01/09/2026
LAS TORRES DE MIXCOAC: Los fantasmas de La Castañeda
Por Redacción/Peregrineros
Donde alguna vez estuvieron los pabellones del manicomio más famoso de México, hoy se levantan edificios habitacionales. Pero la memoria de quienes vivieron, sufrieron y murieron detrás de aquellos muros todavía alimenta las leyendas de Mixcoac.
Por las calles de Mixcoac, en el sur de la Ciudad de México, se levanta hoy una de las unidades habitacionales más conocidas de la zona: las Torres de Mixcoac.
Sus edificios, jardines, estacionamientos y áreas comunes forman parte del paisaje cotidiano de miles de personas, pero debajo de ese paisaje existe otra historia.
Una historia de encierro, enfermedad, ciencia, abandono, muerte y también de miedo.
Porque antes de que aparecieran las Torres, en buena parte de aquellos terrenos se encontraba el Manicomio General La Castañeda, una institución que durante 58 años marcó la historia de la psiquiatría mexicana.
Más de 60 mil personas pasaron por sus instalaciones entre 1910 y 1968. La UNAM conserva una base de datos elaborada a partir de más de 12 mil expedientes clínicos, donde se registran datos como edad, diagnóstico, tiempo de estancia y condición de salida: muerte, fuga, remisión o salida solicitada por la familia.
Hoy La Castañeda ya no existe, pero su memoria permanece y alrededor de ella nació una pregunta que sigue alimentando la imaginación de Mixcoac:
¿Realmente desapareció La Castañeda cuando sus edificios fueron demolidos?
EL PALACIO DE LA LOCURA
La historia comenzó mucho antes de las Torres.
A finales del siglo XIX, la élite porfiriana buscaba crear un manicomio moderno, alejado del ruido de la ciudad, con aire, agua y espacios verdes. El sitio elegido fue la antigua Hacienda La Castañeda, en Mixcoac.
El proyecto fue construido por Porfirio Díaz Ortega, hijo del presidente Porfirio Díaz.
El resultado fue un enorme complejo de 24 edificios, construido sobre aproximadamente 144 mil metros cuadrados y diseñado originalmente para albergar a 1,200 pacientes.
La inauguración ocurrió el 1 de septiembre de 1910, durante las celebraciones del Centenario de la Independencia.
El lugar tenía pabellones para diferentes tipos de pacientes y hasta una granja en la parte posterior.
Había secciones para hombres y mujeres, enfermos considerados peligrosos o infecciosos, alcohólicos y epilépticos. También existían diferencias sociales entre los propios internos.
Los llamados "Distinguidos" podían tener habitaciones privadas, recibir visitas a cualquier hora, conservar objetos personales e incluso contar con médico externo, los pacientes sin recursos eran enviados a otras secciones.
LAS PUERTAS DEL IN****NO
El sueño de modernidad duró poco.
Meses después de la inauguración comenzó la Revolución Mexicana.
La Castañeda quedó atrapada en una ciudad convulsionada por la guerra, faltaron alimentos, agua, medicamentos y ropa.
Entre 1913 y 1917 hubo además una epidemia de tifo.
La propia documentación histórica de la UNAM señala que muchos pacientes ingresados entre 1914 y 1916 murieron pocas semanas después, afectados principalmente por infecciones gastrointestinales y tuberculosis.
Y la violencia llegó hasta los jardines del manicomio.
En enero de 1915 ingresaron fuerzas zapatistas y utilizaron el lugar como posición durante los enfrentamientos con tropas carrancistas.
Después llegaron los carrancistas.
Los registros históricos cuentan que los soldados corrieron a caballo por los jardines y dispararon al aire, aterrorizando a los internos. Incluso existen registros de cuatro pacientes que fueron "dados de alta" por un general zapatista para incorporarse a las filas revolucionarias.
El lugar que había sido presentado como símbolo de la ciencia comenzó a adquirir una reputación completamente distinta.
La Castañeda llegó a ser conocida popularmente como "La Locópolis" y también como un sitio relacionado con las llamadas "puertas del in****no".
Y la expresión resultaba apropiada para un lugar donde miles de personas vivirían encerradas durante décadas.
LOS MU***OS
Ésta es quizá la parte más importante de la historia, porque no hace falta recurrir a fantasmas para encontrar mu***os, los mu***os existieron.
Los archivos de La Castañeda documentan las condiciones de salida de miles de pacientes y entre ellas aparece la muerte.
La investigación histórica de la UNAM ha permitido recuperar los nombres, diagnósticos, historias familiares y destinos de numerosos internos. Pero detrás de cada expediente había una persona, un padre, una madre, un hijo, una esposa, alguien que entró por aquellas puertas y cuya vida quedó reducida a un expediente médico.
Algunos salieron, otros fueron trasladados, otros escaparon, y otros murieron allí.
Por eso una de las preguntas más inquietantes que todavía puede hacerse es:
¿Dónde terminaron los restos de quienes murieron en La Castañeda?
La respuesta no debe buscarse en rumores sobre cadáveres enterrados bajo las Torres.
Hasta ahora no existe evidencia suficiente para afirmar que haya cuerpos debajo de los edificios actuales.
Pero la pregunta histórica sí merece una investigación propia:
¿Qué ocurrió con los cuerpos de los pacientes fallecidos y con sus registros cuando La Castañeda fue clausurada?
LOS QUE ESCAPABAN
Los expedientes históricos también registran otra palabra inquietante: Fuga.
Entre las condiciones de salida de los pacientes aparecen precisamente las fugas.
Y eso alimentó una de las historias más persistentes alrededor del antiguo manicomio: la de los pacientes que lograban abandonar sus pabellones y aparecían en las calles de Mixcoac.
No era únicamente una leyenda, las fugas formaron parte de la historia documentada de la institución.
La posibilidad de que una persona escapara de un enorme complejo psiquiátrico y terminara caminando por el antiguo Mixcoac debió alimentar inevitablemente el imaginario de los habitantes. Especialmente entre los niños.
"NOS IBAN A METER CON LOS LOCOS"
Los antiguos vecinos conservan recuerdos que muestran hasta qué punto La Castañeda formaba parte de la vida cotidiana de Mixcoac.
Algunos habitantes recuerdan que de niños se acercaban a los terrenos de la institución para recoger productos de sus huertos.
Y existía una amenaza que quedó grabada en la memoria: si los trabajadores los atrapaban, los iban a meter "con los locos".
La frase puede parecer una anécdota infantil, pero revela algo mucho más profundo.
Para varias generaciones de habitantes de Mixcoac, La Castañeda no era solamente un hospital, era el lugar prohibido, el lugar al que no se debía entrar, el lugar donde estaban aquellos de quienes los adultos decían que estaban "locos".
LAS HISTORIAS QUE NACIERON ENTRE LOS MUROS
La Castañeda también fue escenario de historias extraordinarias.
Los propios expedientes contienen relatos de pacientes que aseguraban escuchar voces, tener visiones o experimentar apariciones.
La UNAM conserva, por ejemplo, documentación de pacientes cuyos escritos permiten conocer cómo ellos mismos interpretaban sus experiencias durante el encierro.
Uno de los casos corresponde a Alberto Nicolat Talocín, quien tuvo...
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