26/07/2026
Hace 17 años fui señalado injustamente de sabotear el trabajo de quienes consideré mis amigos. Mi mundo era el boom de la Web 2.0, y empecé a ver cómo ese mundo se me iba cerrando abruptamente de la noche a la mañana.
Tal vez muchos dirán que no era para tanto, que solo eran mensajes en la pantalla de una computadora. Pero para mí, y a mis 19 años, esos mensajes en la pantalla de una computadora eran mi vida. Una vida en la que me involucré tanto que, por amor a esos "amigos", les tendí la mano y me dieron un puntapié.
Era su palabra contra la mía. Y quienes vieron las cosas por fuera prefirieron ponerse del lado de ellos. No sé si por miedo, o por presión social, o porque creyeron que, si se ponían de mi lado, sufrirían el mismo desprecio y aislamiento social... La verdad eso ya no importa ahora.
Lo que importa es que, en esa primavera de 2009, me quedé solo.
Y no exagero cuando confieso que, durante una semana entera, contemplé el irme para siempre (espero que se entienda sin que Facebook se ponga a chillar). No porque fuera culpable, porque tuvo que pasar más de una década para poder confirmar mi inocencia. Sino porque me sentía peor que basura, y era tanta la acusación de las masas, que en algún momento me llegué a creer que tal vez ellos tenían razón y que yo era el culpable.
Solo una persona me escuchó, analizó los hechos, y se quedó con mi versión de la verdad. Y por esa persona es que sigo aquí en este mundo, sobreviviendo y luchando por seguir adelante.
Por ese amigo, es que "Kite Wars Comet A.R." existe.
Pero muchas veces me pregunto: ¿Y si de verdad NADIE me hubiera creído?
Porque cuando solo es tu palabra contra la del otro, cuando hay presión social de por medio, cuando hay estigmas de por medio, y cuando se juzga antes de ver todo el panorama, pueden ocurrir consecuencias que en ocasiones son irremediables.