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  Que cura
15/05/2026

Que cura

11/05/2026

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PORAMORAVERACRUZ todo junto y en mayúsculas
🏝️

10/05/2026

MI COMPAÑERA DE TRABAJO ME DABA TODOS LOS DÍAS TAMALES, Y YO SE LOS DABA TODOS A UN GATO CALLEJERO. DESPUÉS DE UN MES, LA POLICÍA DE REPENTE ACORDONÓ TODA LA JARDINERA DEL CAMELLÓN EN LA CALLE.

Mi compañera, Lupita, cada mañana llegaba puntual con los tamales. Decía que estaban recién hechos, recién salidos de la cocina de su mamá, como muestra de su cariño.
Como no me gustan las cosas pegajosas, frente a ella siempre decía que estaban deliciosos, pero en cuanto se daba la vuelta, se los daba a un gato callejero que vivía en la escalera.
Esto duró un mes entero.
Hasta la semana pasada.
Mientras el jardinero limpiaba las plantas del camellón, su pala chocó con algo duro.
Se agachó a mirar… y retrocedió tres pasos de golpe. Incluso dejó caer su celular.
Media hora después, toda la zona ya estaba rodeada por la policía.
Alguien señaló hacia la ventana de nuestra oficina y dijo:
—“¡Desde ese lado tiraban las cosas!”
1. Los tamales misteriosos
Lupita volvió a traer tamales.
Venían dentro de una hielera pequeña, aún tibios.
Dijo que los había hecho su tía, recién cocinados como siempre.
Sonreí, los acepté, le di las gracias y dije que me daba pena que su tía se esforzara tanto.
Era el día número treinta.
El escritorio de Lupita estaba justo frente al mío. Era una chica callada y tímida.
Hace un mes, de repente empezó a traerme el desayuno todos los días.
Eran tamales caseros, pequeños, envueltos con cuidado.
La verdad… no me gustaban mucho.
Pero tampoco podía rechazar su amabilidad.
El primer día, di un mordisco frente a ella y dije que estaban ricos.
Su cara se iluminó.
Desde entonces, se volvió un ritual diario.
Aceptaba los tamales, esperaba a que se diera la vuelta y salía en silencio de mi asiento.
Detrás de la cocina de la oficina había una puerta que daba a la escalera.
En la esquina vivía un gato callejero, flaco y asustadizo.
Ponía los tamales en un plato pequeño para él.
Siempre me miraba con cautela antes de comer.
Después, volvía a meterse en una caja de cartón.
Esto se repitió durante un mes, sin importar el clima.
Yo alimentaba al gato. Lupita me alimentaba a mí.
Una cadena extraña.
Hasta la semana pasada.
Dejé los tamales como siempre… pero el gato no apareció.
Esperé un poco. Nada.
Pensé que estaba dormido y regresé a la oficina.
Por la tarde, hubo un alboroto abajo.
Miré por la ventana.
El jardinero, don Martín, estaba en medio de la gente, pálido, señalando el lugar que acababa de cavar.
Ese camellón estaba justo frente al edificio.
La policía llegó rápido y puso cinta de “Escena del crimen”.
La gente murmuraba:
—“¿Qué pasó?”
—“Dicen que golpeó algo duro al cavar.”
—“Cuando lo vio, casi se desmaya.”
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
Ese camellón… en los últimos días había cambiado.
Las plantas que antes estaban verdes se habían secado de repente.
Las hojas amarillearon y cayeron.
Justo en ese momento.
Un policía levantó la vista hacia el edificio.
Una mujer señaló hacia nuestra oficina.
Un hombre gritó:
—“¡De ahí tiraban todo!”
Sentí que la sangre se me helaba.
2. El interrogatorio
No tardaron en venir a buscarme.
Dos policías, un hombre y una mujer.
Me llevaron a la sala de juntas.
—“Señora Ella, no se preocupe, solo queremos hacerle unas preguntas.”
Dijeron que revisaron las cámaras.
Durante un mes, todos los días a las 7:45 a.m., yo me detenía en el mismo lugar más de un minuto.
Las manos me empezaron a sudar.
Ese era el lugar donde alimentaba al gato.
—“¿Qué le daba de comer?”
—“Tamales.”
—“¿Quién se los daba?”
—“Lupita, mi compañera.”
Se miraron entre ellos.
—“¿Podemos ver uno?”
Fui por el tamal de ese día.
No lo tocaron directamente. Lo metieron en una bolsa de evidencia con guantes.
Me puse nerviosa.
—“Solo son tamales normales…”
El oficial me miró fijamente.
—“En la tierra del camellón encontramos sustancias químicas tóxicas.”
—“Y lo que encontramos enterrado… estaba justo debajo de las plantas muertas.”
—“¿Qué encontraron?” pregunté.
No respondió.
Solo dijo:
—“¿Está segura de que lo que le daba al gato era solo masa y azúcar?”
Me quedé helada.
3. El misterio emerge
Salí de la sala sin saber cómo.
¿Masa y azúcar… realmente solo eso?
Lupita seguía igual, sentada en silencio.
Pero por primera vez… ese silencio me dio miedo.
Esa noche, le conté todo a mi esposo, Carlos.
Pensé que se preocuparía.
Pero no.
—“No es nada,” dijo, volviendo a la televisión.
—“Es procedimiento normal.”
—“¡Pero hay químicos, y el gato desapareció!”
—“Estás exagerando,” respondió.
Su reacción fue fría.
Demasiado fría.
No pude dormir.
Revisé los mensajes con Lupita.
Siempre lo mismo:
—“Ya te dejé el desayuno en tu mesa.”
Como una máquina.
Se me ocurrió algo.
Fui al refrigerador.
Saqué un tamal que había guardado días antes.
Lo escondí en el congelador, debajo de unas salchichas.
Si había algo raro… sería mi evidencia.
Volví a la cama.
Justo cuando me iba a acostar…
Mi celular vibró.
Un número desconocido.
Abrí el mensaje.
Solo una frase:
—“El tamal de hoy… ¿le gustó a tu gato?”

El es el pequeño Vicente, el niño de 3 años que murio ayer en Mexicali Baja California tras quedar en el carro más de 13...
04/05/2026

El es el pequeño Vicente, el niño de 3 años que murio ayer en Mexicali Baja California tras quedar en el carro más de 13 horas, el hecho que ha conmocionado a muchos por el hecho de como pasaron las cosas, su madre ya confesó y menciona que llegó borracha de una fiesta entro a su casa se dió un baño y se metió a dormir, dejando al pequeño dentro del carro en la silla de seguridad.

Fue hasta el otro día a la una de la tarde que se despertó que se dió cuenta de lo que había hecho, pero ya era demasiado tarde, el Padre no se se encontraba con ellos esa noche, aparentemente ella había llegado con otra persona esa noche, las causas de la muert3 informa el médico forense fue a causa de un golpe de calor también tenía quemaduras de primer grado en sus piernas y brazos.

Descanse en Paz el pequeño Vicente 😢🕊️ nunca nunca voy a entender como se te olvida un Niño en el carro

04/05/2026

Historias para compartir Mi esposo se fue 15 días a la playa con su “mejor amiga” y volvió creyendo que yo solo iba a llorar. Pero cuando le pregunté: “¿Sabes qué enfermedad tiene ella?”, se le cayó la sonrisa… y por primera vez vi miedo en los ojos de un infiel.💉
Diego llegó bronceado, perfumado y con una pulsera de hotel todavía escondida bajo la manga.
Ni siquiera tuvo la decencia de verse culpable.
Entró a la casa con su maleta cara, dejó las llaves sobre la mesa y me besó la frente como si no hubiera desaparecido medio mes.
—Amor, fue un viaje de trabajo complicado —dijo.
Yo estaba sentada en la cocina.
Sin maquillaje.
Sin gritos.
Sin lágrimas.
Solo con una taza de café frío y su computadora abierta frente a mí.
Diego vio la pantalla.
Su cara cambió.
—¿Qué haces con eso?
—Esperarte.
Su “mejor amiga” se llamaba Camila.
La misma Camila que me abrazó en nuestra boda y dijo:
—Cuídalo mucho, amiga. Diego es como mi hermano.
Como mi hermano.
Qué asco me dio recordar esa frase.
Durante años la invité a mi casa.
Le serví comida.
Le presté vestidos.
La escuché llorar por hombres que supuestamente la usaban.
Nunca imaginé que ella dormía con el mío.
El viaje empezó con una mentira tonta.
“Voy a Monterrey a cerrar un contrato.”
Pero su tarjeta cobró cenas en Tulum.
Masajes para dos.
Una habitación con cama king.
Y una botella de champaña que costaba más que la colegiatura de nuestra hija.
Cuando lo llamé, no contestó.
Cuando le escribí, me mandó un audio de tres segundos:
—Estoy en junta, luego te marco.
De fondo se escuchaba el mar.
Y la risa de Camila.
Esa risa se me quedó clavada en la cabeza 15 días completos.
No dormí.
No comí bien.
No dije nada.
Porque una esposa herida que grita parece loca.
Pero una esposa callada que investiga encuentra todo.
Encontré las fotos borradas.
Encontré los boletos.
Encontré el nombre del hotel.
Encontré una reservación a nombre de “señor y señora Vargas”.
Vargas era mi apellido de casada.
El que ella usó para meterse en mi lugar.
Ese día quise romperlo todo.
Pero luego encontré algo peor.
Un correo escondido en la carpeta de spam.
No era del hotel.
No era de una amante.
Era de una clínica privada en Mérida.
“Resultados urgentes. Paciente: Camila Robles.”
Leí el asunto tres veces.
No abrí el archivo al principio.
Me temblaban las manos.
Pensé en una enfermedad común.
Pensé en un susto.
Pensé en cualquier cosa menos en lo que vi después.
Camila no solo estaba enferma.
Camila lo sabía antes del viaje.
Y aun así se fue con mi esposo.
Peor todavía.
Diego también había recibido una copia.
A su correo personal.
Tres días antes de regresar.
Por eso no voló directo a casa.
Por eso apagó el celular dos noches.
Por eso compró medicamentos en efectivo.
Por eso, cuando entró a la cocina, venía oliendo a perfume caro… y a miedo escondido.
—Mariana —dijo, cerrando la laptop de golpe—. No invadas mi privacidad.
Me reí bajito.
—¿Tu privacidad? ¿O tu coartada?
Diego apretó la mandíbula.
—No empieces.
—¿Cómo estuvo el contrato en Monterrey?
No respondió.
—¿Bonita la junta frente al mar?
Se le fue el color.
—¿Quién te dijo?
—Tu tarjeta. Tus fotos. Tu hotel. Camila.
Al escuchar su nombre, bajó la mirada.
Ese gesto me dolió más que una confesión.
Porque no negó nada.
Solo calculó cuánto sabía yo.
—Mariana, fue un error.
—Quince días no son un error, Diego. Son una luna de miel.
Él se acercó.
—No pasó como crees.
—¿Durmieron separados?
Silencio.
—¿La tocaste?
Silencio.
—¿La besaste?
Silencio.
La taza de café me tembló en la mano, pero no la solté.
—¿Pensaste en nuestra hija mientras firmabas como esposo de otra mujer?
Diego se tapó la cara.
—Ya basta.
—No. Apenas estoy empezando.
Entonces saqué una carpeta amarilla de debajo de la mesa.
Él la miró como si fuera una pi***la.
—¿Qué es eso?
—Lo que debiste leer antes de subirte a ese avión con ella.
Diego se quedó quieto.
Demasiado quieto.
Abrí la carpeta.
Adentro estaban los resultados médicos de Camila, una receta, dos fotografías y una nota escrita por la misma clínica:
“Se recomienda notificar de inmediato a contactos cercanos.”
Diego tragó saliva.
—Mariana… eso no es lo que parece.
—¿Ah, no?
Me levanté despacio.
Durante 15 días imaginé muchas formas de enfrentarlo.
Pensé en insultarlo.
Pensé en echar su ropa a la calle.
Pensé en llamar a Camila y decirle que viniera por las sobras de hombre que había elegido.
Pero cuando vi esos resultados, entendí que el escándalo era lo menos importante.
Él no solo me había traicionado.
Había traído una bomba a mi casa.
A nuestra cama.
A nuestra hija.
Lo miré directo a los ojos.
—Te voy a hacer una sola pregunta, Diego.
Él ya no parecía el hombre seguro que entró por la puerta.
Parecía un niño atrapado con la mano dentro del cajón prohibido.
—¿Cuál?
Respiré hondo.
Luego dejé los papeles sobre la mesa, uno por uno.
—¿Sabes qué enfermedad tiene Camila?
Diego abrió la boca.
No salió nada.
En ese momento, su celular vibró.
El nombre de Camila apareció en la pantalla.
Y debajo, un mensaje que me heló la sangre:
“No le digas todavía. Si Mariana descubre lo del bebé, todo se acaba.”

El Complejo Petroquímico Cangrejera de Petróleos Mexicanos  , ubicado en Coatzacoalcos, Veracruz, cumple 45 años de habe...
30/04/2026

El Complejo Petroquímico Cangrejera de Petróleos Mexicanos , ubicado en Coatzacoalcos, Veracruz, cumple 45 años de haber sido inaugurado.

28/04/2026

Historias para reflexionar 👇🏼 Comentarios

24/04/2026

Que usan ustedes mujeres para revitalizar el cabello?

¿Vives con una esposa enojada?  Eso no es casualidad.Si todo le molesta,  si todo le estorba,  si te habla golpeado,  si...
24/04/2026

¿Vives con una esposa enojada?
Eso no es casualidad.

Si todo le molesta,
si todo le estorba,
si te habla golpeado,
si parece que en cualquier momento va a estallar en llanto o en gritos...

Tú solo estás viendo ese momento.

Pero no viste las veces que se levantó en la madrugada.
No viste cómo preparó la comida mientras calmaba berrinches.
No viste cómo recogió la casa mientras atendía a todos.
No viste cuando se probó su ropa favorita y descubrió que ya no le quedaba.
No viste cómo fue guardando cansancio, estrés y tristeza durante todo el día.

Sí, la viste molesta.
La viste gritando.
La viste con ganas de pelear.

Pero, ¿la viste cansada?
¿La viste sintiéndose sola?
¿La viste cargando con todo?

Y tú…
¿levantaste tu ropa sucia?
¿le aligeraste el peso?
¿compartiste la carga?
¿o solo esperaste a que ella pudiera con todo?

Porque no,
no está enojada “porque sí”.

Muchas veces está agotada, saturada y necesitando apoyo…
no críticas.

Déjala tomar ese baño largo.
Prepárale ese café para empezar su día.
Cambia ese pañal.
Encárgate de tus hijos.
Llévale su comida favorita y deja que descanse de la cocina por un día.
Guarda el celular cuando llegues a casa y mírala de verdad.

Porque muchas veces no necesita grandes regalos,
necesita pequeños actos de amor que le recuerden que no está sola.

Hay muchos detalles que pueden cambiar su día, aliviar su carga y devolverle la paz.

Tal vez tu esposa no está enojada…
tal vez solo está cansada de sentirse sola.
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LOS 10 SÍNTOMAS DEL CÁNCER MÁS IGNORADOS POR LAS PERSONASAquí no hay rodeos: el problema no es que el cáncer aparezca de...
24/04/2026

LOS 10 SÍNTOMAS DEL CÁNCER MÁS IGNORADOS POR LAS PERSONAS

Aquí no hay rodeos: el problema no es que el cáncer aparezca de la nada… el problema es que muchas veces el cuerpo avisa y la gente decide ignorarlo hasta que ya es demasiado tarde. No porque no haya señales, sino porque son señales que parecen "normales", que se confunden con cansancio, con estrés, con edad, con cualquier cosa… menos con algo serio.

El cuerpo no se queda callado. Siempre da avisos. El detalle es que no llegan como una alarma fuerte desde el inicio, llegan poco a poco, silenciosos, disfrazados. Y ahí es donde la gente la riega.

Primera señal: cansancio que no se quita. No es el típico cansancio de trabajar o dormir mal. Es un agotamiento que se siente pesado, constante, que no mejora aunque descanses. El cuerpo está gastando energía en algo interno y tú solo sientes que no te alcanza el día para nada.

Segunda señal: pérdida de peso sin razón. No hiciste dieta, no cambiaste tu alimentación, no estás haciendo ejercicio… pero empiezas a bajar. Y muchos hasta se alegran. Grave error. Cuando el cuerpo empieza a consumir sus propias reservas sin explicación, algo no está bien.

Tercera señal: dolores que no tenían por qué estar ahí y no se van. No es un golpe, no es una mala postura. Es un dolor que aparece, se queda y no responde como debería. Puede ser leve al inicio, pero constante. El cuerpo está señalando que algo está ocupando espacio o presionando donde no debe.

Cuarta señal: cambios en la piel. Manchas nuevas, lunares que cambian de forma, color o tamaño, zonas que se ven raras, heridas que no cicatrizan. La piel habla más de lo que crees, pero muchos lo dejan pasar pensando que es "normal".

Quinta señal: sangrados extraños. Sangre donde no debería haber. En la o***a, en las heces, al toser, o sangrados que aparecen sin explicación. Eso no es algo para ignorar ni para "a ver si se quita solo".

Sexta señal: tos o ronquera que no se va. No es una gripe común. Es algo que se queda, que no mejora, que se vuelve parte del día a día. Y la gente lo deja pasar semanas o meses.

Séptima señal: dificultad para tragar o sensación de que la comida no baja bien. No es normal. Si cada vez te cuesta más o sientes que algo estorba, el cuerpo está avisando.

Octava señal: cambios en el baño. Estreñimiento constante, diarrea sin razón clara, cambios en el ritmo o en la forma. El cuerpo está diciendo que algo no está funcionando como antes.

Novena señal: bultos o endurecimientos. En cualquier parte del cuerpo. No importa si no duelen. Justo ese es el problema: muchos no duelen al inicio y por eso la gente los ignora.

Décima señal: infecciones o molestias que regresan una y otra vez. El cuerpo intenta defenderse, pero algo lo está debilitando. No es normal estar cayendo en lo mismo constantemente.

Y aquí viene lo más importante: ninguno de estos síntomas por sí solo confirma nada. Pero tampoco son para hacerse pendejo y dejarlos pasar. Son avisos. Son señales de que el cuerpo no está funcionando como debería.

El error más grande es esperar a que duela fuerte, a que sea insoportable, a que ya no haya de otra. Porque cuando el problema se deja avanzar, ya no es lo mismo atenderlo.

La gente le tiene miedo a la palabra, pero no le tiene miedo a ignorar su propio cuerpo. Y ahí está el verdadero riesgo. No en lo que pueda aparecer… sino en no hacer caso cuando ya está dando señales.

El cuerpo no se equivoca. Si algo cambia, si algo persiste, si algo no cuadra… no es coincidencia. Es información. Y el que decide ignorarla, también está decidiendo las consecuencias.

Así de claro. TippLux

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