19/05/2023
ORIGEN
El Humo, como se le conoce esta comunidad rural, no siempre fue llamada así, puesto que en los años antecesores al siglo XX, se le conocía como Santo Domingo, nombre con el se le distinguía a una hacienda establecida en este lugar, con un caserío en su entorno.
Así, en el año de 1884, fue escenario de una escaramuza en contra de la Federación, protagonizada por los Pinzones (Fierro, 1972), lo que indicas que esta localidad, se considere como uno de los poblados de mayor antigüedad del municipio de Atoyac de Álvarez. Así, en 1900, se registraban 175 habitantes en este lugar. Sin embargo, no se sabe con precisión en que momento de la historia, Santo Domingo haya sido saqueado y quemado, donde los escombros de este lugar, permanecieron humeando durante varias semanas, siendo su humareda visible a varios kilómetros a la redonda, situación que motivó y determinó a la gente en reconocer el punto donde salía el humo precisamente con el nombre de El Humo, y así se hizo costumbre en llamar a este lugar con ese nombre, modificándose de esta manera más que nada por la usanza y modo de las personas de ese entonces lo que inicialmente se reconocía con otra denominación, situación que hasta el presente sigue vigente.
Así, durante varias décadas, esta comunidad era utilizada por todas las personas como camino ineludible para poder llegar a la cabecera municipal del municipio, o si se tenían que trasladar a los lugares ubicados hacia el Oeste del barrio (San Jerónimo, Tecpan de Galeana, Petatlán, etc. No obstante, con la construcción de la carretera a Atoyac de Álvarez, en el año de 1936, esta comunidad dejó de ser paso obligado de la gente viajera.
Mientras tanto, la condición que poseía El Humo en relación al paso obligado de las personas provenientes de otros municipios y regiones de Guerrero para trasladarse a otros puntos, hacía que sus habitantes prestaran atención a los diferentes medios de transporte que utilizaba la gente para ello. Por lo tanto, se observaban indistintamente diversos medios de transporte, y así, era frecuente conocer que los viajeros empleaban lo mismo que Carretas tiradas por bueyes, que montados en caballos, mulas, machos y burros, aunque muchas veces el recorrido lo realizaban a pié, sobretodo si este representaba pocos kilometrajes de distancia, como de San Jerónimo a Atoyac y viceversa.
En este contexto, es a inicios de los años 30, cuando los lugareños observan sorprendidos y asustados la breve incursión de un carro, “quien sabe para donde iba, si para Atoyac o San Jerónimo, quien sabe, la gente creía que se iba a perder el mundo”; “era una corredera de animales: marranos, perros, gallinas, hasta los burros corrían asustados de ver aquello, pues nunca se había visto una cosa así”, relata el señor Bartolo Pino Hernández. Situación parecida, indica, que se vivió en este sitio al momento de que surcan el aire los aviones.
“Aquel ruidero que se oía, como música, la gente corría y asustada decía: ahora si se va a perder el mundo”, “eran 17 aviones que pasaron por el rumbo de la playa”.
Las familias que ya se localizaban en esta comunidad a principios del siglo XX, pertenecen a los apellidos Pino, Mendoza, Ruiz, Sarabia, Valle, Barrientos, y Hernández.