26/05/2026
Por J. Carlos Diaz. M.- La política en Chilpancingo no da tregua. Hoy el análisis obliga a mirar con más detalle a los nombres, los grupos y las contradicciones que ya se mueven rumbo a 2027.
Hay un dato clave que no se puede perder de vista: la capital del estado, el segundo municipio más grande de Guerrero, hoy no es gobernado por Morena. Y ese, más que un dato, es un reto político de primer orden: recuperarlo. Sin embargo, en política nada está escrito, y menos cuando el propio partido dominante parece empeñado en complicarse el camino.
En la carrera ya aparecen de todo tipo de perfiles: los aspirantes naturales, los que se promueven a golpe de encuestas, los que no tienen arraigo ni en Morena ni en Chilpancingo, los llamados “grises” y, por otro lado, los liderazgos que el pueblo sí reconoce por su constancia y convicción.
Entre ellos figura Ricardo Castillo Peña, un actor que ha buscado la alcaldía en más de una ocasión sin lograr concretarlo. Su nombre aparece de nuevo, como una constante en la política local: querer, pero no poder.
También está el actual diputado local Héctor Basurto, a quien algunas voces describen con una frase tan coloquial como lapidaria: “ni hiede, ni huele”. Un perfil que no genera rechazo, pero tampoco entusiasmo. Su aspiración a la alcaldía parece más un deseo personal que una posibilidad real, no necesariamente por falta de trabajo legislativo o experiencia, sino por una variable más compleja: la cercanía y competencia con su propio compañero Jesús Uriostegui.
Y es ahí donde entra el factor clave: Jesús Urióstegui García, actual presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local. Un personaje que hasta hace poco era prácticamente desconocido en la escena pública de Chilpancingo, con pasado en el PRI y sin trayectoria dentro de la izquierda histórica de Guerrero. Hoy, sin embargo, aparece como puntero en diversas mediciones.
Urióstegui representa bien una de las tensiones actuales de Morena: cuadros que no son fundadores, que no vienen de la lucha inicial del movimiento, pero que hoy se asumen como “morenistas de hueso colorado”. O, como dirían algunos con ironía, más interesados en el “hueso guinda” que en la causa.
Su crecimiento no es casual. Se le atribuye según comentarios de la ciudadanía el respaldo del senador, así como el uso de recursos públicos desde el control del Congreso local para posicionar su imagen en la capital. Para sus críticos, es un político nuevo en la izquierda, sin arraigo real en el partido ni en su estructura orgánica.
El problema de fondo no es solo que ambos Urióstegui y Basurto aparezcan en las encuestas, sino que pertenecen al mismo equipo político. ¿Cómo resolverán esa disputa interna? ¿Quién cederá? ¿Se impondrá alguno de los 2?
Pero el escenario no se agota en ellos. Porque hay una variable que cada vez toma más fuerza: ¿y si la candidatura termina siendo para una mujer?
Ahí aparece Diana Bernabé Vega, diputada local, fundadora de Morena y parte del grupo que fundó morena desde sus inicios en Guerrero. se dice que su principal fortaleza no está solo en su trayectoria, sino en su congruencia.
Diana Bernabé Vega no es una figura cómoda para todos. Sus posturas y declaraciones suelen incomodar a sectores de la clase política, pero al mismo tiempo le han generado respaldo ciudadano. Cada vez que habla, fija posición. Y eso, en un entorno de perfiles “grises”, pesa.
A diferencia de otros actores, no ha perdido contacto con su territorio, ha mantenido presencia y ha sabido leer el ánimo social. Aunque en las encuestas suele aparecer en tercer lugar, hay un elemento que no se mide fácilmente: la conexión con la gente. Y aun cuando aparece en esa posición en muchas mediciones, si la definición de la candidatura recae en una mujer, todo apunta a que sería ella. Sin buscarlo abiertamente, el reconocimiento ciudadano la ha ido colocando como la puntera entre las mujeres con liderazgo en morena rumbo a la capital. Y en Chilpancingo, cada vez más voces empiezan a colocar su nombre como una opción real.
Así, el tablero se complica: dos perfiles que crecen desde el mismo grupo político, y una figura femenina con arraigo en morena y respaldo social que podría cambiar la ecuación.
La pregunta ya no es solo quién quiere ser candidato, sino quién puede sostener una candidatura sin romper al partido.
Porque si algo ha quedado claro en Chilpancingo, es que Morena puede ganar… o perder. Y muchas veces, la diferencia no está afuera, sino dentro, donde desde la base militante emane el candidato o candidata de la 4T para recuperar la capital guerrerense.
Al tiempo.