16/12/2025
Hace diez años un colega y yo hicimos un proyecto de Rap experimental que dividió críticas.
Mientras todos hacían rap como se suponía que debía ser, nosotros mezclamos géneros que no tenían nada que ver: Rap con Hardstyle, D&B, Black Metal, Electro-dark, Death Metal… un Frankenstein en todos los sentidos.
Hoy, ese tipo de fusiones son un poco más comunes y aceptadas. Pero en ese momento, no. Solo en Próxima Centauri fue número uno en ventas. Y menos mal que no lo escuchó mi tía Prudencia si no me habría excomulgado.
Yo era el productor.
Mi colega era el que rapeaba.
Y en el único videoclip que grabamos, yo aparecía como una sombra, fuera de foco.
Casi no se ve mi cara. No hay primer plano. No fue casualidad: así me sentía en la vida. Presente, pero escondido. Estaba pasando por una etapa complicada y me sentía vacío e infeliz. Y en mi música se reflejaba todo eso.
Pero lo curioso es el contraste con la actualidad.
Ese Gabriel no sé reconocería ahora ya que ¿quién iba a decir que diez años después sería el que daría la cara? El que hace Lives, el que bromea, el que se expone, el que le dice a las nuevas generaciones que luchen por lo que quieren y que se animen a mostrar lo que hacen.
Hoy ese proyecto ya no existe, pero además de nuestra amistad, lo que también continuó fue la música, nunca se fue, siempre ha estado ahí.
Todavía hay canciones de esa etapa. Han estado años guardadas. Son remanentes de una vida pasada que ahora, por fin, estoy preparando para sacar.
No como nostalgia, sino como cierre.
Porque a veces no se trata de borrar quién fuiste,
sino de terminar de decir lo que quedó pendiente.