25/08/2026
Hoy es 25 y nuevamente nos dicen que “no estamos solas”.
Pero desde principio de año en Escuinapa, creemos que esa frase necesita sostenerse con algo más que una publicación.
Lo que estamos viviendo no puede seguir viéndose únicamente como una suma de casos aislados. Cuando la violencia se repite y seguimos contando mujeres asesinadas, tenemos que preguntarnos qué problema estructural, social y cultural existe detrás y qué se está haciendo para entenderlo.
¿Dónde están los diagnósticos?¿Se están estudiando los contextos en los que están ocurriendo estas muertes? ¿Se están identificando factores de riesgo, edades, territorios, antecedentes de violencia, condiciones de vulnerabilidad o patrones que permitan comprender qué está pasando con las mujeres en Escuinapa?
La prevención también implica estudiar el problema, reconocer patrones, identificar riesgos y construir políticas públicas desde la realidad del territorio. Y para eso se necesitan instituciones preparadas, coordinación real y personas con perspectiva de género, conocimiento de derechos humanos y capacidad para comprender la dimensión de lo que estamos viviendo.
Cada vez que asesinan a una mujer parece comenzar un segundo juicio: el juicio sobre su propia vida.
¿En qué andaba? ¿Con quién se juntaba?¿Qué hacía?¿Por qué estaba ahí?
De cada mujer asesinada se quiere conocer hasta el último detalle para decidir qué tanta empatía merece su muerte. Revictimizandolas. Cuando rumores, señalamientos o aspectos de su vida personal empiezan a utilizarse para explicar por qué una mujer “terminó así”, terminamos construyendo una especie de criminalización post mortem: primero fue víctima de la violencia y después la sentamos socialmente en el banquillo.
Pareciera que para indignarnos una mujer tiene que cumplir ciertos requisitos. Haber vivido correctamente. Haberse relacionado con las personas correctas. Haber tomado las decisiones correctas. Ser suficientemente “buena” bajo nuestros propios parámetros.
Y no.
No tienen que ser santas.
No tienen que caernos bien.
No tienen que haber vivido como creemos que una mujer “debería” vivir para que su as*****to nos importe.
Los derechos humanos no se conceden por respetabilidad.
La violencia contra las mujeres tampoco comienza el día en que asesinan a una. Existe un continuum de violencias que se alimenta de desigualdades, normalización, impunidad, misoginia y también de una cultura que sigue dividiendo a las mujeres entre aquellas que considera dignas de protección y aquellas cuya violencia está dispuesta a justificar.
Quizá una de las cosas más dolorosas que esta crisis está dejando al descubierto es qué tan rápido nos estamos acostumbrando a la muerte y qué tan fácil encontramos argumentos para que algunas nos duelan menos.
Por eso hoy, Día Naranja, no queremos únicamente escuchar que “no estamos solas”.
Queremos saber qué se está estudiando para entender esta crisis. Qué factores de riesgo se han identificado. Qué se está haciendo desde la prevención. Qué políticas públicas se están replanteando. Cómo se están coordinando las instituciones y qué se hará diferente frente a una realidad que evidentemente ya cambió.
Y también necesitamos preguntarnos, como sociedad, en qué momento comenzamos a juzgar tanto a nuestras mu**tas y a cuestionar tan poco la violencia que las mata.
Queremos que nuestras vidas importen los otros días del mes, y que importen antes de convertirnos en otra ausencia que lamentar.
Gobierno De Escuinapa
Immujer Escuinapa
Secretaría de las Mujeres Sinaloa
Victor Diaz Simental
Cecilia Lopez Burgueño
Dirección de Seguridad Pública y Tránsito Municipal de Escuinapa
Claudia Sheinbaum Pardo
Omar García Harfuch
Graciela Domínguez Nava