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TRÁGICO FINAL. Una querida superestrella falleció esta mañana en un trágico accidente automovilístico. Cuando descubras ...
09/01/2026

TRÁGICO FINAL. Una querida superestrella falleció esta mañana en un trágico accidente automovilístico. Cuando descubras quién es, llorarás: Lee el primer comentario.

Un clavo de 7,5 cm le atravesó el cerebro y, de alguna manera, este niño sobrevivió.
09/01/2026

Un clavo de 7,5 cm le atravesó el cerebro y, de alguna manera, este niño sobrevivió.

La niña dijo al 911: “Fueron mi papá y su amigo” — y todos rompieron en llanto.Vanessa Gómez había aprendido a reconocer...
09/01/2026

La niña dijo al 911: “Fueron mi papá y su amigo” — y todos rompieron en llanto.

Vanessa Gómez había aprendido a reconocer llamadas falsas, bromas, exageraciones.
Pero la llamada que entró a las 2:17 p. m. la obligó a contener la respiración.

—“911. ¿En qué puedo ayudarle?”

Nada.

Solo silencio.

Después, una voz infantil, frágil, temblando como una hoja:

—“Eran mi papá y su amigo… por favor…”

Vanessa se inclinó hacia la pantalla.

—Estoy aquí, cariño. ¿Cómo te llamas?

—“Liliana.”
La niña tragó saliva.
“Tengo ocho años. Me duele mucho la panza… no para de crecer.”

El sonido lejano de caricaturas llenaba el fondo de la llamada. Ningún adulto. Ningún paso.

—Liliana, ¿dónde están tus papás ahora?

—“Mamá está dormida. Dice que su cuerpo está luchando.”
Hizo una pausa.
“Papá se fue.”

Vanessa frunció el ceño.

—¿Qué ocurrió antes de que empezara el dolor?

La respuesta llegó en forma de confesión inocente… y devastadora.

—“Papá vino con su amigo. Me dieron comida y agua.”
La respiración de Liliana se volvió irregular.
“Después me dolió mucho. Y ahora nadie quiere llevarme al médico.”

Vanessa levantó la mano para pedir una patrulla de inmediato.

—Escúchame, Liliana. Un policía va a ayudarte. ¿Puedes mirar afuera?

Pasos pequeños.
Un suspiro.

—“Ya llegó.”

—Muy bien. Abre la puerta cuando toque y quédate conmigo.

El agente López avanzó hacia la casa humilde de la calle Maple…
sin saber que, en cuestión de minutos, una frase dicha por una niña cambiaría el destino de varias vidas.

Volvió como héroe de guerra… y encontró a su hija olvidada entre el barro. Lo que hizo después nadie lo esperaba.Tomás H...
09/01/2026

Volvió como héroe de guerra… y encontró a su hija olvidada entre el barro. Lo que hizo después nadie lo esperaba.

Tomás Herrera regresó con el uniforme aún oliendo a polvo y metal.
Con cicatrices visibles… y otras que nadie veía.

Apenas cruzó la verja, escuchó el llanto.

No provenía de la casa.
Venía de atrás.
Del lugar donde nadie debería vivir.

De la pocilga.

Su corazón, entrenado para resistir el caos, se quebró en silencio.

Allí, entre paja sucia y sombras, estaba Alma.
Su hija.
La razón por la que había sobrevivido a cada misión.

Dormía encogida, como si intentara desaparecer.

Antes de llegar, Tomás había pasado horas en un autobús viejo, con una mochila gastada sobre las piernas y una carta en la mano.
Una carta escrita con miedo.

“Papá, no le digas a nadie que te escribí. Si se enteran, rompen mis cosas. A veces me dejan afuera toda la noche.”

Cada carta había sido abierta.
Leída.
Censurada.

El conductor del autobús rompió el silencio:
—“Solo los soldados miran así… como si estuvieran regresando a algo peor que la guerra.”

Tomás no respondió.

Ahora entendía por qué.

El pueblo creía conocer a Tomás Herrera.
Creía saber cómo reaccionaría un hombre entrenado para la violencia.

Pero se equivocaron.

Porque lo que Tomás hizo al ver a su hija allí…
no fue gritar.
No fue golpear.
No fue huir.

Fue algo mucho más poderoso.

Y cuando el pueblo lo descubrió, ya nada volvió a ser igual…

Un niño queda abandonado durante una mudanza. Lo que sucede días después heló la sangre de todos…—«¡Mamá! ¡Papá! ¡No se ...
09/01/2026

Un niño queda abandonado durante una mudanza. Lo que sucede días después heló la sangre de todos…

—«¡Mamá! ¡Papá! ¡No se vayan! ¡Estoy aquí!»

Los gritos de Nico resonaban desesperadamente dentro de la casa vacía mientras sus pequeñas manos golpeaban el vidrio con una fuerza nacida del pánico. A través de las lágrimas, veía cómo el coche familiar se alejaba, cada vez más pequeño, hasta convertirse en un punto lejano.

Era imposible.
Tenía que ser un error.

Nico estaba convencido de que todo se resolvería en segundos. Que su familia se daría cuenta. Que regresarían riendo, avergonzados. Que lo abrazarían y le pedirían perdón.

Pero nada ocurrió.

El coche no regresó.
El camino quedó vacío.
Y el silencio se volvió aterrador.

El niño dio varios pasos hacia atrás, sintiendo cómo sus piernas comenzaban a temblar. Entonces comenzó a correr por la casa, llamando a sus padres, revisando cada habitación, cada rincón.

La casa estaba desierta.
Sin muebles.
Sin comida.
Sin agua.

Intentó abrir la puerta principal. Cerrada con llave.
Probó las demás. Todas cerradas.

El miedo se convirtió en desesperación. El tiempo empezó a perder sentido. El hambre, la sed y el cansancio se apoderaron de su pequeño cuerpo.

Días después, cuando un misterioso nuevo propietario llegó para revisar la casa… lo que encontró en su interior no se parecía en nada a un niño.

Era algo mucho más aterrador.

Pero esa parte de la historia… aún no ha sido contada.

En el mismo funeral, una madre abrió el ataúd sin decir una palabra… y el silencio posterior fue más aterrador que cualq...
08/01/2026

En el mismo funeral, una madre abrió el ataúd sin decir una palabra… y el silencio posterior fue más aterrador que cualquier grito.

Rosaura quedó embarazada joven, sin planes y sin respaldo. El padre del bebé huyó y, antes de hacerlo, intentó destruirla emocionalmente, insistiendo en que abortara, en que su hijo sería una carga.

No tenía trabajo estable, ni apoyo familiar. Sus padres se negaron a ayudarla. Durante días se preguntó cómo sobreviviría.

Fue entonces cuando apareció Doña Beatriz, una anciana que ofrecía ayuda sin condiciones. Le dio un techo modesto y trabajo en una panadería. Rosaura aceptó con humildad.

Los meses siguientes fueron duros. Amaneceres fríos, pies cansados, jornadas largas. Pero nunca se rindió.

Cuando Mateo nació, Rosaura encontró su razón de vivir.

Todo lo hizo por él. Nunca volvió a salir con nadie. Trabajó sin descanso. Estuvo presente en cada etapa, cada logro, cada caída. Mateo creció en un hogar sencillo pero lleno de esfuerzo y amor.

Con los años, Rosaura logró independencia. Mateo destacó en la escuela y en el deporte. Era responsable, disciplinado y ambicioso.

Al terminar la preparatoria, obtuvo una beca universitaria. Rosaura lo apoyó aunque le doliera la distancia.

En la universidad, Mateo conoció a Camila. Juntos fundaron una empresa tecnológica enfocada en apuestas digitales, que creció más rápido de lo que nadie imaginó.

Años después, en un funeral silencioso, Rosaura se acercó al ataúd, respiró hondo y lo abrió frente a todos.

Lo que había dentro no era lo que esperaban.

Y ese instante marcó el comienzo de una verdad que nadie estaba listo para escuchar…

“Hay un hombre con una máscara debajo de mi cama.”Eso fue lo que dijo la niña. Y nadie la creyó… hasta que las cámaras h...
08/01/2026

“Hay un hombre con una máscara debajo de mi cama.”
Eso fue lo que dijo la niña. Y nadie la creyó… hasta que las cámaras hablaron.

La noche caía lentamente sobre la ciudad.
Las luces de las farolas se reflejaban en el asfalto húmedo mientras la gente seguía con su vida: pasos rápidos, conversaciones lejanas, puertas cerrándose. Nada parecía fuera de lugar.

Una patrulla policial recorría la zona con calma. Kowalev conducía con una mano en el volante; Melnikova observaba la calle con atención.

—Demasiado tranquila —murmuró Kowalev—. No me gusta.

—Cuando dices eso, algo siempre pasa —respondió ella.

Y pasó.

Una niña pequeña salió corriendo de un edificio, llorando, sin zapatos, con un pijama infantil. Corría como si algo la persiguiera.

—¡Eh! —Kowalev frenó de golpe.

Melnikova se agachó frente a la niña.

—¿Qué ocurre?

—¿Ustedes son policías? —preguntó ella, con los labios temblando.

—Sí. Estás a salvo.

—Hay… hay un hombre debajo de mi cama. Tiene una máscara.

El silencio fue inmediato.

—¿Dónde está tu mamá? —preguntó Kowalev.

—En el baño. Le dije… pero no me creyó.

Melnikova tomó suavemente la mano de la niña.

—Cuéntanos todo.

—Me desperté y lo vi. Estaba escondido. Pensó que dormía. Tenía ropa negra… y una máscara.

La sinceridad en su voz erizó la piel de ambos agentes.

—Vamos a revisar —decidió Melnikova.

En el apartamento, la madre se disculpaba una y otra vez.

—Mi hija tiene miedo a la oscuridad —decía—. Siempre inventa cosas.

La habitación estaba ordenada.
La cama, baja.
Debajo… nada.

—¿Ves? —suspiró la madre.

La niña negó con la cabeza.

—Se fue. Pero estaba ahí.

Kowalev exhaló con duda. Melnikova, en cambio, se giró hacia el pasillo.

—¿Dónde están las cámaras del edificio?

Minutos después, frente a la pantalla, el color abandonó sus rostros.

Porque el video mostraba algo que nadie esperaba ver…

Samuel Walker lo tenía todo. Desde la cima de la Torre de Central Park, observaba Manhattan como si fuera su tablero per...
08/01/2026

Samuel Walker lo tenía todo. Desde la cima de la Torre de Central Park, observaba Manhattan como si fuera su tablero personal. Millones en el banco, poder absoluto, respeto internacional. Sin embargo, en su interior vivía una soledad que ningún contrato había logrado borrar.

Hubo una época en que su corazón estaba completo. Sarah, su esposa, era su refugio. Emily, su hija, su mayor alegría. Pero la tragedia llegó sin avisar: Sarah murió dando a luz a Michael. Desde ese día, Samuel se rompió en silencio. No supo cómo ser padre sin ella. No supo cómo quedarse.

Se refugió en el trabajo y dejó a sus hijos al cuidado de Verónica, la mejor amiga de Sarah. Creyó que era lo correcto. Al principio, Verónica parecía dedicada, atenta, imprescindible. Pero con el paso del tiempo, la casa cambió. Se volvió más oscura. Más fría. Más callada.

Emily dejó de sonreír. Michael se volvió retraído. Samuel lo notaba, pero siempre desde la distancia, desde llamadas cortas y visitas fugaces. Se decía a sí mismo que todo estaba bien.

Hasta que una noche, algo lo empujó a volver antes. Sin aviso. Sin preparación.

Entró en su mansión esperando abrazos. Encontró silencio.

Y entonces escuchó la súplica.

—Por favor… por favor, ya basta… no le hagas daño a Michael…

La voz de Emily temblaba como cristal a punto de romperse. Samuel sintió que la sangre se le helaba. Avanzó por el pasillo con el corazón desbocado, rezando para haber escuchado mal.

Pero no había error.

Al llegar a la sala, la escena ante sus ojos lo dejó sin aliento.

Su realidad se quebró en un solo instante…

Me casé con un hombre ciego para esconder mis cicatrices… pero en nuestra noche de bodas me confesó algo que jamás esper...
08/01/2026

Me casé con un hombre ciego para esconder mis cicatrices… pero en nuestra noche de bodas me confesó algo que jamás esperé oír.

A los veinte años, el fuego me robó la seguridad.
Una explosión de gas. Un segundo eterno.
Después, cicatrices que nadie sabía mirar sin apartar los ojos.

Mi rostro dejó de ser mío.
Mi cuello. Mi espalda.
Todo parecía contar una historia que yo no quería repetir.

Aprendí a desaparecer.
A no mirarme.
A no soñar con amar.

Hasta que llegó Obinna.

Ciego. Profesor de música.
Me amó sin verme. Sin juzgarme. Sin preguntarme nada que doliera.
Solo me escuchó… y eso fue suficiente.

Un año después, me pidió matrimonio.
El mundo se rió.

—“Es fácil amar cuando no puedes ver”.

Yo respondí con dignidad:

—“Es más difícil amar cuando solo sabes juzgar”.

La boda fue sencilla. Íntima.
Vestido cerrado. Música suave. Por primera vez, paz.

Esa noche, ya solos, Obinna tocó mis manos con cuidado.
Mi rostro.
Mis brazos.

—“Eres más hermosa de lo que soñé”, dijo.

Lloré.
Hasta que agregó:

—“Porque ya te había visto”.

El aire se fue de mis pulmones.

—“¿Cómo…?”

—“Recuperé la vista parcialmente hace meses. No dije nada. Quería elegirte sin ruido”.

—“¿Y cuando me viste?”

—“Lloré. Por tu valentía. No por tus marcas”.

Me vio.
Y aun así, me eligió.

Ahora camino erguida.
Porque ya no me escondo de nadie.
El amor verdadero me vio… y se quedó.

Volvió del ejército como heroína… y descubrió el in****no escondido dentro de su propia casaLaura Mendoza había sobreviv...
07/01/2026

Volvió del ejército como heroína… y descubrió el in****no escondido dentro de su propia casa

Laura Mendoza había sobrevivido a emboscadas, explosiones y noches sin dormir. Creía haber visto lo peor del ser humano.

Se equivocaba.

Desde el momento en que bajó del autobús, algo la alertó. No fue el lugar. Fue la gente.

Demasiado educados. Demasiado callados.

La casa estaba abierta. El jardín mu**to.

Cuando gritó el nombre de su madre y no hubo respuesta, supo que algo iba muy mal.

El sonido de una cadena rompiendo el silencio le heló la sangre.

Encontró a Carmen sentada en el suelo, encadenada, con marcas antiguas en las muñecas.

—«No confíes en nadie», murmuró su madre. «Ellos dijeron que te habían matado…».

Laura sintió que el aire se le iba.

—«¿Quiénes?» —preguntó, aunque ya sabía que la respuesta sería peor de lo que imaginaba.

Carmen cerró los ojos.

—«La gente que sonríe cuando pasas».

Laura apretó los puños.

La guerra no había terminado.
Solo había cambiado de escenario.

Creyeron que expulsarme bajo la lluvia con mi bebé sería el final… se equivocaronLa lluvia caía como si el cielo también...
07/01/2026

Creyeron que expulsarme bajo la lluvia con mi bebé sería el final… se equivocaron

La lluvia caía como si el cielo también me estuviera juzgando. Estaba de pie frente a la mansión Whitmore, empapada, sosteniendo a mi hija recién nacida. El cuerpo me temblaba, pero la herida más profunda era invisible: la traición.

Las puertas se cerraron detrás de mí.
No hubo despedida.
No hubo compasión.

Nathan, mi esposo, permanecía inmóvil junto a sus padres. Su madre habló por él:
“Este niño no pertenece a nuestra familia.”

Nathan solo murmuró:
“Vete, Claire.”

No tuve fuerzas para responder. Abracé a Lily con desesperación.
“Estoy contigo… siempre.”

Caminé bajo la tormenta sin rumbo. Sin dinero. Sin hogar. Observada desde lejos como un error que querían borrar.

Viví semanas en refugios, estaciones, autobuses nocturnos. Vendí todo lo que poseía. El violín de mi infancia fue lo único que conservé… y lo que nos salvó.

Tocaba en el metro. Cada moneda era una victoria. Nunca rogué. Nunca bajé la cabeza.

Un pequeño estudio en Queens se convirtió en nuestro hogar. Gracias a una mujer bondadosa que vio en mí algo más que mis harapos.

Trabajaba de día. Pintaba de noche. Lily dormía cerca, ajena al pasado que intentaron arrebatarnos.

No tenía lujos.
Tenía dignidad.
Tenía propósito.

Y mientras mi hija sonreía en sueños, supe que lo que venía después haría temblar a quienes creyeron haberme destruido…

La camarera adolescente sonrió… y el multimillonario entendió que había vivido una mentira durante 15 años.Nathaniel Ste...
07/01/2026

La camarera adolescente sonrió… y el multimillonario entendió que había vivido una mentira durante 15 años.

Nathaniel Sterling había construido un imperio y una reputación basada en el control absoluto. No había situación que no pudiera manejar, ni negociación que no dominara.

Hasta aquella noche.

La camarera se acercó a su mesa con una sonrisa tímida. Tenía quince años. Se llamaba Aurora. Y al levantar la mirada, Nathaniel sintió que el pasado regresaba para destruirlo.

Sus ojos eran los mismos.
Exactamente los mismos que los de la hija que había perdido quince años atrás.

Vivienne chasqueó la lengua con impaciencia.
—Nathaniel, estás mirando demasiado. Solo está haciendo su trabajo.

Pero Nathaniel ya no escuchaba. Sus manos temblaban. Su respiración se volvió irregular. Con un hilo de voz, preguntó:

—¿Tienes alguna marca de nacimiento?

Aurora lo observó con curiosidad antes de responder.
—Sí… una estrella. Aquí, en el cuello.

Nathaniel sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

Entonces Aurora añadió algo más. Algo pequeño. Algo devastador.
—Me encontraron envuelta en una manta rosa… con una “E” bordada.

La misma manta.
La misma letra.
La misma historia que jamás debía repetirse.

Nathaniel entendió en ese instante que su hija nunca había mu**to.

Y que la mujer sentada a su lado había construido una mentira durante quince largos años.

El reencuentro era real.
La traición, imperdonable.

Y lo que Vivienne haría a continuación… nadie estaba preparado para verlo.

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