08/06/2026
El triunfo del PRI y la implosión de Morena en Coahuila.
Historias de mono 🙉
En política, pocas imágenes explican mejor una derrota que la de un incendio en la pradera. Cuando las llamas avanzan, los animales corren en todas direcciones buscando salvarse. Sin embargo, en la salida suele estar la ganancia para quien supo esperar el momento adecuado.
Eso ocurrió en Coahuila. Mientras el PRI encontró la manera de reorganizarse y capitalizar los errores de sus adversarios, Morena terminó consumido por sus propias disputas internas. Más que una derrota electoral, lo ocurrido parece una implosión provocada desde dentro.
Llorar por la supuesta compra de votos es quizá el peor camino que puede tomar una fuerza política después de perder una elección. La autocrítica siempre será más útil que las excusas. Reconocer la derrota con firmeza permite corregir errores y prevenir escenarios aún más complicados en el futuro.
En corto, los diferentes talentos y liderazgos de Morena dejaron de caminar en la misma dirección. La obsesión por meterle el pie a otros grupos internos terminó convirtiéndose en una guerra fratricida. Se desgastaron entre ellos, privilegiaron las diferencias sobre los acuerdos y olvidaron que la principal competencia estaba afuera.
Mientras unos buscaban espacios de poder, otros trabajaban para bloquear a sus compañeros. El resultado fue una organización fragmentada, incapaz de transmitir unidad ante los ciudadanos. Cuando llegó la hora de las urnas, la factura fue inevitable.
La política suele castigar la soberbia y premiar la disciplina. En Coahuila, el PRI entendió que debía aprovechar cada error de su adversario. Morena, en cambio, terminó atrapado en sus propias pugnas. Y cuando una fuerza política dedica más tiempo a pelear consigo misma que a convencer a los ciudadanos, el desenlace suele ser el mismo: perderlo todo.