El manotas

El manotas *contenido único y original
*No aceptes copias
*historias y memes de la makila
-como te guffi ñiaa
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IMAGÍNATE NOMÁS, COMPA…La mamá luchona llevaba meses renegando de que ya quería que la bendi entrara a la escuela.Todos ...
01/09/2026

IMAGÍNATE NOMÁS, COMPA…

La mamá luchona llevaba meses renegando de que ya quería que la bendi entrara a la escuela.

Todos los días era la misma cantaleta:

¡Ya quiero que entre a la escuela porque ya no lo aguanto!

¡Todo el santo día aquí en la casa!

¡Que si tiene hambre, que si quiere jugar, que si quiere esto, que si quiere lo otro!

La pobre ya contaba los días para que llegara el famoso lunes.

Y por fin llegó.

Lunes, 7 de la mañana.

En corto levantó al chamaco, lo bañó, lo perfumó, le puso el uniforme bien planchadito, le acomodó la mochila y hasta le dejó el pelo como si fuera a salir en la foto del anuario.

Ándale, mi amor, que ya se nos hace tarde.

El morrito todavía con cara de sueño y ella apurándolo para llegar a tiempo.

Pero cuando llegaron a la puerta de la escuela…

¡Se transformó la mujer!

De la mamá que llevaba meses diciendo que ya no soportaba a la criatura…

pasó a ser la madre más sentimental del planeta.

Mi amor, pórtate bien…

Te voy a extrañar muchísimo…

Hazle caso a la maestra…

No te preocupes, aquí voy a estar por ti…

Y venga el abrazo.

¡Beso por aquí, beso por allá!

El niño ya nomás quería entrar porque veía a sus compañeros pasando, pero la mamá seguía con la despedida.

¡Te amo, mi bebé! ¡Voy a estar pensando en ti todo el día!

El morrito finalmente entró.

Y aquí viene lo bueno, compa…

La señora se quedó agarrada del barandal, viendo cómo su criatura se alejaba por el pasillo.

Con cara de tristeza.

Como si el chamaco se hubiera ido a estudiar a otro continente.

No lo soltaba con la mirada.

Esperó hasta que dejó de verlo.

Y todavía se quedó unos segundos más ahí, suspirando…

“Ay, mi bebé… cómo lo voy a extrañar.”

¡NO BUENO!

La misma que el viernes estaba diciendo:

“Que ya entre a la escuela porque ya no lo soporto”

ahora parecía que acababa de despedir a su hijo para mandarlo a otro país.

Y así es la maternidad, compa:

Un día estás contando las horas para tener cinco minutos de paz… y cuando por fin te dan esos cinco minutos, hasta extrañas el ruido que te tenía loca.

Porque la bendi puede ser cansada, traviesa y hacerte perder la paciencia…

pero nomás se va tantito y uno ya anda preguntando:

¿Y a qué hora salen? 😭😂

Imagínate nomás, compa…Te enamoraste de la Jessi, una mamá luchona, de esas que traen sus tatuajes bien marcados en el b...
31/08/2026

Imagínate nomás, compa…

Te enamoraste de la Jessi, una mamá luchona, de esas que traen sus tatuajes bien marcados en el brazo y el cabello rubio platinado. Tú llegaste a su vida con toda la intención de hacer las cosas bien y, poco a poco, también te encariñaste con el Nata, su morrito.

El niño ya te tenía confianza. Te decía “papi”, te agarraba de la mano cuando iban a la tienda y tú, cada que podías, le cumplías sus antojos. En tu mente ya te habías ganado el puesto de padrastro del año.

Pero el barrio, compa… el barrio nunca avisa cuándo te va a meter el susto de tu vida.

Una noche, justo antes del regreso a clases, la Jessi te marca llorando.

¡Beto! No sé qué hacer… mañana entra el Nata a la primaria y todavía me falta comprar un montón de útiles. No tengo dinero, ¿qué voy a hacer?

Tú, sintiéndote el héroe de la película, ni lo pensaste.

Tú tranquila, mi reina. Yo mañana me encargo. El niño va a estrenar mochila, útiles y todo lo que necesite.

Y ahí vas tú, bien puesto, a conseguir todo.

Como efectivo no traías mucho, tocó sacar la tarjeta y aventarse el clásico “después veo cómo lo pago”. Cuadernos, colores, lápices, lapicera, lonchera… ¡hasta cosas que ni estaban en la lista compraste!

Saliste de la tienda con las bolsas llenas y el pecho inflado.

“Estos son los sacrificios que uno hace por la familia”, pensabas.

Al día siguiente te levantaste temprano, te arreglaste bien, te perfumaste y te pusiste tus mejores prendas. Querías llegar presentable, porque ibas convencido de que ese día ibas a quedar como el mero mero.

Llegaste a la casa de la Jessi con una sonrisa de oreja a oreja y la bolsa de útiles en la mano.

Tocaste.

Y cuando se abrió la puerta…

¡PUM!

Se te acabó la película.

Ahí estaba la Jessi, seria.

Y detrás de ella, parado en la entrada, estaba **el verdadero papá del Nata.

Sí, compa.

El mismísimo vato que llevaba quién sabe cuánto tiempo desaparecido.

El que supuestamente ya no iba a regresar.

¡Había vuelto!

Y lo peor: estaba ahí como si nunca se hubiera ido.

Tú te quedaste congelado con la bolsa de útiles en la mano. El Nata estaba cerca, mirando a uno y a otro, sin entender muy bien qué estaba pasando.

Entonces la Jessi, con una tranquilidad que todavía te dolía más, te dice:

Ay, Beto… qué lindo que trajiste todo esto. Muchas gracias, de verdad. Pero… ¿qué crees? El papá del niño ya regresó.

Silencio.

Ya regresó y pues… se va a hacer cargo del Nata de ahora en adelante. Ya estamos bien.

¡Ya estamos bien!

Esa frase te cayó como ladrillazo.

Tú habías comprado los útiles, te habías endeudado, te habías levantado temprano y hasta te habías arreglado como para una cita…

¡Y resultó que ibas a entregar el paquete de bienvenida del papá que acababa de regresar!

La Jessi entonces mira la bolsa.

Eso sí, Beto… ¿me dejas los útiles? Es que él apenas va a empezar a buscar trabajo y pues el niño tiene que entrar con todo completo.

Ahí fue cuando entendiste que la situación todavía podía empeorar.

Le entregaste la bolsa.

Ella la agarró.

El otro nomás te hizo un gesto con la cabeza desde la puerta.

Y antes de que pudieras decir algo…

¡PÁCATE!

La puerta se cerró.

Tú te quedaste solo en la banqueta, viendo aquella puerta como quien acaba de perder una final en el último minuto.

Y mientras caminabas de regreso, solamente pensabas:

“Bueno… por lo menos el Nata sí va a llevar útiles.”

Eso sí, compa…

Los 12 meses sin intereses no los iba a pagar el papá. 😂

Así es el barrio: uno llega queriendo ser el héroe de la historia y termina financiándole la lista de útiles al reemplazo.

Moraleja: antes de sacar la tarjeta por amor… mínimo pregunta quién más tiene llave de esa puerta. 😭😂

Se llego la hora del olor a puro 🍑. Ñiaaa
31/08/2026

Se llego la hora del olor a puro 🍑. Ñiaaa

Ñiaaaaa
31/08/2026

Ñiaaaaa

La mamá luchona dejando a su bendi en la escuela.
31/08/2026

La mamá luchona dejando a su bendi en la escuela.

Y se llego el día ñiaaa
31/08/2026

Y se llego el día ñiaaa

🖤 SECRETOS DE LA MAQUILACAPÍTULO 24  PERDÓNAMEEsa noche...Maritza no podía dormir.Estaba sentada en la orilla de su cama...
28/08/2026

🖤 SECRETOS DE LA MAQUILA

CAPÍTULO 24 PERDÓNAME

Esa noche...

Maritza no podía dormir.

Estaba sentada en la orilla de su cama, con las luces apagadas y el celular entre las manos.

Su mamá dormía en la habitación de al lado.

Su hijo también.

Pero ella...

Tenía la cabeza llena de pensamientos.

Desde que Brayan la había detenido aquella tarde, todo había cambiado.

La amenaza seguía dando vueltas en su cabeza.

“Si no vuelves conmigo, voy a pelear por el niño.”

Maritza sabía perfectamente de lo que Brayan era capaz.

Y aunque una parte de ella quería enfrentarlo...

Otra tenía demasiado miedo de perder a su hijo.

Pero había algo todavía peor.

Kevin.

El hombre que apenas unos días atrás le había hecho sentir que por fin había encontrado el amor que tanto había esperado.

El hombre que ahora no entendía por qué ella se estaba alejando.

Maritza abrió la conversación con él.

Ahí seguían sus últimos mensajes.

“Espero que estés bien.”

“Cuando quieras hablar, aquí voy a estar.”

Maritza comenzó a llorar.

Perdóname, Kevin...

Susurró.

Tomó aire.

Miró el teléfono durante varios segundos.

Y finalmente...

Marcó.

Kevin estaba acostado en su cama cuando escuchó sonar el celular.

Al ver el nombre de Maritza...

Se incorporó inmediatamente.

Contestó.

¿Bueno?

Del otro lado...

Silencio.

¿Maritza?

Ella respiró profundamente.

Kevin...

Su voz se escuchaba diferente.

Triste.

¿Qué pasó?

Necesito decirte algo.

Kevin se quedó completamente atento.

Dime.

Maritza cerró los ojos.

Había imaginado ese momento cientos de veces.

Pero ahora que había llegado...

No encontraba las palabras.

Perdóname.

Kevin frunció el ceño.

¿Por qué me estás diciendo eso?

Porque...

Maritza comenzó a llorar.

Lo de nosotros no puede ser.

Kevin sintió un golpe en el pecho.

¿Qué?

No podemos seguir.

Pero ¿por qué?

No me preguntes.

¡Claro que te voy a preguntar!

Hace unos días me dijiste que me amabas.

Estuvimos juntos.

Hicimos planes.

Me dijiste que querías estar conmigo.

Y ahora me dices que no puede ser.

Lo sé...

Entonces explícame.

Maritza guardó silencio.

Kevin comenzó a desesperarse.

¿Hay alguien más?

No.

¿Te hice algo?

No.

¿Entonces qué pasó?

Maritza apretó los ojos para contener el llanto.

No podía decirle la verdad.

No podía contarle lo que Brayan le había dicho.

Porque sabía que Kevin iba a querer enfrentarlo.

Y eso era precisamente lo que quería evitar.

Simplemente...

No puede ser, Kevin.

Eso no es una explicación.

Lo sé.

Entonces dime la verdad.

Maritza se quedó callada.

Kevin esperó.

Maritza...

Por favor.

Dime qué está pasando.

Ella acercó el teléfono a su rostro.

Las lágrimas ya corrían por sus mejillas.

Quería decirle todo.

Quería decirle que todavía lo amaba.

Que no se había arrepentido de aquella noche.

Que cada vez que lo veía tenía que hacer un esfuerzo enorme para mantenerse distante.

Pero no podía.

Perdóname.

Maritza...

Perdóname, Kevin.

¡Pero dime por qué!

Ella respiró entrecortadamente.

Porque tú mereces estar con alguien que no tenga tantos problemas.

Kevin se quedó en silencio.

Yo no quiero a alguien más.

Te quiero a ti.

Maritza sintió que el corazón se le partía.

No digas eso...

¿Por qué?

Porque me haces más difícil esto.

Entonces no lo hagas.

Quédate conmigo.

Podemos solucionar lo que sea.

Maritza cerró los ojos.

Durante unos segundos...

Parecía que estaba a punto de decirle toda la verdad.

Pero entonces recordó las palabras de Brayan.

“Voy a pelear por mi hijo.”

Y recordó el miedo que había sentido aquella tarde.

No podemos, Kevin.

Maritza...

Perdóname.

¡Espera!

Pero ella ya había tomado una decisión.

Colgó.

Kevin se quedó mirando el teléfono.

¿Maritza?

Volvió a marcar.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Nada.

Mandó un mensaje.

“Por favor, contéstame.”

Después otro.

“No entiendo qué pasó.”

Y finalmente uno más.

“Si ya no me quieres, dímelo tú viéndome a los ojos.”

Pero no recibió respuesta.

Kevin dejó caer el teléfono sobre la cama.

Se quedó mirando el techo.

Tenía el corazón destrozado.

No entendía cómo podían haber pasado de jurarse amor...

A terminar así.

Mientras tanto...

En la otra habitación...

Maritza tenía el teléfono contra el pecho.

Lloraba en silencio para no despertar a su hijo.

Su mamá apareció en la puerta.

¿Qué tienes, hija?

Maritza se limpió rápidamente las lágrimas.

Nada, mamá.

Te escuché llorando.

Maritza bajó la mirada.

Tuve que hacerlo.

¿Hacer qué?

Ella tardó unos segundos en responder.

Alejar a Kevin.

Su mamá la miró preocupada.

¿Por qué?

Maritza levantó los ojos.

Porque si sigo con él...

Brayan puede hacerle daño.

Su mamá se quedó en silencio.

Maritza volvió a mirar hacia la habitación donde dormía su hijo.

No voy a arriesgar a mi niño.

Aunque eso signifique perder al hombre que amo.

Esa noche...

Dos personas estaban despiertas.

Kevin...

Tratando de entender por qué el amor que parecía tan perfecto había terminado de repente.

Y Maritza...

Llorando en silencio mientras intentaba proteger a su hijo y al mismo hombre del que acababa de despedirse.

Pero ninguno de los dos sabía algo.

Aquella llamada no había terminado su historia.

Al contrario...

Acababa de abrir una herida que tarde o temprano iba a obligar a Maritza a contar toda la verdad.

Porque los secretos...

Por más que uno quiera esconderlos...

Siempre terminan saliendo a la luz.

Y cuando Kevin descubriera por qué Maritza lo había dejado aquella noche...

Nada volvería a ser igual.

Continuará... 🖤🔥

CONFESIONES DE LA MAQUILAManotas: Échate esta en anónimo, porque aunque ya no trabajo ahí, todavía tengo compas en la na...
27/08/2026

CONFESIONES DE LA MAQUILA

Manotas: Échate esta en anónimo, porque aunque ya no trabajo ahí, todavía tengo compas en la nave tres y cada que se va la luz me recuerdan mi desgracia 😂

Todo pasó en un segundo turno, un viernes, de esos donde ya todos andan pensando en la hora de salida y la producción nomás no quería caminar.

Yo era técnico de mantenimiento y, pues como dicen en la maquila, uno también tiene sus distracciones… Yo traía un pegue con una chava de Calidad que seguido se daba sus vueltas al taller nomás para hacerme plática.

Ese viernes la línea estaba en paro técnico por falta de material.

Los operadores aburridos.

Los supervisores haciendo rondines.

Mantenimiento matando el tiempo.

Y nosotros dijimos: “Pues vamos a buscar un lugar donde nadie nos moleste”.

¿Y cuál era el lugar más solo de toda la nave?

El cuarto de subestación y tableros principales.

Ese mero.

La puerta tenía un letrero enorme que decía:

"ALTO VOLTAJE — SOLO PERSONAL AUTORIZADO”.

Pero como yo era de mantenimiento y tenía llave maestra, según nosotros éramos los meros meros.

Entramos, cerramos con seguro y nos fuimos hasta el fondo, detrás de los gabinetes.

Entre risas, abrazos y el momento de calentura, ninguno estaba pensando precisamente en los procedimientos de seguridad.

Hasta que pasó lo que tenía que pasar…

En uno de esos movimientos, la chava se recargó hacia atrás buscando apoyo y ¡CLACK!

Su codo pegó directo en la palanca roja de la cuchilla general de emergencia.

Yo nomás alcancé a escuchar el sonido.

¡PUM!

Toda la nave tres se fue al oscuras.

Las bandas de ensamble se detuvieron.

Las prensas quedaron congeladas.

Las luces se apagaron.

Y empezaron las torretas rojas junto con la chicharra:

¡WUUUU… WUUUU… WUUUU!

En cuestión de segundos habíamos parado prácticamente toda la producción.

Como 200 personas quedaron esperando saber qué demonios había pasado.

Y nosotros dos ahí dentro, con cara de:

“¿Y ahora cómo explicamos esto?”

Ni tiempo nos dio de acomodarnos bien cuando…

¡PÁCATE!

Se abrió la puerta.

Entró el jefe de planta acompañado de seguridad, todos con lámparas apuntando directo hacia nosotros.

Nos encontraron atrás de los tableros, despeinados, nerviosos y con la famosa palanca abajo.

El jefe nomás nos miró.

Luego miró la palanca.

Después nos volvió a mirar.

Y dijo:

¿Quién bajó esto?

Silencio total.

Ahí entendí que ya se había acabado la aventura.

Nos escoltaron directo a la caseta, nos quitaron los gafetes y el lunes a primera hora tuvimos nuestra cita con Recursos Humanos.

No hubo:

“Es la primera vez”.

No hubo:

“Denles otra oportunidad”.

No hubo:

“Fue un accidente”.

Nos dieron cuello.

Finiquito, baja definitiva y hasta donde nos dijeron, quedamos vetados para reingresar a esa empresa.

Todo por no saber separar el jale de los arrimones. 😂

Ahora ya pasó el tiempo y solamente quedó la anécdota.

Pero mis compas de la nave tres todavía no me perdonan.

Cada que hay un apagón me mandan mensaje:

“¿Qué pasó, técnico? ¿Ya estás midiendo el voltaje en otra empresa?”😂

Y yo mejor ni contesto.

Porque después de aquella vez aprendí algo que jamás enseñan en la capacitación de mantenimiento:

Hay lugares donde uno puede perder el jale… pero en ese cuarto también podía perder mucho más.

CONFESIONES DE LA MAQUILA

Envíen sus historias anónimas.

Confesiones De La Maquila. Admin, quémame esto en anónimo porque todavía ando jalando en el turno nocturno y si se enter...
27/08/2026

Confesiones De La Maquila.

Admin, quémame esto en anónimo porque todavía ando jalando en el turno nocturno y si se entera el jefe de almacén me mandan a RH.

Esto pasó como a las tres y media de la mañana en la nave cinco, justo a la hora mu**ta cuando la línea baja el ritmo y todo mundo anda cabeceando del sueño.

Yo andaba en ensamble final y traía bien apalabrada a una morra de empaque que siempre andaba con su chaleco entallado y su buena l***a.

Como en la noche casi no hay supervisores rondando, se nos hizo fácil armar un plan para platicar a gusto y darnos unos buenos besos. Al fondo del almacén de producto terminado había un callejón ciego donde arrumbaban las tarimas vacías y cajas de cartón.

Entre los dos nos armamos un escondite improvisado: pusimos tres tarimas de pared, dos cajas grandes tapando el frente y una tarima encima como techo.

Quedó una cueva perfecta, según nosotros invisible para las cámaras.

Nos metimos ahí a echar romance y caricias en caliente. Dejamos los chalecos a un lado y los radios apagados para que nadie molestara.

Aquello estaba en su mero punto, cuando de repente se empieza a escuchar el pitido de reversa del montacargas: bip... bip... bip...

Pensamos que nomás iba pasando de largo, pero el vato del montacargas traía la orden de mover justo ese lote para cargarlo a un tráiler que llegó de sorpresa.

En segundos sentimos cómo las cuchillas rasparon la madera. Antes de que pudiéramos acomodarnos la ropa, el montacarguista le metió el acelerador, levantó la torre hidráulica y de un solo jalón se llevó la tarima del techo y las cajas que nos tapaban.

Quedamos los dos encandilados con los reflectores de frente, todos despeinados, con la ropa desalineada y el susto de nuestras vidas.

El vato del montacargas frenó en seco, peló los ojos y se le cayó el termo de café. Nosotros en friega tratando de abrocharnos los chalecos para taparnos la cara de la pura vergüenza. El compa no dijo nada, nomás se dobló de la risa y por la frecuencia general del radio soltó:

—«Central, cancelen la tarima 40, viene con producto en pleno control de calidad».

Salimos volando al pasillo con la cara ardiendo. Al día siguiente no se hablaba de otra cosa en el comedor; a mí me apodaron "El Embalado" y a la fecha, cada que paso por almacén, me pitan la reversa y me gritan: ¡Cuidado con las cuchillas, galán!.

LAS SOMBRAS DE FIONA: MI VERDADCapítulo 29: Una Duda MásDespués de aquella noche...No volví a ver a Sreckko.Pasaron los ...
27/08/2026

LAS SOMBRAS DE FIONA: MI VERDAD

Capítulo 29: Una Duda Más

Después de aquella noche...

No volví a ver a Sreckko.

Pasaron los días y cada quien siguió con su vida.

Yo regresé a mi rutina en el Manolete.

Trabajar.

Llegar a casa.

Cuidar a Yandel.

Y tratar de no pensar demasiado en todo lo que había ocurrido.

Benny seguía ausente.

Sreckko también.

Pero algo dentro de mí comenzaba a sentirse diferente.

Al principio pensé que era el cansancio.

Las desveladas.

Las largas jornadas en el Manolete.

Pero una tarde, mientras llevaba una charola a una mesa, sentí que el estómago se me revolvía.

Tuve que detenerme.

Respiré profundamente.

Las náuseas fueron tan fuertes que por un momento pensé que iba a caer.

También sentí un pequeño mareo.

¿Estás bien, Fiona? me preguntó una compañera.

Sí...

Solo me mareé tantito.

Me apoyé en la barra.

Tomé un poco de agua.

Y aunque no me sentía bien, decidí seguir trabajando.

No podía darme el lujo de faltar.

Tenía que llevar dinero a la casa.

Tenía que cuidar a Yandel.

Tenía que seguir adelante.

Pero durante el resto del turno las náuseas regresaron varias veces.

Cuando por fin llegué a casa, mi mamá notó inmediatamente que algo pasaba.

—Mija, ¿qué tienes?

Me senté.

—Hoy me sentí muy rara en el trabajo.

Me dieron muchas náuseas y me mareé.

Mi mamá se quedó mirándome unos segundos.

Después preguntó algo que hizo que mi corazón se detuviera.

¿Y no será que estás embarazada otra vez?

Me quedé completamente callada.

No había querido pensar en esa posibilidad.

Pero en cuanto mi mamá lo dijo...

Todos los recuerdos comenzaron a aparecer en mi cabeza.

Benny.

Sreckko.

Aquellas noches.

Las promesas.

Y aquel último encuentro que había tenido con Sreckko.

Sentí un escalofrío.

No sé, mamá...

No sé qué voy a hacer.

Ella se acercó y me tomó de la mano.

Primero hay que saber si es cierto.

Después veremos qué hacer.

Asentí con la cabeza.

Pero había algo más que me estaba atormentando.

Una pregunta que no me dejaba respirar.

Si realmente estaba embarazada...

¿Quién era el padre?

Miré hacia donde estaba Yandel jugando.

Mi hijo.

Mi primera responsabilidad.

El niño por quien había tomado tantas decisiones.

Y pensé:

¿Podría volver a empezar desde cero?

¿Podría criar a otro hijo sola?

La vida parecía estar poniéndome otra vez frente al mismo camino.

Pero esta vez había una diferencia.

Ahora no solo tenía miedo por mí.

Tenía miedo por Yandel.

Por el futuro de los dos.

Esa noche casi no dormí.

Cada vez que cerraba los ojos aparecía una pregunta diferente.

¿Y si estaba embarazada de Benny?

¿Y si era de Sreckko?

¿Y si mi vida volvía a cambiar por completo?

A la mañana siguiente me levanté antes que todos.

Miré a Yandel dormir.

Me acerqué y le acomodé la cobija.

Después tomé mi bolso.

Salí de la casa y caminé hacia una farmacia.

Me quedé unos segundos frente al mostrador.

Respiré profundo.

Y finalmente hice algo que llevaba horas evitando.

Compré una prueba de embarazo.

Regresé a casa.

Entré al baño.

Cerré la puerta.

Y me quedé mirando aquella pequeña caja entre mis manos.

Sentía que mi corazón quería salirse del pecho.

Porque sabía que, en unos minutos...

Mi vida podía cambiar para siempre.

Pero había algo que me daba todavía más miedo.

Si la prueba salía positiva...

habría una segunda prueba que tendría que enfrentar.

Una que solamente podría decirme quién era realmente el padre.

Benny...

O Sreckko.

Y esa verdad podía cambiarlo absolutamente todo.

Continuará...

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