19/05/2026
EN LA CFE DE SAN CRISTÓBAL NO DENUNCIAN CANSANCIO: DENUNCIAN HOSTIGAMIENTO
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas | 18 de mayo de 2026
Cuando una institución pública empieza a tratar a sus trabajadores como piezas desechables, el problema deja de ser administrativo.
Se convierte en humano.
Y lo que hoy denuncian trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad en la Zona San Cristóbal no es menor: hablan de jornadas interminables, videoconferencias a altas horas de la noche, trabajo en días festivos sin pago de horas extras, amenazas constantes y un ambiente laboral donde —según denuncian— la salud y la familia dejaron de importar.
La acusación es grave porque además tiene nombres.
Los trabajadores señalan directamente al CP. Leo Dan Selvas Cruz, Levi Adalid Ortiz Herrera y al superintendente Fernando Campuzano Rodríguez como parte de una dinámica de presión y hostigamiento laboral que, aseguran, se volvió permanente dentro de la división sureste.
Y aquí la pregunta es:
¿En qué momento la productividad comenzó a justificar el desgaste humano extremo?
Porque una cosa es exigir resultados.
Y otra muy distinta normalizar jornadas de más de doce horas continuas, videollamadas hasta las diez de la noche, llamados en días festivos y trabajadores conduciendo cansados únicamente porque “el cumplimiento es primero”.
Esa frase, según denuncian, habría sido pronunciada desde el propio Departamento Comercial: “No importa tu salud ni tu familia, el cumplimiento es primero”.
Si eso realmente se está diciendo dentro de una empresa del Estado mexicano, entonces el problema ya rebasó el terreno laboral.
Entró al terreno de la dignidad.
Porque ningún trabajador debería sentirse obligado a escoger entre conservar su empleo o conservar su salud mental.
Y mientras algunos trabajadores denuncian agotamiento extremo y ausencia total de vida familiar, también aparecen señalamientos de favoritismo e impunidad.
Desde el uso presuntamente irregular de vehículos oficiales fuera de horario laboral por parte de Levi Adalid Ortiz Herrera, hasta privilegios laborales atribuidos a la licenciada Daminia, quien —según las denuncias— tendría flexibilidad y cargas distintas al resto del personal.
Eso genera otra fractura silenciosa dentro de cualquier institución: la percepción de que hay trabajadores de primera y trabajadores sacrificables.
Y ahí es donde comienzan los resentimientos, el miedo y el desgaste colectivo.
La CFE no puede presumir modernización, eficiencia o productividad mientras sus propios trabajadores denuncian vivir bajo presión permanente, amenazas y agotamiento físico.
Porque detrás de cada reporte, cada corte, cada videoconferencia y cada meta cumplida, hay personas.
Personas con familias. Con hijos. Con derecho al descanso. Con derecho a desconectarse. Con derecho a enfermarse sin miedo.
Y si las denuncias son ciertas, entonces alguien tendría que explicar por qué dentro de una empresa pública mexicana hay trabajadores afirmando que hace meses dejaron de conocer lo que significa descansar.
Porque el abuso laboral no deja siempre huellas visibles.
A veces se refleja en ansiedad, agotamiento, miedo y silencio.
Y muchas veces comienza exactamente así: cuando normalizan que el trabajador ya no tenga vida fuera del trabajo.
Colaboración en la Mira