26/08/2026
🤍🫶Gastamos muchísima energía vital intentando cambiar a las personas, esperando que por fin actúen con la empatía, el cuidado o la responsabilidad afectiva que nosotras sí les entregamos. Y cuando no lo hacen, nos frustramos, nos desgastamos y nos lastimamos.
Desde la psicología informada en trauma, sabemos que intentar cambiar a un adulto o esperar a que "se dé cuenta" de su error es una batalla perdida.
Es una dinámica que solo mantiene a tu sistema nervioso en un estado crónico de alerta y decepción. La verdadera sanación relacional comienza cuando aplicas el principio de la distancia compasiva:
Aceptar no es justificar: Aceptar a alguien como es no significa aplaudir sus actitudes o permitir que te falte al respeto. Significa rendirte ante la realidad de que esa es su capacidad emocional actual, y dejar de esperar peras del olmo.
Reasignar lugares: Poner límites no siempre significa cortar lazos radicalmente. A veces, el límite más sano es simplemente cambiar a alguien de la "primera fila" de tu corazón y moverlo a la última fila de las gradas, donde sus acciones ya no impactan tu estabilidad emocional.
Recuperar tu energía: Cuando dejas de pelear contra la realidad de quién es el otro, toda esa energía que usabas intentando "arreglarlo" o entenderlo, regresa a ti para que la inviertas en tu propio crecimiento.
Respira profundo. Tu trabajo no es enseñarle a los demás cómo amar, cómo ser recíprocos ni cómo comportarse. Tu único trabajo es observar cuidadosamente cómo te tratan, aceptarlo como una verdad absoluta, y decidir desde tu amor propio en qué asiento de tu vida los vas a colocar hoy.
Guarda este recordatorio para esos días donde la culpa intente convencerte de que estás siendo "demasiado estricta" con tus límites.✨🤍⚡️