12/07/2026
Hoy en día se cuestiona bajo qué fundamento existen ciertas prohibiciones, como aquella que indica que un recién iniciado no debe tomarse fotografías. Algunos argumentan que esa restricción carece de sentido porque, en los tiempos antiguos, las cámaras fotográficas no existían.
Sin embargo, ese razonamiento pasa por alto un detalle fundamental: en aquella época tampoco existían los automóviles, los aviones, las motocicletas ni la tecnología que hoy conocemos. Existían los caballos, las carretas y los espejos. A través de los signos de Ifá, nuestros mayores nos legaron innumerables enseñanzas que relatan las consecuencias de quebrantar determinados tabúes y orientaciones.
Lo verdaderamente importante es comprender que las enseñanzas no deben interpretarse únicamente de manera literal, sino también desde el principio que las originó. Por ello, en la actualidad, durante las conversaciones o itá de Osha, ya no se aconseja al recién iniciado que tenga cuidado con una carreta. En cambio, se le advierte sobre los peligros de los medios de transporte modernos: vehículos de dos ruedas, de cuatro ruedas e incluso embarcaciones que cruzan el mar. La esencia del consejo permanece intacta; únicamente cambia la forma en que se manifiesta en la vida cotidiana.
Siguiendo ese mismo criterio, también se recomienda que el recién iniciado evite tomarse fotografías o utilizar la tecnología para verse reflejado en cámaras. Si en el pasado la referencia era el reflejo en un espejo, hoy ese mismo principio puede extenderse a los dispositivos tecnológicos que cumplen una función semejante. No se trata de aferrarse a la literalidad de los objetos antiguos, sino de comprender el significado profundo de la enseñanza y aplicarlo al contexto actual.
Quizá ha llegado el momento de entender que, aunque la humanidad evolucione, la tecnología avance y las costumbres cambien, los principios que nuestros ancestros establecieron permanecen vigentes. Las formas pueden transformarse con el paso del tiempo, pero la esencia de las enseñanzas sigue siendo la misma. Es precisamente esa capacidad de adaptarse a cada época sin perder su fundamento lo que ha permitido que estas tradiciones continúen guiando a las nuevas generaciones.