28/11/2025
En un mercado lleno de ruido y movimiento, un perrito callejero caminaba lento, con el estómago vacío y la mirada baja. Al ver un costal abierto junto a un puesto, se acercó con cuidado, como pidiendo permiso sin decir nada. Tenía hambre, pero también miedo.
El dueño del local lo vio, dejó lo que estaba haciendo y en lugar de espantarlo, simplemente lo dejó quedarse. No dijo palabra, solo se hizo a un lado para que el perrito comiera tranquilo.
El peludito, después de unos minutos, levantó la cabeza más relajado, como dando las gracias. Y cuando terminó, movió la cola antes de seguir su camino, un poco más lleno y un poco más feliz.