04/07/2026
EL MORRO DE LA MAKILA 2
CAPÍTULO 18: EL DESTINO LE ABRIÓ LA PUERTA
Desde que salió de la maquila, el morro no dejaba de pensar en la invitación.
Todo el camino a casa iba imaginando la fiesta.
La carne asada.
La música.
Y verla por primera vez sin uniforme.
Pero había un problema.
¿Cómo le iba a decir a su esposa que esa noche iría a una fiesta?
Se sentó en el sillón de la sala mientras la televisión sonaba de fondo.
Una y otra vez buscó una excusa.
"Es una reunión del trabajo..."
"No, eso suena muy raro."
"Voy a ayudarle a un compañero..."
"Tampoco."
Nada le convencía.
Sintió un ligero zumbido en el bolsillo.
Sacó el celular.
Era un mensaje de la almacenista.
"No me vayas a dejar como novia de rancho... vestida y alborotada. 😉"
El morro sintió cómo el corazón le empezó a latir con fuerza.
Sonrió sin darse cuenta.
Justo cuando estaba decidido a decirle a su esposa que iba a salir, el celular de ella comenzó a sonar.
Contestó de inmediato.
¿Bueno?... ¿Qué pasó, mamá?
Su expresión cambió por completo.
¿Cómo que te sentiste mal?... Sí... sí... voy para allá.
Colgó apresurada.
Entró al cuarto.
Se cambió de ropa en cuestión de minutos y tomó su bolso.
Mi mamá se puso mal. Voy a verla.
¿Está muy grave? preguntó el morro.
No sé... espero que no. Cualquier cosa te aviso.
Él asintió.
Ve con cuidado.
Ella le dio un beso rápido en la mejilla, salió de la casa, abordó un taxi y desapareció al final de la calle.
El morro cerró la puerta.
Se quedó solo.
Por unos segundos no supo qué pensar.
¿Era suerte?
¿O simplemente el destino le estaba abriendo la puerta?
Miró el reloj.
Todavía alcanzaba.
Entró al baño.
Se dio una ducha rápida.
Escogió la mejor camisa que tenía.
Se puso unos pantalones de mezclilla recién lavados.
Se acomodó el cabello frente al espejo.
Y hasta sacó el perfume que solamente usaba en ocasiones especiales.
Cuando estaba terminando de arreglarse, volvió a vibrar el celular.
Era su esposa.
"Mi mamá ya está mejor. Solo fue un susto, pero me voy a quedar esta noche con ella para acompañarla."
El morro respiró aliviado.
"No te preocupes. Qué bueno que ya está bien. Cuídala mucho."
Después de unos segundos volvió a escribir.
"Oye, voy a salir un rato con unos compas. Nomás para que no te preocupes si llego tarde."
La respuesta llegó casi de inmediato.
"Está bien. Cuídate mucho."
El morro guardó el celular en el bolsillo.
Tomó sus llaves.
Salió de la casa.
Caminó hasta la avenida mientras el aire fresco de la noche le ayudaba a calmar los nervios.
Al llegar a la esquina levantó la mano.
Un taxi amarillo se detuvo frente a él.
¿A dónde, joven?
El morro le mostró la dirección que le había mandado la almacenista.
—Lléveme aquí, por favor.
Durante el camino no dejaba de mirar por la ventana.
Sentía que el corazón le golpeaba el pecho como si fuera la primera vez que iba a una cita.
Veinte minutos después el taxi se detuvo frente a la casa.
Desde afuera ya se escuchaba la música.
El olor a carne asada llenaba toda la cuadra.
Había carros estacionados por ambos lados de la calle y varias personas platicaban entre risas.
Pagó el viaje.
Respiró profundo.
Y caminó despacio hacia el patio.
Entonces la vio.
Estaba de espaldas, saludando a unas amigas.
Llevaba un vestido que hacía resaltar su figura y el cabello suelto se movía con la brisa de la noche.
Por un instante, el ruido de la fiesta desapareció.
El morro sintió que el corazón quería salírsele del pecho.
Sin saberlo...
aquella noche estaba a punto de cambiar muchas cosas.
CONTINUARÁ...