08/06/2026
El proyecto de la planta de amoníaco de "Gas y Petroquímica de Occidente (GPO)" en el puerto de Topolobampo, Sinaloa, se encuentra en el centro de un intenso debate socioambiental.
Mientras que el sector agrícola y el gobierno local defienden su construcción por el enorme abasto de fertilizantes y el impulso económico que promete, colectivos ciudadanos, comunidades indígenas y organismos internacionales advierten sobre una serie de riesgos críticos.
Los principales riesgos identificados por expertos, activistas y relatores de la ONU se dividen en tres áreas fundamentales:
1. Muerte del ecosistema (Bahía de Ohuira).
La planta se planea construir en una zona protegida por su biodiversidad.
Se destruyen los manglares, que son los "pulmones" de la costa y la protegen de huracanes.
El agua caliente y los químicos que desecharía la planta ahuyentarían a los delfines, tortugas y aves que viven ahí.
2. Golpe a los pescadores e indígenas.
Adiós a la pesca: De la bahía viven miles de familias, si se contamina el agua, se acaba el camarón y el pescado, destruyendo la economía local.
Daño cultural: Las comunidades indígenas (Yoreme-Mayo) denuncian que la industria invade sus tierras sagradas y sus tradiciones.
3. Peligro de una catástrofe química.
El amoníaco es un gas altamente tóxico, la planta planea producir miles de toneladas al día, si ocurre un accidente, un terremoto o un huracán potente, una fuga de este gas crearía una nube venenosa que pondría en riesgo la vida de la gente en Topolobampo y Los Mochis.
En pocas palabras: El riesgo es cambiar la seguridad de la gente y un paraíso natural que da de comer a miles de personas, por el beneficio económico de una petroquímica.