27/08/2026
Historias de un cable: "La buena cháchara"
Hoy nos trasladamos a un tianguis gigantesco ubicado en Acatitla, de esos donde encuentras absolutamente de todo. La invitación llegó por mensaje de mi primo Abraham, el Queretarock:
—Vamos a chacharear y a dar la vuelta —me dijo—
¡Claro que sí! Nunca había ido por allá, pero varios compas me habían contado que te topas con cosas muy buenas de audio y música. Nos quedamos de ver en la estación del Metro Portales y comenzamos la travesía. Afortunadamente, el Metro venía muy relax y llegamos a buen tiempo. Desde el vagón ya se veían los puestos y lo inmenso que es ese mercado. Mi primo iba con la meta fija de buscar un disco en específico: el Made in Spain de Miguel Bosé, con la célebre portada diseñada por Andy Warhol.
Llegamos y los primeros puestos con los que topamos eran la mera ropa; pura mercancía traída de Estados Unidos, es decir, la famosa "paca". Pero nuestro objetivo era la cháchara. Caminamos una calle más y comenzaron a salir los puestos de cosas usadas: juguetes, herramientas, trastes, electrodomésticos, etc. En uno de ellos me encontré ni más ni menos que un amplificador Fender de 15 watts en $300 varos. Pensé que de regreso tal vez podía ofertar unos $200, aunque la duda principal era saber en qué estado se encontraba.
Seguimos caminando y las autopartes empezaron a relucir por todos lados; entre puestos de comida, ropa y accesorios para carro, llegamos a una callecita donde vi muchísimas cosas de audio y música: micrófonos, amplificadores de guitarra y pedalitos. Obviamente, esta gente sabía lo que vendía, pues tenían todo a precio de casi nuevo. Aun así, amarré mi primera compra: un pedal Digitech RP100 por apenas $150 varitos. Seguimos el recorrido y salían buenas joyas, solo que lo que hace falta en esos momentos es dinero.
Entre las calles, justo por donde está el Faro de Oriente, vi varios pedales de guitarra más, pero sinceramente estaban en pésimo estado y no valía la pena arriesgarse. Hasta que en un puesto me topé con un tecladito Casio PT-87. Querían $100 varos por él, pero ofertamos $70 para guardar algo de cambio para el regreso. Ya con esas dos compras me daba por bien servido.
Dicen que cuando menos lo imaginas es cuando encuentras las cosas: en una caja llena de discos de vinilo, mi primo encontró la joya que tanto buscaba, en impecable estado y por solo $130 pesitos. ¡Toda una oferta!
Después emprendimos el regreso y, al llegar a casa, tocó hacer la prueba de fuego. El teclado Casio funcionó a la perfección, pero el pedal de plano no prendió. Lo bueno es que Kevin, el bajista de la banda, se la sabe de todas todas en la electrónica y me dijo que sin broncas me lo revisaba.
Ahora toca poner chonguitos para que vuelva a la vida.
Mario Flores Villamil