote. Fue creado por el escultor Xabier Santxotena, descendiente directo de agotes y discípulo de Jorge Oteiza.
A diferencia de un museo convencional, combina la etnografía con el arte contemporáneo. Las obras de madera y piedra rinden homenaje a las manos artesanas de sus antepasados.
El recorrido permite entender cómo el trabajo de la madera no solo era su sustento obligatorio, sino también su lenguaje de dignidad frente al rechazo social.
Al no existir diferencias genéticas ni rasgos físicos distintos entre los agotes y sus vecinos, los historiadores han descartado las teorías raciales para centrarse en hipótesis sociohistóricas y sanitarias.
Hipótesis sanitaria (La reclusión de la lepra): Es la teoría más sólida en la historiografía actual. Durante la Edad Media, los "lazaretos" albergaban a enfermos de lepra y otras afecciones cutáneas. Con el paso del tiempo y la erradicación de las epidemias, las familias descendientes de aquellos enfermos quedaron estigmatizadas permanentemente por la superstición popular, heredando el aislamiento de sus antepasados.
Hipótesis del refugio herético (Cátaros y visigodos): Propone que eran comunidades de refugiados cátaros que huyeron del sur de Francia tras las cruzadas contra la herejía en el siglo XIII. Para integrarse sin ser perseguidos por la Inquisición, ocultaron su identidad bajo el anonimato del trabajo manual, aunque el estigma de "herejes" caló en el imaginario colectivo local.
Algunos historiadores sugieren que se trataba de colectivos de artesanos itinerantes extranjeros (principalmente francos) que llegaron para construir iglesias y rutas del Camino de Santiago. Al competir con los gremios locales y no pagar los mismos impuestos feudales, la población autóctona generó un rechazo social que terminó derivando en marginación sistemática.