18/08/2026
May Dixon, la mujer que cruzó fronteras para educar en la Sierra Tarahumara🖋🌲🌲⌛️Fundó su instituto en San Juanito, Chihuahua.
Mucho antes de que la educación llegara de manera amplia a las comunidades de la Sierra Tarahumara, una mujer procedente de Estados Unidos decidió establecerse en la región y dedicar buena parte de su vida a la enseñanza. Su nombre quedó registrado en documentos oficiales como Dixon Edwards Alta May, aunque en la historia educativa de San Juanito sería conocida como Miss Dixon.
Los documentos migratorios conservados por el Archivo General de la Nación permiten reconstruir parte de su historia. En su registro aparece como ciudadana norteamericana, soltera, profesora y de religión protestante. El expediente señala que nació en 1905 y que ingresó a México por Ciudad Juárez. Para enero de 1938 ya tenía registrada su residencia en Bocoyna, Chihuahua.
Su llegada ocurrió en una época en la que la Sierra Tarahumara enfrentaba grandes dificultades de comunicación, infraestructura y acceso a la educación. Las comunidades se encontraban alejadas de los principales centros urbanos y la presencia de maestros preparados era limitada.
En ese contexto, May Dixon decidió permanecer en la región.
De acuerdo con una investigación sobre la historia de la educación en San Juanito, en 1932 abrió el Colegio Dixon, considerada la primera escuela particular de esa localidad. La institución comenzó como un internado destinado a niñas indígenas, precisamente porque Dixon observaba las pocas posibilidades que tenía este sector para acceder a la educación.
El proyecto educativo crecería con el paso de los años. En 1942 el Colegio Dixon se convirtió en internado mixto y ofreció educación básica a niñas y niños. Además de las materias escolares, los estudiantes participaban en talleres y actividades relacionadas con la vida cotidiana del internado, entre ellas tejido, carpintería, cuidado de animales, hortalizas y otras labores.
La escuela también terminó convirtiéndose en un espacio de formación de maestros. May Dixon buscaba que quienes trabajaban en el colegio pudieran continuar preparándose y gestionaba oportunidades para que estudiaran en Chihuahua, particularmente en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio.
Así, el Colegio Dixon no solamente impartió educación básica. Con el tiempo se convirtió en un semillero de maestros que posteriormente llevaron sus conocimientos a otras comunidades de la Sierra.
La propia investigación académica concluye que la institución representó una oportunidad particularmente importante para jóvenes de la región, muchos de los cuales difícilmente habrían podido acceder a una formación magisterial por otras vías.
Esos documentos permiten mirar a May Dixon no solamente como una extranjera que llegó a la Sierra, sino como una mujer que tomó la decisión de hacer de esta región su lugar de vida y de trabajo.
Su historia transcurrió en una Sierra muy distinta a la que conocemos actualmente. San Juanito apenas comenzaba a consolidarse como una comunidad vinculada al ferrocarril y a la actividad forestal, mientras el acceso a la educación seguía siendo limitado.
En medio de esas condiciones, May Dixon construyó una institución que permaneció durante décadas y que dejó generaciones de estudiantes.
May Dixon dejó su tierra de origen para internarse en una región que para muchos habitantes de Estados Unidos debió parecer distante y desconocida. En la Sierra Tarahumara encontró el lugar donde desarrollaría su vocación educativa.
Y fue precisamente ahí, en Bocoyna, donde su nombre quedó ligado a una de las primeras experiencias de educación particular de San Juanito y a una historia que todavía forma parte de la memoria educativa de la Sierra.