07/12/2025
No sé si a ustedes también les pasa que, como yo, relacionan el mes de diciembre con poner orden, depurar, hacer limpieza de lo tangible y lo no tangible, como si tuvieran que resolver todo antes de que termine el año, para iniciar el siguiente como un ‘lienzo en blanco’.
Últimamente me ha estado pasando justo eso, han venido a mi mente distintos temas como asignaturas pendientes, todos queriendo ser atendidos al mismo tiempo. Y en esa urgencia por sanar, me saturé emocionalmente. Me estaba presionando por sanar rápido, por llegar a conclusiones y ponerle un punto final a cada tema que absorbía mi atención, todo era: ya ya ya.
Entiendo que esta misma prisa puede venir desde la protección, de querer “empezar sin pendientes”, desde un deseo quizá primitivo de poner todo en su cajita, y en algunos casos, no querer volver a abrirla jamás.
Les confieso que aunque he disfrutado mucho este 2025, tengo algunos duelos pendientes del año anterior, situaciones que de vez en cuando empañaban como me sentía en este. Creo que por eso comenzó esta urgencia por reponerme antes del año nuevo, de alguna manera creí que de no hacerlo, los llevaría cargando otra vez durante el 2026.
Y aunque creo que el anhelo de empezar de cero es válido, también creo que es poco realista, al menos para mí. Así que decidí empezar el siguiente año con historia, con heridas abiertas, con aprendizajes a medias y duelos inconclusos.
Elegí llegar honesta en lugar de impecable. Porque si algo he aprendido es que el cierre emocional no se fuerza, se acompaña.
Y la urgencia de sanar… muchas veces sólo es miedo a sentir.