15/04/2026
🚨 Escuintla tuvo en sus manos un símbolo histórico… y lo dejó desaparecer.
Hubo un día en que Escuintla dejó de ser periferia para convertirse en el centro político de Chiapas.
Aquí, en este mismo parque —bajo estas nubes, entre estas palmeras— se levantó un obelisco que no era adorno: era memoria. Desde ese punto se conmemoraron los 500 años de nuestra fundación prehispánica. Aquí sesionaron los poderes del estado. Aquí estuvieron más de cien presidentes municipales. Aquí, por un momento, Escuintla fue el corazón de Chiapas.
Y sin embargo, no fuimos capaces de sostener ese símbolo.
El obelisco que aparece en esta imagen no cayó por el paso del tiempo ni por un desastre natural. Fue derribado por decisión humana. Por comodidad. Por falta de visión. Porque estorbaba. Porque nunca terminamos de entender lo que significaba.
Lo sustituyeron por algo menor, casi invisible. Como si reduciendo el monumento también se redujera la historia. Como si al quitarlo del centro, también quitáramos del centro lo que somos.
No es un tema de nostalgia. Es un síntoma.
En Escuintla hemos aprendido a celebrar… pero no a preservar. A reunirnos en torno a la memoria… pero no a cuidarla después. A inaugurar… pero no a sostener.
Ese obelisco no era solo concreto: era la marca física de un momento irrepetible. El día en que este pueblo fue reconocido, visto, tomado en cuenta. Hoy, ni el monumento permanece, ni el hecho ocupa el lugar que debería en nuestra conciencia colectiva.
Y eso duele más que cualquier demolición.
Porque cuando un pueblo borra sus propios símbolos, no pierde piedras… pierde rumbo.
¿Cuántas historias más están desapareciendo sin que nadie lo note?