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LAS TORRES DE MIXCOAC: Los fantasmas de La CastañedaPor Redacción/PeregrinerosDonde alguna vez estuvieron los pabellones...
01/09/2026

LAS TORRES DE MIXCOAC: Los fantasmas de La Castañeda
Por Redacción/Peregrineros

Donde alguna vez estuvieron los pabellones del manicomio más famoso de México, hoy se levantan edificios habitacionales. Pero la memoria de quienes vivieron, sufrieron y murieron detrás de aquellos muros todavía alimenta las leyendas de Mixcoac.

Por las calles de Mixcoac, en el sur de la Ciudad de México, se levanta hoy una de las unidades habitacionales más conocidas de la zona: las Torres de Mixcoac.
Sus edificios, jardines, estacionamientos y áreas comunes forman parte del paisaje cotidiano de miles de personas, pero debajo de ese paisaje existe otra historia.
Una historia de encierro, enfermedad, ciencia, abandono, muerte y también de miedo.
Porque antes de que aparecieran las Torres, en buena parte de aquellos terrenos se encontraba el Manicomio General La Castañeda, una institución que durante 58 años marcó la historia de la psiquiatría mexicana.
Más de 60 mil personas pasaron por sus instalaciones entre 1910 y 1968. La UNAM conserva una base de datos elaborada a partir de más de 12 mil expedientes clínicos, donde se registran datos como edad, diagnóstico, tiempo de estancia y condición de salida: muerte, fuga, remisión o salida solicitada por la familia.
Hoy La Castañeda ya no existe, pero su memoria permanece y alrededor de ella nació una pregunta que sigue alimentando la imaginación de Mixcoac:
¿Realmente desapareció La Castañeda cuando sus edificios fueron demolidos?

EL PALACIO DE LA LOCURA

La historia comenzó mucho antes de las Torres.
A finales del siglo XIX, la élite porfiriana buscaba crear un manicomio moderno, alejado del ruido de la ciudad, con aire, agua y espacios verdes. El sitio elegido fue la antigua Hacienda La Castañeda, en Mixcoac.
El proyecto fue construido por Porfirio Díaz Ortega, hijo del presidente Porfirio Díaz.
El resultado fue un enorme complejo de 24 edificios, construido sobre aproximadamente 144 mil metros cuadrados y diseñado originalmente para albergar a 1,200 pacientes.

La inauguración ocurrió el 1 de septiembre de 1910, durante las celebraciones del Centenario de la Independencia.
El lugar tenía pabellones para diferentes tipos de pacientes y hasta una granja en la parte posterior.
Había secciones para hombres y mujeres, enfermos considerados peligrosos o infecciosos, alcohólicos y epilépticos. También existían diferencias sociales entre los propios internos.
Los llamados "Distinguidos" podían tener habitaciones privadas, recibir visitas a cualquier hora, conservar objetos personales e incluso contar con médico externo, los pacientes sin recursos eran enviados a otras secciones.

LAS PUERTAS DEL IN****NO

El sueño de modernidad duró poco.
Meses después de la inauguración comenzó la Revolución Mexicana.
La Castañeda quedó atrapada en una ciudad convulsionada por la guerra, faltaron alimentos, agua, medicamentos y ropa.
Entre 1913 y 1917 hubo además una epidemia de tifo.
La propia documentación histórica de la UNAM señala que muchos pacientes ingresados entre 1914 y 1916 murieron pocas semanas después, afectados principalmente por infecciones gastrointestinales y tuberculosis.
Y la violencia llegó hasta los jardines del manicomio.
En enero de 1915 ingresaron fuerzas zapatistas y utilizaron el lugar como posición durante los enfrentamientos con tropas carrancistas.
Después llegaron los carrancistas.
Los registros históricos cuentan que los soldados corrieron a caballo por los jardines y dispararon al aire, aterrorizando a los internos. Incluso existen registros de cuatro pacientes que fueron "dados de alta" por un general zapatista para incorporarse a las filas revolucionarias.
El lugar que había sido presentado como símbolo de la ciencia comenzó a adquirir una reputación completamente distinta.
La Castañeda llegó a ser conocida popularmente como "La Locópolis" y también como un sitio relacionado con las llamadas "puertas del in****no".
Y la expresión resultaba apropiada para un lugar donde miles de personas vivirían encerradas durante décadas.

LOS MU***OS

Ésta es quizá la parte más importante de la historia, porque no hace falta recurrir a fantasmas para encontrar mu***os, los mu***os existieron.
Los archivos de La Castañeda documentan las condiciones de salida de miles de pacientes y entre ellas aparece la muerte.
La investigación histórica de la UNAM ha permitido recuperar los nombres, diagnósticos, historias familiares y destinos de numerosos internos. Pero detrás de cada expediente había una persona, un padre, una madre, un hijo, una esposa, alguien que entró por aquellas puertas y cuya vida quedó reducida a un expediente médico.
Algunos salieron, otros fueron trasladados, otros escaparon, y otros murieron allí.
Por eso una de las preguntas más inquietantes que todavía puede hacerse es:
¿Dónde terminaron los restos de quienes murieron en La Castañeda?

La respuesta no debe buscarse en rumores sobre cadáveres enterrados bajo las Torres.
Hasta ahora no existe evidencia suficiente para afirmar que haya cuerpos debajo de los edificios actuales.
Pero la pregunta histórica sí merece una investigación propia:
¿Qué ocurrió con los cuerpos de los pacientes fallecidos y con sus registros cuando La Castañeda fue clausurada?

LOS QUE ESCAPABAN

Los expedientes históricos también registran otra palabra inquietante: Fuga.
Entre las condiciones de salida de los pacientes aparecen precisamente las fugas.
Y eso alimentó una de las historias más persistentes alrededor del antiguo manicomio: la de los pacientes que lograban abandonar sus pabellones y aparecían en las calles de Mixcoac.
No era únicamente una leyenda, las fugas formaron parte de la historia documentada de la institución.
La posibilidad de que una persona escapara de un enorme complejo psiquiátrico y terminara caminando por el antiguo Mixcoac debió alimentar inevitablemente el imaginario de los habitantes. Especialmente entre los niños.

"NOS IBAN A METER CON LOS LOCOS"

Los antiguos vecinos conservan recuerdos que muestran hasta qué punto La Castañeda formaba parte de la vida cotidiana de Mixcoac.
Algunos habitantes recuerdan que de niños se acercaban a los terrenos de la institución para recoger productos de sus huertos.
Y existía una amenaza que quedó grabada en la memoria: si los trabajadores los atrapaban, los iban a meter "con los locos".
La frase puede parecer una anécdota infantil, pero revela algo mucho más profundo.
Para varias generaciones de habitantes de Mixcoac, La Castañeda no era solamente un hospital, era el lugar prohibido, el lugar al que no se debía entrar, el lugar donde estaban aquellos de quienes los adultos decían que estaban "locos".

LAS HISTORIAS QUE NACIERON ENTRE LOS MUROS

La Castañeda también fue escenario de historias extraordinarias.
Los propios expedientes contienen relatos de pacientes que aseguraban escuchar voces, tener visiones o experimentar apariciones.
La UNAM conserva, por ejemplo, documentación de pacientes cuyos escritos permiten conocer cómo ellos mismos interpretaban sus experiencias durante el encierro.
Uno de los casos corresponde a Alberto Nicolat Talocín, quien tuvo...

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La gastronomía quintanarroense es declarada Patrimonio Inmaterial del EstadoTulum, Quintana Roo.– La gastronomía de Quin...
28/08/2026

La gastronomía quintanarroense es declarada Patrimonio Inmaterial del Estado

Tulum, Quintana Roo.– La gastronomía de Quintana Roo fue declarada Patrimonio Inmaterial del Estado durante la Cuarta Sesión Extraordinaria del Comité de Fomento a la Gastronomía de Quintana Roo, realizada este jueves en el Museo Regional de la Costa Oriental, en Tulum.

Durante la sesión también se firmó el decreto que establece el 28 de agosto como el Día Estatal de la Gastronomía Quintanarroense.

La declaratoria comprende las expresiones culinarias tradicionales mayas, mestizas, costeras y caribeñas, además de sus ingredientes, utensilios, técnicas ancestrales, festividades, mercados y prácticas comunitarias relacionadas con la gastronomía.

Como parte del proceso de reconocimiento, el Instituto de la Cultura y las Artes incorporará la gastronomía quintanarroense al Registro Estatal del Patrimonio Cultural, mientras que las instituciones educativas participarán en acciones relacionadas con su preservación y divulgación.

El reconocimiento busca poner en valor los conocimientos y tradiciones culinarias transmitidos entre generaciones, particularmente aquellos vinculados con los pueblos mayas y con las comunidades costeras y caribeñas de Quintana Roo.

Durante el encuentro se destacó la participación de cocineras y cocineros tradicionales, representantes del sector restaurantero, organismos empresariales, universidades y especialistas en gastronomía.

También se abordó el papel de la cocina tradicional dentro de la actividad turística del estado y la importancia de preservar los ingredientes, técnicas y conocimientos que forman parte de la identidad cultural de Quintana Roo.

En la sesión participaron el presidente Continental de las Américas de International Toques Blanches Continente de las Américas A.C., chef Ignacio del Río Mora; representantes de CANIRAC; autoridades municipales; integrantes del sector académico; propietarias y propietarios de restaurantes, así como cocineras y cocineros tradicionales.

El subsecretario estatal de Turismo, Andrés Aguilar Becerril, explicó el proceso seguido para concretar la declaratoria.

Con esta decisión, la gastronomía quintanarroense se incorpora formalmente al patrimonio cultural del estado y se establece una fecha anual para reconocer y promover sus expresiones culinarias.

Crónicas Urbanas Por Gerardo ReynosoAtrapado en tus silenciosEspero a Criss en la rampa de las escaleras. El trayecto ha...
28/08/2026

Crónicas Urbanas

Por Gerardo Reynoso

Atrapado en tus silencios

Espero a Criss en la rampa de las escaleras. El trayecto ha sido más rápido de lo esperado. En verdad que, ante la vorágine vial de hoy en día en Cancún, la moto se vuelve una aliada en el asfalto.

Lo mejor de estas aventuras hasta la universidad son su sonrisa, los sonidos y
esos abrazos que, últimamente, hacen que mi día se transforme. Una estrofa de la música que me hace sentir.

Y es que, si Criss supiera que, si por mí fuera, vendría todos los días por estos
instantes que emocionan, sin ser presa del tiempo.

Por esa razón, el café se ha convertido en mi argumento. En el aliado perfecto.

Antes de quitarme el casco, espero que termine “Send It Back”, de Don West.
Teóricamente, para una moto deportiva tendría que sonar “Follow You”, de Matt Darey. Sin embargo, hace algunos ayeres que la velocidad en dos ruedas no forma parte de mi existencia.

Descubrí que el recorrido no solo es el camino, es el punto de equilibrio del
destino.
Por eso, la voz del australiano que era modelo me acompaña muchas veces
hasta la universidad.

Y el gusto de llegar siempre concluye con su sonrisa. Ay, Dios, qué sonrisa.
Criss, dentro de todo su fuego, representa calma. Soy privilegiado de que
comparta momentos conmigo.

Tiene esa voz que me tranquiliza. Es como apagar todo y solo dejar el sonido en una pequeña bocina Aiwa, como la que tengo en casa.

Luego viene uno de los puntos más magnéticos de ella, porque, mientras me
escucha, quedo atrapado en sus silencios, que no comparte con cualquiera.
Y mientras escribo en el aire, han transcurrido los minutos y llega su mensaje.

Respondo como un puberto no digital: “Viendo pasar el tiempo sin la Puerta de Alcalá”, contesto, tratando de calmar mis nervios por volverla a ver.

Porque vaya que tenía muchas ganas de verla.

Espero no hartarla o aburrirla con la frase que siempre me llega cuando la veo.

Es que hermosa, en verdad hermosa.

Lo repito y se lo digo constantemente, no por exageración o por quedar bien.

Es por el hecho de verla y sentir esa belleza.

Al final, el abrazo que le doy no respeta, y no en el mal sentido.

Sucede que ese abrazo es tan reconfortante que se convierte en refugio.

Luego, el beso que emociona. Fue tan bonito.

En fin, ya me voy… ella sabe que me gusta.



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DON WEST

Los túneles secretos de Mérida: el laberinto que quizá nunca existió-Bajo las calles del Centro Histórico de Mérida sobr...
21/08/2026

Los túneles secretos de Mérida: el laberinto que quizá nunca existió

-Bajo las calles del Centro Histórico de Mérida sobreviven espacios subterráneos, antiguos aljibes, cuevas y pasadizos que alimentaron durante generaciones una de las leyendas más fascinantes de Yucatán. Pero entre la tradición oral y la arqueología existe una frontera que no siempre resulta fácil de distinguir.

Por Peregrineros

Cuando el visitante camina por las calles del Centro Histórico de Mérida difícilmente imagina que, debajo de las fachadas coloniales, las plazas y los antiguos conventos, existen espacios que alguna vez estuvieron ocultos de la mirada pública.

La tradición asegura que bajo la llamada Ciudad Blanca existe una red de túneles capaz de comunicar iglesias, conventos y antiguas edificaciones. Una de las versiones más conocidas sostiene que un pasadizo habría unido la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, conocida como Iglesia de Monjas, con la Catedral de San Ildefonso, y que desde ahí habría conexiones hacia el antiguo convento de La Mejorada y otros puntos de la ciudad.

El relato resulta perfecto para una ciudad construida sobre las huellas de la antigua T’Hó: piedra sobre piedra, siglo sobre siglo, religión, conquista y memoria indígena.

Pero hay un problema, la gran red subterránea que describe la leyenda nunca ha sido demostrada arqueológicamente.

Una ciudad construida sobre otra

Mérida fue fundada por los españoles en 1542 sobre el asentamiento maya de T’Hó. La reutilización de materiales y espacios preexistentes convirtió al subsuelo en una especie de archivo oculto de la ciudad.

Una de las hipótesis planteadas por el antropólogo y explorador Sergio Grosjean Abimerhi es que algunas de las cavidades que posteriormente fueron interpretadas como túneles pudieron estar relacionadas con la extracción de sascab, un material utilizado por los antiguos habitantes de la región para la construcción. Con el paso del tiempo, esos espacios pudieron adquirir nuevas funciones.

Algunos subterráneos habrían sido utilizados como depósitos, mientras que otros tuvieron funciones relacionadas con el manejo del agua. La investigación arquitectónica realizada en un inmueble del Centro Histórico, por ejemplo, permitió documentar un espacio que durante años había sido llamado “túnel”, pero que en realidad correspondía a un aljibe, una estructura hidráulica con características comparables a obras de tradición hispanoárabe.

Y ahí comienza la verdadera historia.

Porque Mérida sí tiene espacios subterráneos, lo que permanece sin demostrar es que todos formen parte de una gigantesca red de comunicación.

El túnel de la Casa de los Ladrillos

Uno de los lugares que más ha alimentado la leyenda se encuentra en las inmediaciones de la actual Plaza Diamante, en el sitio conocido históricamente como la Casa de Cárdenas o Casa de los Ladrillos.
Ahí existe un espacio subterráneo de aproximadamente nueve metros que durante años fue incorporado a recorridos de leyendas y representaciones teatrales.
La existencia de ese espacio es real, lo que no está probado es que se prolongue hasta la Catedral.
De hecho, investigaciones y testimonios recogidos por medios y especialistas señalan que las excavaciones realizadas para introducir tuberías de agua potable no encontraron el supuesto corredor que debería comunicar determinados puntos del Centro Histórico. La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la historia: tener túneles no significa necesariamente tener una red de túneles.
¿Una ruta de escape contra los piratas?

Otra de las versiones más atractivas afirma que los pasadizos fueron construidos como rutas de escape.

Durante los siglos posteriores a la conquista, las ciudades costeras de Yucatán estuvieron expuestas a ataques y amenazas vinculadas con la actividad de piratas. La idea de disponer de espacios ocultos para esconder personas, armas, alimentos o bienes resulta, por ello, seductora.
La tradición oral sostiene que algunos corredores pudieron utilizarse precisamente con ese propósito.
Sin embargo, incluso esta hipótesis necesita ser manejada con cautela. La existencia de rutas de escape subterráneas en Mérida no cuenta con una documentación arqueológica suficiente que permita afirmar que toda la supuesta red tenía esa función.
En otras palabras: es posible imaginarlo; demostrarlo es otra historia.

El oscuro relato de las monjas

Pocas historias relacionadas con los túneles de Mérida son tan perturbadoras como la que involucra a las religiosas del antiguo convento de Monjas.
Durante generaciones circuló el relato de que algunas monjas habrían quedado embarazadas y que los fetos o recién nacidos producto de esas relaciones habrían sido abandonados en los pasadizos subterráneos.
La historia ha sido repetida en recorridos, relatos urbanos y publicaciones sobre los misterios de Mérida. Pero investigadores como Sergio Grosjean Abimerhi han cuestionado seriamente esta versión.
Una explicación histórica apunta a que el relato pudo haberse utilizado para desacreditar a las religiosas durante los conflictos entre la Iglesia y el Estado en el siglo XIX. La acusación habría sobrevivido posteriormente como parte del imaginario popular.

Por ello, presentar como hecho histórico la existencia de fetos abandonados en los túneles sería ir más allá de la evidencia disponible.

La leyenda, sin embargo, continúa, y quizá ahí reside parte de su fuerza.

La Mejorada y los pasadizos que sí aparecieron

El misterio se vuelve más interesante cuando aparecen testimonios de estructuras subterráneas reales.

Durante trabajos de restauración en el antiguo convento de La Mejorada se habría localizado un boquete que conducía hacia un espacio subterráneo. El arquitecto Ricardo Contreras, citado en una investigación documental, describió un recorrido hacia el suroeste de la iglesia y señaló que algunos tramos se dirigían hacia zonas próximas a la Casa de las Monjas.
También se han reportado cavidades y espacios subterráneos en distintos puntos del Centro Histórico.
Pero nuevamente aparece la advertencia de los especialistas: estos hallazgos no bastan para demostrar que exista un túnel continuo entre La Mejorada, Monjas y la Catedral.
Algunos de los espacios documentados tienen apenas unos metros de longitud y podrían corresponder a funciones completamente diferentes.

El supuesto túnel de casi 100 kilómetros

Como ocurre con muchas leyendas subterráneas, la historia de Mérida no se detiene en los límites de la ciudad.
En Maní, al sur de Yucatán, existe otra tradición que habla de un túnel que habría conectado el Convento de San Miguel Arcángel de Maní con la Iglesia de Monjas en Mérida, la distancia sería casi 100 kilómetros.
La idea resulta extraordinaria: un corredor subterráneo capaz de atravesar buena parte de Yucatán.
En 1982 se habría explorado un estrecho pasadizo en Maní, pero la presencia de escombro impidió continuar. Los habitantes de la zona atribuyeron el cierre a la necesidad de impedir que los niños entraran y pudieran perderse.
Hasta ahora, tampoco existe evidencia que demuestre que aquel espacio llegue hasta Mérida.

Lo que existe debajo de Mérida

La investigación histórica permite construir una imagen mucho más fascinante que la simple idea de un “laberinto secreto”.
Debajo del Centro Histórico sí existen estructuras y espacios de diferentes épocas y funciones:
Antiguas cavidades relacionadas con la extracción de materiales.
Aljibes y estructuras hidráulicas.
Criptas y espacios funerarios.
Subterráneos utilizados como depósitos.
Pasadizos y cavidades de dimensiones variables.
Espacios asociados con edificios religiosos y antiguos inmuebles.
Un estudio académico sobre el espacio subterráneo localizado en la escuela Vicente María Velázquez es particularmente revelador: aquello que durante años fue identificado oralmente como un “túnel” resultó ser un conjunto de espacios con características arquitectónicas propias de una estructura hidráulica.
El subsuelo de Mérida está lleno de historia, pero no todo agujero es un túnel y no todo túnel conduce a una catedral.

Cuando la leyenda se convierte en turismo

El misterio también se transformó en una experiencia turística.
El recorrido teatral Noche de Leyendas incorporó durante años los túneles de la Casa de los Ladrillos como parte de su escenografía histórica. La propia plataforma oficial de Visit Mérida incluye los túneles de la Casa de los Ladrillos entre los puntos de interés del recorrido.

La experiencia demuestra algo que sucede constantemente en las ciudades antiguas:
La leyenda no necesita ser completamente cierta para convertirse en patrimonio cultural.

Las historias transmitidas de generación en generación también forman parte de la identidad de una ciudad.

La ciudad que guarda sus secretos

Quizá la verdadera fascinación de los túneles de Mérida no está en descubrir un enorme corredor secreto bajo la Catedral.
Está en algo más complejo, cada generación recibió una historia y añadió un detalle.

Un pasadizo se convirtió en una red. una cavidad se transformó en una ruta de escape, un espacio subterráneo terminó conectado, en la imaginación popular, con un convento ubicado a kilómetros de distancia y un rumor sobre las monjas terminó convertido en una de las historias más oscuras de la Mérida colonial.

Mientras tanto, la arqueología cuenta una historia diferente: existen estructuras subterráneas reales, algunas todavía poco conocidas, pero no se ha demostrado la existencia de una red continua de túneles que conecte las principales iglesias del Centro Histórico.
Quizá algún día una nueva exploración arqueológica encuentre la pieza que falta, o quizá nunca aparezca.

Y eso, paradójicamente, puede ser lo que mantenga vivo el misterio.

Porque cuando cae la noche sobre las calles de Mérida y las fachadas coloniales comienzan a quedar en silencio, resulta inevitable imaginar que, unos metros debajo de nuestros pies, entre piedra, sascab y humedad, permanece una parte de la ciudad que todavía no ha contado toda su historia.

Mérida no necesita un laberinto de cien kilómetros para ser misteriosa.
Le basta con lo que realmente existe bajo sus calles.
Y con todo aquello que todavía no sabemos interpretar.

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Crónicas UrbanasPor Gerardo ReynosoI Feel It ComingLa canción la escuché el 19 de noviembre de 2016.Enfrente de la Clíni...
13/08/2026

Crónicas Urbanas

Por Gerardo Reynoso

I Feel It Coming

La canción la escuché el 19 de noviembre de 2016.
Enfrente de la Clínica Especializada en Ginecología Número 4 del IMSS, ubicada en el Pedregal, había un café muy pequeño, de apenas cuatro mesas y un taburete para compartir.

Recuerdo que, después de un día tan loco, en el que recibí reportes médicos, sentencias y condolencias -me decían que Dereck no duraría vivo más de dos días- crucé la calle y pedí un café.

Tengo la manía de llevar mis audífonos para hablar por teléfono.
Así que me los coloqué y prendí la aplicación de radio CDMX que, 20 días antes, había descargado para escuchar estaciones de mi pueblo, en medio de la vorágine.

Cuando sintonicé Exa FM, sonaba I Feel It Coming y, de inmediato, pensé que era una remasterización de alguna canción de Michael Jackson.

Me atrapó de inmediato.

Flui con el sonido mientras le daba un trago grande al café caliente.

Cerré los ojos y entré en un viaje de tranquilidad efímera.

Durante los cuatro minutos que duró la canción, sentí que todo se detenía y que la adversidad no entraba en esa capa musical que había obtenido durante ese instante.

En ese pequeño viaje, supe que tendría que tomar mucha fuerza para lo que seguía.

Tenía mucho miedo y no se lo dije a nadie.

El miedo era hacia mí mismo y, aunque rezaba porque acabara pronto, la realidad es que se iba a poner peor.

Por eso I Feel It Coming me gusta mucho, porque en aquel instante me tranquilizó tanto que la traduje como paz.

La letra, más o menos, habla de eso, de pensar que va a estar bien.

Hoy que la volví a escuchar mientras iba por las cenizas de mi papá, ya pude entender mejor el mensaje.

Y el mensaje es lo que tenemos tú y yo ahora, un paso a paso, caminar juntos y creer en crecer.
Despacio y sin prisa.

Quizá por eso hoy entiendo de otra manera lo que Abel Makkonen Tesfaye escribió en I Feel It Coming.

No sé qué mujer, qué momento o qué historia personal había exactamente detrás de aquellas palabras. Lo que sí sé es lo que yo escucho en ellas.

Escucho a alguien diciéndole a otra persona que no tenga miedo, que no hace falta correr, que pueden avanzar poco a poco. Que después de haber sufrido también es posible volver a confiar.

Y esa es mi lectura de Abel antes de convertirse por completo en The Weeknd que todos conocemos.

La de un chico de Toronto escribiendo sobre la posibilidad de acercarse a alguien sin
precipitarse, de dejar que las cosas ocurran a su tiempo.

Después apareció Daft Punk, una de mis bandas favoritas, y envolvió esa idea en una mezcla de vida y sonidos que terminó convirtiendo la canción en algo mucho más grande.

Tal vez por eso aquella tarde de 2016 yo no escuché solamente una canción.

Escuché paz.

Hace diez años fue una calma.

Hoy es sentimiento...



The Weeknd

FUERTE TERREMOTO SACUDE COLOMBIAUn terremoto de magnitud 7.4 tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, Colombia, ...
10/08/2026

FUERTE TERREMOTO SACUDE COLOMBIA

Un terremoto de magnitud 7.4 tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, Colombia, provocando daños graves en la zona, personas heridas y afectaciones en edificios.

🌐 El movimiento también fue perceptible en Ecuador y Panamá, generando alarma entre la población.

⚠️ Autoridades mantienen la atención en la zona para evaluar la magnitud de los daños y posibles réplicas.

LAS CUEVAS DE LOS MU***OSEl misterio de los huesos detrás del Panteón de DoloresPor PeregrinerosEn una de las zonas meno...
10/08/2026

LAS CUEVAS DE LOS MU***OS

El misterio de los huesos detrás del Panteón de Dolores
Por Peregrineros

En una de las zonas menos conocidas del Bosque de Chapultepec existe un lugar que durante décadas ha alimentado historias de muerte, rituales y osamentas abandonadas.

Son unas cuevas localizadas en la Tercera Sección del bosque, en las inmediaciones del Panteón Civil de Dolores. No aparecen en los recorridos turísticos tradicionales y, aunque en redes sociales algunos las llaman “las catacumbas de Chapultepec”, ese nombre no corresponde a una denominación oficial.

Lo que sí existe —y está documentado— es algo mucho más inquietante: cráneos y restos humanos encontrados dentro de una de esas cavernas.

El hallazgo que abrió el misterio

El 13 de mayo de 1998, el periódico La Jornada, publicó una noticia que parecía salida de una novela policiaca.

En una cueva ubicada en el llamado “corredor de los conejos”, en la Tercera Sección de Chapultepec y cerca del Panteón de Dolores, fueron localizados al menos 50 cráneos humanos, además de numerosos restos óseos.

El hallazgo tenía un detalle todavía más perturbador.

Tres de los cráneos presentaban orificios que, según las primeras inspecciones, parecían haber sido provocados por impactos de arma de fuego. Algunos tenían además inscripciones como “Salud 14”, “Monja Feliciano 14” y “María 14”.

Los cráneos estaban colocados en hilera alrededor de una parte de la caverna. Al fondo aparecieron huesos de extremidades, omóplatos y pelvis.
La Policía Judicial y personal de Servicios Periciales de la entonces Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal ingresaron a la cueva para realizar una inspección.

La investigación también llevó al descubrimiento de otras tres cavernas en la zona.

En ellas no se localizaron más osamentas durante aquella primera revisión, aunque sí fueron encontrados otros objetos.

¿Eran restos del Panteón de Dolores?

Esta fue una de las primeras preguntas que surgieron después del hallazgo.
La cercanía entre las cuevas y el cementerio alimentó inmediatamente la hipótesis de que algunos restos humanos pudieran haber terminado allí después de movimientos, exhumaciones o modificaciones en los terrenos del camposanto.

Pero aquí es necesario hacer una pausa.

No existe evidencia documental suficiente para afirmar que los 50 cráneos encontrados en 1998 fueran víctimas de una masacre, de ejecuciones clandestinas o de algún episodio relacionado con 1968 o el terremoto de 1985.

Esas versiones circulan desde hace años entre exploradores urbanos y usuarios de redes sociales, pero no deben presentarse como hechos.
La explicación relacionada con la historia del cementerio resulta mucho más plausible, aunque también requiere pruebas documentales y forenses para establecer exactamente de dónde procedieron los restos.

Un cementerio que cambió con la ciudad

El Panteón Civil de Dolores es uno de los grandes cementerios históricos de la Ciudad de México.

Con el crecimiento urbano y las transformaciones del Bosque de Chapultepec, los límites y usos de los terrenos alrededor del camposanto cambiaron.

Décadas después del hallazgo de 1998, las cuevas volvieron a llamar la atención pública.

Reportajes recientes han señalado la existencia de restos humanos en cavernas de la zona y han relacionado su presencia con antiguos espacios funerarios y con modificaciones sufridas por el perímetro del cementerio.
Algunas personas que conocen el área sostienen que ciertos restos pudieron quedar fuera del perímetro actual del panteón después de antiguas exhumaciones.

Pero esta versión todavía necesita ser confrontada con archivos históricos, registros del cementerio y estudios antropológicos.
El dato que vuelve a poner todo bajo la lupa
En noviembre de 2025 ocurrió algo que cambia completamente la perspectiva de esta historia.

Autoridades capitalinas comenzaron un proceso para recuperar e identificar restos humanos depositados en las fosas comunes del Panteón Dolores.
La primera etapa se concentró en una de esas fosas.

Según información publicada por La Jornada, el conjunto de fosas comunes comprende 75 fosas y una de ellas estaría conformada por 15 niveles con 287 personas; de ellas, 67 tenían hipótesis de identidad y 102 permanecían como personas desconocidas.

Posteriormente, El Universal informó que durante la primera etapa de exhumaciones fueron recuperados 23 individuos: 21 personas y dos fetos, cuyos restos fueron enviados a procesos periciales para intentar establecer su identidad.

El procedimiento contempla estudios genéticos, odontológicos y otros análisis forenses.

La historia adquiere así una nueva dimensión.

Ya no se trata solamente de una leyenda sobre huesos escondidos en una cueva.

El propio Panteón Dolores conserva una historia funeraria compleja, con restos humanos cuya identidad en algunos casos todavía se intenta establecer.

Las cuevas y los rituales

Existe otro capítulo.

En años recientes, exploradores urbanos y visitantes han documentado dentro de algunas cavernas restos humanos mezclados con objetos que parecen haber sido utilizados en prácticas rituales.

Veladoras, recipientes, figuras y otros objetos han alimentado las historias sobre supuestos rituales esotéricos.

Pero aquí también hay que distinguir entre el pasado y el presente.
Un hueso antiguo podría proceder de un contexto funerario.
Una vela o un altar encontrado actualmente dentro de una cueva podría haber sido colocado décadas después.

Por eso, encontrar ambos elementos en el mismo sitio no demuestra que los restos humanos hayan sido utilizados originalmente para rituales.

¿Y las víctimas del 68?

Una de las versiones más oscuras asegura que algunas de las osamentas podrían pertenecer a personas asesinadas durante la represión del movimiento estudiantil de 1968.

Otra teoría popular relaciona los restos con las víctimas del terremoto de 1985.

Hasta ahora, no se cuenta con documentación oficial que permita sostener ninguna de las dos versiones como un hecho comprobado.
La historia resulta atractiva, pero precisamente por eso exige mayor rigor y muchas preguntas por contestar.

Y quizá la pregunta más importante:

¿Por qué, casi tres décadas después, seguimos sin conocer públicamente una explicación definitiva sobre aquel hallazgo?

Una historia que todavía tiene páginas en blanco

La historia de las cuevas detrás del Panteón Dolores tiene dos caras.
Una pertenece al terreno de la leyenda: túneles secretos, ejecuciones, rituales y supuestas conexiones con episodios oscuros de la historia de la Ciudad de México.

La otra está documentada.

En 1998 fueron encontrados al menos 50 cráneos y numerosos restos humanos dentro de una cueva de Chapultepec. Algunos cráneos presentaban orificios aparentemente producidos por arma de fuego.
En 2025 comenzaron trabajos de recuperación e identificación de restos de las fosas comunes del Panteón Dolores.

Entre ambas fechas transcurrieron casi 27 años.

Y en ese intervalo, las cuevas se convirtieron en uno de esos lugares donde la frontera entre historia y leyenda se vuelve difícil de distinguir.

Quizá las cavernas nunca fueron catacumbas.

Quizá los huesos simplemente son el resultado de la propia historia del cementerio.

O quizá algunos restos esconden una historia todavía no reconstruida.
Por ahora, la única certeza es que debajo de los árboles de Chapultepec existe un territorio funerario que todavía guarda preguntas.

Y algunas de ellas llevan casi tres décadas esperando respuesta.

Una comparación entre esos documentos podría determinar si existe alguna relación comprobable entre las osamentas encontradas en las cuevas en 1998 y los restos procedentes de las fosas comunes del Panteón Dolores.

Por ahora, la única certeza es que debajo de los árboles de Chapultepec existe un territorio funerario que todavía guarda preguntas.
Y algunas de ellas llevan casi tres décadas esperando respuesta.

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