30/01/2026
𝗟𝗔 𝗠𝗔𝗟𝗔 𝗟𝗘𝗩𝗔𝗗𝗨𝗥𝗔
𝑷𝒐𝒓 𝒆𝒔𝒐 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒎𝒐𝒔.
Por: El último gruñón.
“Autoridades realizan operativos sorpresa en chatarreras de la capital, por probable comercialización de metales robados de las vías del Tren Maya”. Así, con ese encabezado, diversos medios locales informaron lo que se presentó como un golpe a la delincuencia.
Pero más allá del operativo, la nota revela algo mucho más profundo y preocupante: la descomposición social que vivimos en Chetumal, en Quintana Roo y, tristemente, en gran parte del país.
No hace muchos años, las y los chetumaleños vivíamos de otra manera. Podíamos salir al parque sin miedo, nos conocíamos entre vecinos, nos cuidábamos. Había comunidad. Hoy la pregunta es inevitable: ¿Qué nos pasó?, ¿en qué momento empezamos a hacernos daño entre nosotros?
El proyecto del Tren Maya ha generado críticas legítimas —y necesarias—, pero ese debate es otro. Aquí la pregunta es distinta: ¿por qué destruirlo?, ¿por qué destruir lo que es nuestro? ¿Cuál es el afán de acabar con los espacios, obras y bienes que deberían beneficiarnos como sociedad?
El ejemplo es claro y reciente. Cuando se remodeló el Boulevard Bahía, se instalaron mesas de ajedrez al aire libre, hechas con cristales de colores, pensadas como espacios de convivencia. No pasó ni un día antes de que fueran vandalizadas y destruidas. Más rápido fue el daño que el anuncio de su inauguración.
Entonces surge una pregunta incómoda: ¿estos somos los chetumaleños?
¿Personas incapaces de cuidar lo que tenemos? ¿Eso es lo que nos distingue?
La lista es larga y cotidiana: malos conductores, basura tirada en la calle, “diablitos” colgados sin pudor, vandalismo, abuso del espacio público. Y siempre la misma excusa: “el gobierno no hace nada”, mientras en redes sociales nos dedicamos a señalar al otro, al vecino, al desconocido.
Nos hemos convertido —duele decirlo— en una sociedad que muchas veces no piensa, no razona y no actúa con humanidad. Somos como "panes con mala levadura": no inflamos, no crecemos, estamos destinados a fracasar si no cambiamos la receta. Por eso hoy cobran sentido esas películas e historias donde la humanidad es erradicada para empezar de nuevo.
¿La solución? Claro que se necesitan sanciones más duras y un sistema de justicia más fuerte. Pero seamos honestos: nada va a cambiar si no existe voluntad social de amar lo nuestro, de respetar nuestra tierra y a quienes la habitamos.
Es momento de un cambio real:
de ser buenos vecinos,
de respetar las leyes,
de dejar de normalizar el abuso,
y, sobre todo, de educar a nuestras hijas e hijos con el ejemplo.
Chetumal para los chetumaleños, sí.
Pero para aquellos que verdaderamente aman esta tierra.
¿Usted qué opina?