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EL MORRO DE LA MAKILA 2CAPÍTULO 18: EL DESTINO LE ABRIÓ LA PUERTADesde que salió de la maquila, el morro no dejaba de pe...
04/07/2026

EL MORRO DE LA MAKILA 2

CAPÍTULO 18: EL DESTINO LE ABRIÓ LA PUERTA

Desde que salió de la maquila, el morro no dejaba de pensar en la invitación.

Todo el camino a casa iba imaginando la fiesta.

La carne asada.

La música.

Y verla por primera vez sin uniforme.

Pero había un problema.

¿Cómo le iba a decir a su esposa que esa noche iría a una fiesta?

Se sentó en el sillón de la sala mientras la televisión sonaba de fondo.

Una y otra vez buscó una excusa.

"Es una reunión del trabajo..."

"No, eso suena muy raro."

"Voy a ayudarle a un compañero..."

"Tampoco."

Nada le convencía.

Sintió un ligero zumbido en el bolsillo.

Sacó el celular.

Era un mensaje de la almacenista.

"No me vayas a dejar como novia de rancho... vestida y alborotada. 😉"

El morro sintió cómo el corazón le empezó a latir con fuerza.

Sonrió sin darse cuenta.

Justo cuando estaba decidido a decirle a su esposa que iba a salir, el celular de ella comenzó a sonar.

Contestó de inmediato.

¿Bueno?... ¿Qué pasó, mamá?

Su expresión cambió por completo.

¿Cómo que te sentiste mal?... Sí... sí... voy para allá.

Colgó apresurada.

Entró al cuarto.

Se cambió de ropa en cuestión de minutos y tomó su bolso.

Mi mamá se puso mal. Voy a verla.

¿Está muy grave? preguntó el morro.

No sé... espero que no. Cualquier cosa te aviso.

Él asintió.

Ve con cuidado.

Ella le dio un beso rápido en la mejilla, salió de la casa, abordó un taxi y desapareció al final de la calle.

El morro cerró la puerta.

Se quedó solo.

Por unos segundos no supo qué pensar.

¿Era suerte?

¿O simplemente el destino le estaba abriendo la puerta?

Miró el reloj.

Todavía alcanzaba.

Entró al baño.

Se dio una ducha rápida.

Escogió la mejor camisa que tenía.

Se puso unos pantalones de mezclilla recién lavados.

Se acomodó el cabello frente al espejo.

Y hasta sacó el perfume que solamente usaba en ocasiones especiales.

Cuando estaba terminando de arreglarse, volvió a vibrar el celular.

Era su esposa.

"Mi mamá ya está mejor. Solo fue un susto, pero me voy a quedar esta noche con ella para acompañarla."

El morro respiró aliviado.

"No te preocupes. Qué bueno que ya está bien. Cuídala mucho."

Después de unos segundos volvió a escribir.

"Oye, voy a salir un rato con unos compas. Nomás para que no te preocupes si llego tarde."

La respuesta llegó casi de inmediato.

"Está bien. Cuídate mucho."

El morro guardó el celular en el bolsillo.

Tomó sus llaves.

Salió de la casa.

Caminó hasta la avenida mientras el aire fresco de la noche le ayudaba a calmar los nervios.

Al llegar a la esquina levantó la mano.

Un taxi amarillo se detuvo frente a él.

¿A dónde, joven?

El morro le mostró la dirección que le había mandado la almacenista.

—Lléveme aquí, por favor.

Durante el camino no dejaba de mirar por la ventana.

Sentía que el corazón le golpeaba el pecho como si fuera la primera vez que iba a una cita.

Veinte minutos después el taxi se detuvo frente a la casa.

Desde afuera ya se escuchaba la música.

El olor a carne asada llenaba toda la cuadra.

Había carros estacionados por ambos lados de la calle y varias personas platicaban entre risas.

Pagó el viaje.

Respiró profundo.

Y caminó despacio hacia el patio.

Entonces la vio.

Estaba de espaldas, saludando a unas amigas.

Llevaba un vestido que hacía resaltar su figura y el cabello suelto se movía con la brisa de la noche.

Por un instante, el ruido de la fiesta desapareció.

El morro sintió que el corazón quería salírsele del pecho.

Sin saberlo...

aquella noche estaba a punto de cambiar muchas cosas.

CONTINUARÁ...

EL MORRO DE LA MAKILA 2CAPÍTULO 17: SOLO UN ADELANTOEl resto de la mañana parecía no avanzar.El morro intentaba concentr...
03/07/2026

EL MORRO DE LA MAKILA 2

CAPÍTULO 17: SOLO UN ADELANTO

El resto de la mañana parecía no avanzar.

El morro intentaba concentrarse en la línea, pero las palabras de la almacenista no dejaban de darle vueltas en la cabeza.

"Quiero que todo el día estés pensando si vas a ir... o no."

Cada pieza que pasaba por sus manos le recordaba aquella sonrisa.

Hasta que el líder volvió a levantar la voz.

¡Eh, morro!

¿Qué pasó?

Otra vez ocupamos material del almacén. Ve rápido porque ya casi nos quedamos sin producción.

Los compañeros apenas lo escucharon.

¡Nombre, ya hasta tiene pase directo al almacén!

¡Ese ya conoce el camino de memoria!

Las risas no se hicieron esperar.

El morro solo negó con la cabeza y emprendió el camino.

Al llegar, encontró la puerta entreabierta.

Ella estaba de espaldas, acomodando unas cajas sobre un rack.

No se había dado cuenta de que él había entrado.

Por un instante se quedó observándola.

Respiró hondo.

Sin pensarlo demasiado, caminó despacio hasta quedar detrás de ella.

Con cuidado rodeó su cintura con los brazos.

La almacenista dio un pequeño brinco del susto.

Al girar el rostro y descubrir quién era, una sonrisa se dibujó de inmediato en sus labios.

Sabía que ibas a volver...

No alcanzó a decir más.

Él la miró fijamente y, por primera vez desde que la conocía, dejó atrás toda la timidez.

Sus rostros se encontraron en un beso largo, lleno de esa emoción que llevaban días intentando esconder entre pasillos, etiquetas y cajas.

Cuando finalmente se separaron, ella soltó una risa bajita.

Vaya... creo que ya se te quitó lo tímido.

El morro sonrió sin poder ocultar el nerviosismo.

Ella entrelazó su mano con la de él.

Ven...

Lo llevó hasta la parte más alejada del almacén.

Ese rincón donde casi nadie entraba y donde el ruido de la producción apenas se escuchaba.

Por unos segundos se quedaron frente a frente.

Sin decir una sola palabra.

Él volvió a acercarse.

Ella correspondió con otra sonrisa.

El silencio hablaba por los dos.

Parecía que el tiempo se había detenido.

Entonces, justo cuando la emoción empezaba a ganar terreno, ella apoyó suavemente una mano sobre el pecho del morro y lo detuvo.

Hasta aquí...

Él la miró confundido.

¿Por qué?

La almacenista sonrió con esa misma picardía que tanto lo desarmaba.

Porque si te doy todo ahorita...

¿qué emoción va a tener mi cumpleaños?

Le acomodó el cuello del uniforme con delicadeza.

Considéralo... solo un adelanto.

Le guiñó un ojo.

Después tomó las cajas con total naturalidad, como si nada hubiera ocurrido.

Ándale... llévate el material antes de que empiecen a preguntar dónde andas.

El morro soltó una risa.

Tomó las cajas y salió del almacén intentando recuperar la compostura.

Al regresar a la línea, uno de los operadores lo vio venir.

¡¿Qué pasó, compadre?! ¿Por qué vienes con esa sonrisa?

El morro bajó la mirada para que nadie notara el color de su cara.

Nada... nomás hacía calor en el almacén.

Las carcajadas estallaron otra vez.

Pero él ya no escuchaba.

Porque mientras acomodaba el material en la línea, una sola fecha ocupaba su mente.

El cumpleaños.

Y por primera vez...

no estaba pensando en el regalo.

Sino en todo lo que podía pasar esa noche.

CONTINUARÁ...

EL MORRO DE LA MAKILA 2CAPÍTULO 16: LA INVITACIÓNAl día siguiente el morro llegó a la maquila más temprano de lo normal....
01/07/2026

EL MORRO DE LA MAKILA 2

CAPÍTULO 16: LA INVITACIÓN

Al día siguiente el morro llegó a la maquila más temprano de lo normal.

No porque quisiera trabajar más.

Sino porque tenía la esperanza de volver a verla.

Toda la mañana transcurrió entre piezas, etiquetas y montones de trabajo.

Pero su cabeza estaba en otro lado.

Cada que sonaba el radio levantaba la vista.

Cada que alguien mencionaba el almacén, el corazón le daba un pequeño brinco.

Hasta que cerca del primer descanso apareció el líder.

Eh, morro.

¿Qué pasó?

Ve al almacén por unas etiquetas.

El muchacho intentó disimular.

Está bien.

Nombre... ni le insistas dos veces —gritó un compañero.

Las carcajadas volvieron a escucharse por la línea.

El morro nomás sonrió y siguió caminando.

Cuando llegó al almacén, ella estaba acomodando unas cajas.

Al verlo, dejó lo que estaba haciendo.

Buenos días, dormilón.

Buenos días.

¿Ya se te quitó la pena?

¿Cuál pena?

La del beso.

El muchacho sintió cómo se le calentó la cara.

Ella soltó una risa.

Mira nomás... otra vez te puse nervioso.

Es que tú no ayudas.

¿Yo qué hice?

Tú empiezas.

La almacenista caminó despacio hasta quedar frente a él.

¿Y si te digo que hoy vengo de buenas?

¿Por qué?

Porque ya falta poquito para mi cumpleaños.

El muchacho sonrió.

Es cierto.

¿Te acuerdas?

Claro.

Ella lo miró fijamente.

¿Y si te invito?

El muchacho tardó unos segundos en reaccionar.

¿A dónde?

A mi fiesta.

¿Va a haber fiesta?

Poquita.

¿Y quién va?

La almacenista sonrió con picardía.

La verdad...

todavía no he invitado a nadie.

El morro levantó una ceja.

¿Entonces?

Quería empezar contigo.

El silencio volvió a instalarse entre los dos.

El muchacho no sabía si aquello era una broma.

O una invitación de verdad.

No sé si pueda.

¿Por qué?

Pues...

La almacenista se acercó un poco más.

Lo suficiente para hablar casi en secreto.

No tengas miedo.

Nomás va a ser una carne asada en casa de una amiga.

Música.

Pastel.

Y un rato para platicar sin que toda la maquila nos esté viendo.

Aquellas últimas palabras le hicieron imaginar algo muy distinto.

Por primera vez podrían verse sin uniformes.

Sin radios.

Sin montacargas.

Sin operadoras chismosas.

Solo ellos.

La almacenista sonrió al notar que seguía pensándolo.

No me contestes ahorita.

¿No?

No.

Quiero que todo el día estés pensando si vas a ir... o no.

Le entregó las etiquetas y, antes de que el morro pudiera responder, añadió con una sonrisa traviesa:

Nomás te advierto una cosa...

Con vestido me viste bonita...

pero para mi cumpleaños pienso arreglarme todavía más.

El muchacho se quedó completamente inmóvil.

Ella soltó una pequeña risa.

Le guiñó un ojo.

Y regresó a acomodar las cajas como si no hubiera pasado nada.

El morro salió del almacén con las etiquetas en la mano.

Pero la cabeza...

la dejó ahí adentro.

CONTINUARÁ...

EL MORRO DE LA MAKILA 2CAPÍTULO 15: EL REGALOEl turno por fin terminó.Aquella tarde el morro salió de la maquila con la ...
22/06/2026

EL MORRO DE LA MAKILA 2

CAPÍTULO 15: EL REGALO

El turno por fin terminó.

Aquella tarde el morro salió de la maquila con la cabeza hecha un desastre.

Entre las miradas de las operadoras.

Las bromas de los compañeros.

Y los recuerdos de lo que había pasado en el almacén...

no había tenido un momento de tranquilidad.

Cuando llegó a su casa, su esposa ya estaba viendo la televisión.

¿Cómo te fue?

Bien.

¿Quieres cenar?

Ahorita.

Intentó actuar normal.

Como si nada estuviera pasando.

Como si no trajera una tormenta completa en la cabeza.

Fue entonces cuando el celular vibró.

Un mensaje.

Y ya sabía perfectamente quién era.

La almacenista.

¿Quieres que te dé un regalo? 😊

El corazón le dio un brinco.

Miró de reojo hacia la sala.

Su esposa seguía concentrada en la televisión.

Volvió a mirar la pantalla.

¿Qué regalo?

La respuesta llegó casi de inmediato.

Primero dime si lo quieres.

El muchacho sintió la curiosidad apoderarse de él.

Sí.

Pasaron unos segundos.

Y apareció una imagen.

El morro se quedó inmóvil.

No porque fuera algo escandaloso.

Sino porque era ella.

Sonriendo a la cámara.

Posando especialmente para él.

Como si aquella fotografía hubiera sido tomada con una sola intención.

Que él la viera.

El corazón comenzó a latirle más rápido.

La adrenalina recorrió todo su cuerpo.

Y por un momento olvidó todo lo demás.

La pantalla volvió a iluminarse.

¿No vas a decir nada?

El muchacho tardó varios segundos en responder.

Te ves muy bien.

¿Nomás bien?

Muy bien.

La respuesta llegó acompañada de una carita riéndose.

Pensé que te habías quedado sin palabras.

Casi.

Entonces sí te gustó.

El muchacho sonrió sin darse cuenta.

Y eso fue precisamente lo que más le preocupó.

Porque cada vez le costaba más trabajo ocultar lo que sentía.

La almacenista volvió a escribir.

Mañana te voy a dar otra sorpresa.

¿Cuál?

Si te digo ya no sería sorpresa.

No se vale.

Claro que sí.

Los tres puntitos desaparecieron.

Y apareció un último mensaje.

Buenas noches, dormilón.

El muchacho guardó el teléfono.

Pero aquella sonrisa siguió ahí.

Mientras tanto, en la sala...

su esposa seguía viendo televisión.

Sin imaginar que cada día que pasaba...

el arroz comenzaba a cocerse un poco más.

CONTINUARÁ...

El Morro de la Makila 2CAPÍTULO 14: EL CHISME—¿Interrumpo algo?La voz de la operadora cayó como balde de agua fría.El mo...
19/06/2026

El Morro de la Makila 2

CAPÍTULO 14: EL CHISME

—¿Interrumpo algo?

La voz de la operadora cayó como balde de agua fría.

El morro soltó a la almacenista tan rápido que casi tira una caja.

—No.

—Claro que no.

Las respuestas salieron tan rápido que la mujer soltó una carcajada.

—Ajá.

La operadora tomó unas piezas del estante.

Pero antes de irse volvió a mirarlos.

Primero a él.

Luego a ella.

Y después sonrió.

De esas sonrisas que anuncian problemas.

—Bueno... ahí luego regreso.

Y desapareció por el pasillo.

Por unos segundos ninguno habló.

El corazón del morro seguía latiendo a toda velocidad.

—Ya valimos.

La almacenista soltó una pequeña risa.

—Todavía no.

—¿Cómo que todavía no?

—Porque si hubiera visto algo de verdad ya estaría corriendo a contarlo.

—Eso es peor.

—Poquito.

El muchacho negó con la cabeza.

—Tú te ríes porque no conoces a las de producción.

—Claro que las conozco.

—Entonces sabes cómo son.

—Por eso mismo me estoy riendo.

Los dos soltaron una carcajada.

Pero en el fondo sabían que aquello no era cualquier cosa.

Porque en una maquila los rumores viajan más rápido que los montacargas.

Y una vez que empiezan...

ya no hay quien los pare.

El resto del turno pasó lento.

Demasiado lento.

Cada vez que el morro salía de su línea sentía que alguien lo observaba.

Cada vez que pasaba cerca del comedor escuchaba risitas.

Y cada vez que alguien decía "almacén" sentía que el estómago se le revolvía.

A la hora del café la situación empeoró.

Dos operadoras estaban platicando cerca de la máquina.

Y cuando lo vieron acercarse se quedaron calladas.

—¿Qué pasó?

—Nada.

—¿Seguras?

—Sí.

Las dos se miraron entre ellas.

Y después soltaron una sonrisa.

El muchacho ya conocía esa sonrisa.

Era la misma sonrisa que aparece justo antes de que empiece un chisme.

Aquella tarde entendió algo.

La compañera que los había visto no había dicho nada.

Todavía.

Pero solamente era cuestión de tiempo.

Cuando sonó la salida, agarró sus cosas y caminó hacia el transporte.

Iba distraído.

Pensando en todo lo que había pasado.

Hasta que sintió una vibración en el celular.

Era ella.

La almacenista.

—¿Sigues vivo?

El muchacho soltó una risa.

—Apenas.

—¿Tan grave?

—Creo que ya sospechan.

La respuesta tardó unos segundos.

—Déjalos hablar.

—Es fácil decirlo.

—¿Por qué?

—Porque no eres tú el que anda rojo cada vez que te mencionan.

La almacenista respondió con un emoji riéndose.

Y después llegó otro mensaje.

Uno que volvió a acelerarle el corazón.

—Pues yo no me arrepiento.

El muchacho se quedó mirando la pantalla.

Leyó la frase una vez.

Luego otra.

Y otra más.

Porque después de todo el susto...

después de todos los nervios...

aquello era precisamente lo que necesitaba leer.

Mientras tanto, en algún lugar de la planta...

la operadora que los había visto estaba sentada en el comedor.

Y acababa de decir una frase que podía cambiarlo todo.

—Nombre...

si yo les contara lo que vi hoy en almacén.

CONTINUARÁ...

EL MORRO DE LA MAKILA 2CAPÍTULO 13: EL LATIDOLa almacenista sonrió.Una sonrisa pequeña.Pero suficiente para decirle todo...
15/06/2026

EL MORRO DE LA MAKILA 2

CAPÍTULO 13: EL LATIDO

La almacenista sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Pero suficiente para decirle todo lo que necesitaba saber.

Porque en ese momento ambos entendieron algo.

Ya no estaban jugando.

Y ya no había marcha atrás.

Por unos segundos ninguno habló.

El ruido de la maquila seguía allá afuera.

Las máquinas.

Los montacargas.

Los radios.

Pero dentro del almacén parecía que todo se había detenido.

El morro fue el primero en reaccionar.

Soltó lentamente la cintura de la almacenista.

Todavía con el corazón golpeándole el pecho.

—Yo...

No encontró las palabras.

La almacenista soltó una pequeña risa.

—Ahora sí te quedaste sin habla.

El muchacho sonrió nervioso.

—Creo que sí.

—Nunca te había visto tan nervioso.

—Porque nunca había hecho algo así.

La sonrisa de ella desapareció por un instante.

Y fue reemplazada por una mirada más sincera.

—Yo tampoco pensé que pasaría.

Aquellas palabras lo sorprendieron.

Porque por primera vez ella parecía igual de vulnerable.

Igual de confundida.

Igual de nerviosa.

Durante unos segundos se quedaron viendo.

Hasta que una voz sonó en el pasillo.

—¿Hay alguien en almacén?

Los dos brincaron del susto.

La almacenista se apartó de inmediato.

El morro agarró una caja que estaba cerca.

Y fingió revisarla.

Una operadora apareció por el pasillo.

Miró a uno.

Miró a la otra.

Y luego sonrió.

De esas sonrisas que anuncian problemas.

—Perdón...

¿Interrumpo algo?

—No.

—Claro que no.

Las respuestas salieron tan rápidas que la mujer soltó una carcajada.

—Ajá.

La operadora tomó unas piezas.

Y se fue caminando.

Pero antes de doblar la esquina alcanzó a decir:

—Aquí luego regreso.

Las risas se escucharon por todo el pasillo.

Cuando volvió el silencio, ambos soltaron el aire al mismo tiempo.

—Ya valimos.

—Poquito.

—No es cierto.

—Sí es cierto.

Los dos terminaron riéndose.

Pero en el fondo sabían que aquello era verdad.

Porque las maquilas son como los pueblos.

Nada permanece oculto por mucho tiempo.

Aquella tarde apenas cruzaron palabras.

Pero ya no hizo falta.

Porque cada vez que se encontraban en un pasillo...

cada vez que sus miradas se cruzaban...

los dos recordaban exactamente lo que había pasado.

Cuando terminó el turno, el morro llegó a su casa.

Su esposa lo recibió con la misma sonrisa de siempre.

La misma confianza.

El mismo cariño.

Y por primera vez desde que empezó toda aquella historia...

la culpa le pegó más fuerte que nunca.

Porque ahora ya no eran mensajes.

Ya no eran bromas.

Ya no eran miradas.

Ahora había algo que ninguno de los dos podía borrar.

Aquella noche, mientras todos dormían...

el celular vibró.

Era ella.

Solo un mensaje.

Tres palabras.

Nada más.

Pero suficientes para quitarle el sueño.

"Sigues nervioso? 😊"

Y mientras observaba la pantalla...

una sonrisa apareció lentamente en su rostro.

CONTINUARÁ...

EL MORRO DE LA MAKILA 2CAPÍTULO 11: DEMASIADO CERCAAquella noche el morro tardó mucho en quedarse dormido.Cada que cerra...
12/06/2026

EL MORRO DE LA MAKILA 2

CAPÍTULO 11: DEMASIADO CERCA

Aquella noche el morro tardó mucho en quedarse dormido.

Cada que cerraba los ojos volvía a recordar la fotografía.

El vestido negro.

La sonrisa frente al espejo.

Y aquellas palabras que la almacenista le había dejado clavadas en la cabeza.

"Y eso que no te imaginas lo que traigo abajo del vestido."

Entre más intentaba dejar de pensar en eso...

más lo pensaba.

Volteó hacia un lado.

Su esposa dormía profundamente.

Tranquila.

Confiada.

Ajena a todo lo que estaba pasando por la cabeza de su marido.

Aquello volvió a hacerlo sentir culpable.

Pero no lo suficiente.

Porque apenas cerraba los ojos...

la imagen de la almacenista volvía a aparecer.

Cuando por fin logró quedarse dormido, la alarma sonó.

A las cinco de la mañana abrió los ojos.

Cansado.

Desvelado.

Y con la cabeza hecha un desastre.

Su esposa ya estaba en la cocina preparando café.

Como todas las mañanas.

—Buenos días guapo.

—Buenos días.

—¿Dormiste bien?

El muchacho soltó una pequeña risa.

—Más o menos.

—Te ves cansado.

—Poquito.

Ella se acercó.

Le acomodó la camisa.

Y le dio un beso.

—Que tengas bonito día.

—Gracias.

Aquellas palabras volvieron a hacerlo sentir peor.

Porque mientras ella le sonreía...

él seguía pensando en otra mujer.

Cuando llegó a la maquila intentó concentrarse.

Pero fue imposible.

Todo el día estuvo esperando volver a verla.

Y aquello era precisamente lo que más le preocupaba.

A media mañana apareció el líder.

—Oye.

—¿Qué pasó?

—Ve al almacén por unas piezas.

El corazón le dio un brinco.

—Está bien.

Las carcajadas no tardaron en escucharse.

—Nombre.

Ni le tienen que insistir.

—Ahorita corre.

—Ya hasta conoce el camino de memoria.

El morro nomás negó con la cabeza.

Pero por dentro sabía que tenían razón.

Cuando llegó al almacén la encontró acomodando material.

La almacenista levantó la mirada.

Y apenas lo vio sonrió.

—Buenos días dormilón.

—Buenos días.

—Traes cara de que no dormiste.

—Poquito.

—Yo tampoco.

Los dos sonrieron.

Porque ambos sabían perfectamente por qué.

La almacenista terminó de acomodar unas cajas.

Y después caminó lentamente hacia él.

—Por cierto.

—¿Qué?

—¿Sí te gustó el vestido?

La voz de ella sonó más suave de lo normal.

Más tranquila.

Más coqueta.

El morro sintió cómo la adrenalina le recorría el cuerpo.

—La verdad sí.

La sonrisa apareció inmediatamente en el rostro de ella.

—¿Ah sí?

—Sí.

La almacenista dio otro paso.

Y después otro.

Hasta quedar muy cerca.

Demasiado cerca.

—Entonces dime.

—¿Qué?

—¿Qué fue lo que más te gustó?

El muchacho se quedó inmóvil.

No supo qué responder.

Y eso hizo que ella sonriera todavía más.

—Me encanta cuando te pones nervioso.

El morro soltó una pequeña risa.

—Claro que no.

—Claro que sí.

—Te equivocas.

—Entonces dime por qué te quedas parado.

Por unos segundos ninguno habló.

La sonrisa desapareció lentamente del rostro de ella.

Y fue reemplazada por una mirada diferente.

Más intensa.

Más sincera.

Más peligrosa.

El corazón del muchacho parecía querer salirse del pecho.

Hasta que finalmente dio un paso al frente.

La tomó suavemente de la cintura.

Y antes de que pudiera arrepentirse...

la besó.

Fue un beso breve.

Impulsivo.

Inesperado.

Uno de esos errores que cambian una historia para siempre.

Cuando se separó, el corazón le latía con tanta fuerza que apenas podía respirar.

Por un instante pensó que ella iba a enojarse.

Que lo iba a empujar.

Que todo había terminado.

Pero no ocurrió.

La almacenista simplemente lo miró.

Y lentamente sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Pero suficiente para decirle todo lo que necesitaba saber.

Porque en ese momento ambos entendieron algo.

Ya no estaban jugando.

Y ya no había marcha atrás.

CONTINUARÁ...

EL MORRO DE LA MAKILA 2CAPÍTULO 10: LA RESPUESTAEl muchacho se quedó viendo la fotografía unos segundos más.Volvió a obs...
11/06/2026

EL MORRO DE LA MAKILA 2

CAPÍTULO 10: LA RESPUESTA

El muchacho se quedó viendo la fotografía unos segundos más.

Volvió a observar el vestido.

Volvió a observar la sonrisa.

Y volvió a sentir ese cosquilleo extraño en el estómago.

El cursor seguía parpadeando en la pantalla.

Esperando una respuesta.

Finalmente escribió.

—La verdad...

Pasaron unos segundos.

—Te ves espectacular.

Envió el mensaje.

Y apenas lo hizo sintió cómo se le aceleró el corazón.

Porque era la primera vez que le decía algo así.

Los tres puntitos aparecieron de inmediato.

Como si ella hubiera estado esperando esa respuesta.

—¿En serio?

El morro volvió a mirar la fotografía.

—Sí.

—¿Mucho?

—Mucho.

La respuesta tardó apenas unos segundos.

—Y eso que no te imaginas lo que traigo abajo del vestido.

Por un instante el muchacho se quedó inmóvil.

Sintió un cosquilleo recorrerle los brazos.

La espalda.

El pecho.

Y hasta la punta de los dedos.

Volvió a leer el mensaje.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Como si quisiera asegurarse de que realmente lo había leído.

Del otro lado de la cama su esposa seguía dormida.

Tan tranquila.

Tan confiada.

Ajena a todo.

El muchacho tragó saliva.

Y escribió.

—¿A poco sí?

Los tres puntitos aparecieron casi de inmediato.

—Siiiii.

—¿Y qué traes?

La respuesta tardó varios segundos.

Demasiados.

Como si ella estuviera disfrutando cada momento.

Hasta que finalmente apareció.

—Eso te vas a quedar con la duda.

El muchacho soltó una sonrisa.

—No seas mala.

—Poquito.

—Nomás poquito.

—Lo suficiente.

El celular volvió a vibrar.

—Pero mañana te voy a dejar con más dudas.

El corazón del muchacho volvió a acelerarse.

—¿Por qué?

—Porque me gusta cómo te pones cuando te dejo pensando.

El morro soltó una pequeña risa.

—No te creas tanto.

—Ajá.

—Es en serio.

—Entonces deja de sonreírle al teléfono.

Aquello lo hizo quedarse congelado.

Porque era exactamente lo que estaba haciendo.

—¿Cómo sabes?

—Porque te estoy imaginando.

El muchacho negó con la cabeza.

Y por primera vez en mucho tiempo...

se sintió como un adolescente.

Después de varios minutos la conversación comenzó a apagarse.

—Ya me voy a dormir.

—Yo también.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Pasaron unos segundos.

Y llegó un último mensaje.

—Y trata de no pensar mucho en el vestido.

La sonrisa apareció sola en el rostro del muchacho.

—No prometo nada.

—Lo sabía 😂

El chat quedó en silencio.

Pero la mente del morro no.

Guardó el teléfono.

Se acomodó en la cama.

Y se quedó mirando hacia el techo.

Escuchando la respiración tranquila de su esposa.

Mientras su imaginación volaba cada vez más lejos.

Pensando en la fotografía.

Pensando en las palabras.

Y pensando en todas las cosas que la almacenista había decidido no contarle.

Aquella noche tardó mucho en quedarse dormido.

Porque algunas dudas...

pueden quitar más el sueño que cualquier respuesta.

CONTINUARÁ...

EL MORRO DE LA MAKILA 2CAPÍTULO 9: EL VESTIDOAquella noche el morro llegó a su casa más cansado de la mente que del cuer...
10/06/2026

EL MORRO DE LA MAKILA 2

CAPÍTULO 9: EL VESTIDO

Aquella noche el morro llegó a su casa más cansado de la mente que del cuerpo.

Todo el día había estado pensando en la almacenista.

En las pláticas.

En las risas.

En aquella sonrisa que cada vez aparecía más seguido en sus pensamientos.

Su esposa lo recibió como siempre.

Con un beso.

Con la comida lista.

Con esa tranquilidad que solamente tienen las personas que confían completamente en alguien.

Y aquello volvió a hacerlo sentir culpable.

Porque mientras ella le contaba cosas de su día...

él estaba esperando que vibrara el celular.

Y lo peor era que lo sabía.

Después de cenar se sentaron un rato a ver televisión.

Su esposa terminó quedándose dormida recargada sobre su hombro.

El muchacho la observó unos segundos.

Sonrió.

La acomodó con cuidado.

Y la llevó a la cama.

Todo parecía normal.

Hasta que el celular vibró.

El corazón le dio un pequeño brinco.

Era ella.

La almacenista.

—Buenas noches dormilón.

El muchacho sonrió.

—Buenas noches.

—¿Ya te ibas a dormir?

—Todavía no.

—Qué bueno.

La conversación comenzó como siempre.

Hablaron del trabajo.

De los compañeros.

De las operadoras chismosas.

De las ocurrencias del líder.

Y cuando menos se dio cuenta ya llevaban más de una hora platicando.

Hasta que apareció un mensaje diferente.

—Oye.

—¿Qué pasó?

—Voy a cumplir años el próximo mes.

—¿En serio?

—Sí.

—¿Cuántos?

—Eso no se pregunta.

El muchacho soltó una risa.

—Bueno pues.

—Nomás te diré que todavía estoy joven.

—Ajá.

—Oye.

—¿Qué?

—Me compré un vestido.

—Qué bueno.

—¿No quieres verlo?

El morro sintió cómo se le aceleró el corazón.

Miró hacia donde estaba dormida su esposa.

Después volvió a mirar la pantalla.

—Sí.

Pasaron unos segundos.

Y llegó una fotografía.

El muchacho abrió la imagen.

Por un instante se quedó inmóvil.

Era la almacenista.

Frente a un espejo.

Sonriendo.

Probándose el vestido nuevo.

Nada exagerado.

Nada fuera de lugar.

Pero el vestido resaltaba perfectamente su figura.

Y por primera vez desde que empezó todo aquello...

el morro se quedó mirando una fotografía más tiempo del necesario.

La vibración del celular lo sacó de sus pensamientos.

—¿Y entonces?

El muchacho tardó unos segundos en responder.

—¿Qué?

—¿Cómo se me ve?

Por primera vez sintió que cualquier respuesta podía meterlo en problemas.

Porque la verdad era simple.

Se veía muy bien.

Pero escribirlo era otra cosa.

Miró nuevamente la fotografía.

Después volvió a ver a su esposa dormida.

Y por un momento sintió que estaba parado justo en medio de dos caminos.

Uno que conocía perfectamente.

Y otro que cada vez parecía más difícil de ignorar.

El celular volvió a vibrar.

—¿Tan fea me veo?

La sonrisa apareció sola en el rostro del muchacho.

Y sin pensarlo demasiado empezó a escribir.

Lo que no sabía...

era que aquella respuesta cambiaría muchas cosas.

CONTINUARÁ...

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