Amaury Sánchez G.

Amaury Sánchez G. Política Libre con Amaury
Análisis político y económico sin filtros, sin consigna y sin amarres. Un espacio para entender el país con claridad,

Aquí encontrarás columnas editoriales con narrativa profunda, ironía fina y mirada ciudadana.

Polaca a la Sudcaliforniana: Cuando la guinda trae estirpe, el Cota sonríe​Por Amaury Sánchez​¡Ay, mi Choya querida! Agá...
03/09/2026

Polaca a la Sudcaliforniana: Cuando la guinda trae estirpe, el Cota sonríe

​Por Amaury Sánchez

​¡Ay, mi Choya querida! Agárrense los sombreros y sirvan las pacíficas bien heladas, porque mientras la palomilla anda afanada viendo si el calor de La Paz da tregua o si el agua sale con ganas en las colonias, en el fogón de la política ya se sirvió el plato fuerte. Y no es por alborotar al avispero, pero aquello huele a tamal de chilorio bien sazonado: sabroso para los del movimiento guinda, pero capaz de sacarle canas verdes a más de un despachador del Palacio de Gobierno.

​Dice la leyenda urbana que en 2027 la pelea por la gubernatura de Baja California Sur va a ser entre la 4T y la oposición. ¡Uy, sí! Permítanme soltar la carcajada de Todos Santos. Con el PAN desértico y buscando candidato como quien busca una almeja generosa en plena marea alta —encontrando nomás a Don Pancho Pelayo sacándole el polvo a las fotos del ayer—, el verdadero zipizape no está afuera. ¡Qué va! La bronca de a de veras, el tiro calientito, se está jugando en las entrañas de Morena.

​Y ahí, mis choyeros, la brújula interna ya agarró rumbo fijo: el que viene apretando el paso con el motor bien afinado, con el chaleco guinda bien puesto y el acelerador al fondo es Manuel Cota Cárdenas.

​¡Ah, qué muchacho! El diputado federal de Morena se bajó del tren de San Lázaro, se puso las botas de campo y anda recorriendo el estado de arriba a abajo, agarrando un vuelo propio que ya quisieran los de la vieja guardia. Con la vena política de la estirpe Cota, el respaldo directo del morenismo de cepa y una estructura bien aceitada que le responde tanto en La Paz como en las comunidades del norte, Cota Cárdenas se les anduvo metiendo por la libre. Dicen en los pasillos que su proyecto no nomás junta simpatías, sino que anda juntando los pedazos que otros dejaron rotos en el camino.

​¿Y Doña Milena Quiroga? Bueno, la exalcaldesa paceña traía la bendición del grupo oficialista y las tijeras listas para cortar el listón de la candidatura, pero el terreno se le volvió de arena suelta. Entre el desgaste propio del ayuntamiento y el descontento de la militancia que no quiere imposiciones, la puntera de ayer hoy andan viéndola por el retrovisor mientras Manuel arma su "Visión 2040" desde las bases del partido.

​Por el lado de Los Cabos, Christian Agúndez y la gente del PT traen su propio juego de dominó, pero saben perfectamente que el amarre de a de veras dentro de la coalición, la llave del candado estatal, la trae el grupo de Cota en la bolsa. Si el muchacho logra abrochar el pacto con el sur y consolidar la alianza Morena-PT-PVEM sin que se le salgan las cabras de la cerca, no habrá encuesta en la Ciudad de México que le pueda escatimar la candidatura.

​¿Y la oposición panista? Bien, gracias, tomando café en la sombrita del malecón y esperando a ver de qué tamaño es la fractura guinda para ver si recogen los platos rotos. Pero seamos serios: si Manuel Cota encabeza el movimiento y abrocha las tres posiciones —gubernatura, la mayoría del Congreso local y las dos diputaciones federales—, la oposición se va a quedar mirando el eclipse sin lentes.

​Así que no se hagan bolas. Si en el 2027 Morena decide no pegarse un tiro en el pie y apuesta por la estructura real, el liderazgo de Cota Cárdenas tiene la mesa puesta para quedarse con la joya de la corona sudcaliforniana. Por lo pronto, el pueblo mira, aplaude y suspira al ver la rebanada del pastel: "¡Tan lejos del PAN y tan cerca de la Cota-manía!"

La llave, la rectora y la silla tapatíaPor Amaury SánchezEn política no existen las fotografías inocentes. Hasta la foto...
03/09/2026

La llave, la rectora y la silla tapatía

Por Amaury Sánchez

En política no existen las fotografías inocentes. Hasta la foto del saludo, del cafecito y de la sonrisa institucional trae dedicatoria, destinatario y, cuando se acercan las elecciones, hasta código postal.

Por eso el encuentro entre la rectora general de la Universidad de Guadalajara, Karla Planter, y la diputada federal Merilyn “Mery” Pozos no debe mirarse únicamente como una visita de cortesía. Allí no se reunieron dos amigas para intercambiar estampitas: se sentaron frente a frente una de las instituciones más poderosas de Jalisco y la mujer que preside la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados.

¡Casi nada!

Sobre la mesa estuvieron los retos financieros de la UdeG para el próximo ejercicio fiscal. Debajo de la mesa, políticamente hablando, estaba Guadalajara 2027.

Hay que decirlo sin echarle demasiada crema al taco: Mery Pozos no es la dueña de la caja fuerte nacional, ni puede repartir miles de millones como quien sirve birria un domingo en Las Nueve Esquinas. El presupuesto lo propone el Ejecutivo, lo dictamina colegiadamente la Comisión y lo aprueba el Pleno de la Cámara.

Pero tampoco nos hagamos los sorprendidos. Pozos no tiene la caja fuerte, pero conoce la combinación, participa en la negociación y ocupa una silla desde la cual es posible abrir puertas que para otros permanecen cerradas.

La UdeG lo sabe perfectamente.

Karla Planter hizo lo que debe hacer cualquier rectora responsable: acudir a San Lázaro antes de que el presupuesto llegue cocinado, servido y sin posibilidad de cambiarle la salsa. La negociación de los recursos no empieza cuando Hacienda entrega el Paquete Económico; comienza meses antes, cuando universidades, gobernadores y grupos parlamentarios acomodan necesidades, proyectos y prioridades.

Además, Planter necesita demostrar que su Rectoría posee voz propia y capacidad para negociar directamente con la Federación. La Universidad ya cuenta con una garantía constitucional sobre su componente estatal, pero todavía depende considerablemente del subsidio federal. Con más de 344 mil estudiantes y una red extendida por todo Jalisco, quedarse cruzada de brazos no sería autonomía, sino irresponsabilidad.

Hasta ahí, todo institucional.

El problema —o la oportunidad— aparece cuando entra en escena la sucesión de Guadalajara.

Mery Pozos ya levantó la mano para buscar la candidatura de Morena a la Presidencia Municipal en 2027. Representa el distrito federal 11 de la capital jalisciense, recorre colonias, cuestiona las finanzas del Ayuntamiento y aparece en encuestas que intentan colocarla al frente de la competencia interna.

Una medición divulgada en julio le concedió 32.1 por ciento frente a 28.5 de Carlos Lomelí. Pero la diferencia fue de 3.6 puntos y el margen de error llegó a 3.5. Traducido al idioma de la calle: aquello no es una paliza; es un empate con maquillaje y fotógrafo.

Y en esa competencia, la reunión con Planter le cae a Mery como anillo al dedo.

La diputada puede presentarse como el puente entre Jalisco y la Federación; como la legisladora que recibe a la Rectoría y participa en la defensa de los recursos universitarios. Ya tiene, además, un antecedente aprovechable: durante la discusión del presupuesto 2026 presentó la reserva con la cual se restituyeron 4 mil 371 millones de pesos que habían desaparecido del proyecto original.

Claro que la historia completa exige recordar que Claudia Sheinbaum ya había reconocido el error y prometido corregirlo. La reposición no fue obra de una he***na solitaria, sino resultado de una decisión presidencial, una operación legislativa y los votos de la mayoría.

Pero las campañas no suelen alimentar sus discursos con notas al pie.

¿Significa la reunión que la UdeG ya escogió candidata? No.

¿Demuestra que existe una alianza electoral entre Planter y Pozos? Tampoco.

Afirmarlo sería convertir una fotografía en acta matrimonial. La Universidad dialoga con gobiernos, partidos y legisladores porque ésa es parte de su responsabilidad institucional. El problema comenzaría si esa interlocución se transformara en apoyo partidista, movilización electoral o intercambio de recursos por adhesiones.

Hasta ahora no existe evidencia pública de eso.

Lo que sí existe es una coincidencia de intereses: Planter necesita presupuesto e interlocución federal; Mery necesita resultados, relaciones y estatura política para competir por Guadalajara. Ambas ganan con la reunión. La rectora demuestra capacidad de negociación y la diputada consigue una fotografía con una institución cuyo peso académico, territorial y político nadie puede ignorar.

Falta conocer quién gana fuera de la fotografía.

Los universitarios deben exigir una cartera pública de proyectos, cantidades solicitadas, compromisos y resultados. Porque si después del encuentro llegan recursos para aulas, laboratorios, investigación e infraestructura, habrá gestión. Si únicamente aparecen publicaciones, sonrisas y frases de buena voluntad, habrá propaganda.

Mery Pozos ya se retrató junto a la puerta del presupuesto y mira de reojo la silla principal de Guadalajara.

Ahora tendrá que demostrar que lleva la llave y no solamente el llavero.

01/09/2026
De Demoscopia, Magia Negra y la Inexplicable Desaparición de Jesús Salazar​Por Amaury Sánchez​¡Vaya, vaya! Resulta que e...
31/08/2026

De Demoscopia, Magia Negra y la Inexplicable Desaparición de Jesús Salazar

​Por Amaury Sánchez

​¡Vaya, vaya! Resulta que en el pintoresco circo de la política tapatía nos acaba de brotar un nuevo milagro demoscópico. La prestigiosa —y muy complaciente— firma GobernArte acaba de soltar una encuesta donde nos dice, con la mano en la cintura y el pecho henchido de orgullo, que la diputada Mery Pozos le saca nada menos que 10.3 puntos de ventaja al mismísimo Dr. Carlos Lomelí para la alcaldía de Guadalajara en 2027.

¡Hágame usted el favor! Mery Pozos, volando alto en las nubes de la estadística, mientras en el territorio los mortales seguimos tratando de esquivar los baches.

​Mire usted, amigo lector, uno ya Peina canas en esto de la grilla y sabe bien de qué pie cojean los alquimistas del número. Las encuestas en tiempos de precampaña no son un termómetro de la opinión pública; son la lista de Santa Claus de quien las manda a pagar. O como diría el clásico: “Dime quién te contrata y te diré cuántos puntos le regalo a tu compadre”.

​Pero lo verdaderamente chusco, lo que raya en la magia borrascosa de David Copperfield, no es nomás la diferencia de diez puntos sacados del sombrero. ¡No señor! Lo verdaderamente sabroso es el misterioso caso del candidato invisible.

​Resulta que en la famosa encuesta de GobernArte —y en la de varias otras casitas encuestadoras que se rentan al mejor postor— el nombre de Jesús Salazar nomás no aparece por ningún lado. Borrado, evaporado, traspasado a otra dimensión. ¿Oiga, y Jesús Salazar no juega? ¿O es que su nombre les causa alergia en el teclado? Salazar anduvo picando piedra en la calle, moviendo las aguas de la Perla Tapatía con reclamos ciudadanos reales, pero para los muchachos de las encuestas el hombre tiene la cualidad de los fantasmas: no refleja en el espejo de sus formularios.

​Y tiene su lógica metodológica, ¡cómo de que no! El truco es viejísimo: se llama "escanio forzado" o sesgo de omisión. Si usted quita del menú a un competidor directo con arrastre de calle, a la fuerza le acomoda sus votos al perfil que le interesa inflar. Es como si usted va a la lonchería, pide una torta ahogada de carnitas con Jesús Salazar, y el mesero le dice: “No hay, patrón, pero le ofrecemos la de Mery Pozos con 10 puntos extra de cortesía”.

​GobernArte nos presume que levanta sus datos con un algoritmo súper sofisticado llamado “Odiseo”, con inteligencia artificial, robots telefónicos y aplicaciones. ¡Por el amor de Dios! La inteligencia artificial sirvió para hacer la gráfica, porque lo que es el sentido común lo dejaron apagado. Una encuesta digital donde se les “olvida” poner al mayor competidor de la contienda no es un estudio estadístico; es una estampita de la suerte, un folleto de propaganda pagado para ver si la gente se traga el cuento de la "candidatura inevitable".

​Así que, estimado tapatío, cuando le vengan a enseñar estas gráficas tan bonitas impresas a todo color, no se me asuste ni se me emocione. Agarre los datos de GobernArte con pinzas, un poquito de sal y una gran dosis de humor. Porque en la política de Guadalajara, mientras unos pagan encuestas para salir en primer lugar en Facebook, los verdaderos gallos siguen caminando la calle... aunque a los robots del algoritmo les dé amnesia seleccionarlos.

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El ranking del espanto y las cámaras de seis mil millonesPor Amaury Sánchez G. ​Mire usted, querido lector, en la políti...
31/08/2026

El ranking del espanto y las cámaras de seis mil millones

Por Amaury Sánchez G.

​Mire usted, querido lector, en la política mexicana el malabarismo matemático es una bellísima profesión de alto riesgo. Si a un funcionario le da por ponerse creativo, un desastre histórico de miles de ausentes se le convierte, ¡presto!, en un heroico noveno lugar nacional. Cosas de la estadística y de los tijeretazos temporales: usted borra de la gráfica los años feos, acomoda las fechas donde no le despeinen el peinado y ¡listo!, Jalisco ya no es el primer lugar en desapariciones.

Una maravilla de la pirotecnia burocrática. El único inconveniente es que, afuera del Palacio de Gobierno, las familias siguen buscando a los suyos con una pala en la mano y la misma desesperación en el alma. Para ellas, el ranking del horror sigue exactamente igual.

​Porque la verdad, cuando uno le rasca a los papeles de Naciones Unidas, a las organizaciones civiles y al propio Registro Estatal, la cosa se pone color de hormiga. Decir que la crisis ya pasó porque en un recorte mensual bajó el numerito es como tapar el sol con una credencial de elector.

Ahí están las más de 16 mil personas que nos faltan desde 2019, más los miles de expedientes viejos que nomás juntan polvo. Y ni hablar de las fosas clandestinas, donde Jalisco ostenta el tristísimo récord de ser el estado con más cuerpos recuperados.

Eso no es un “problema heredado” ni un “delito aislado”: eso es una infraestructura del terror funcionando a todo lo que da, mientras las autoridades nos platican lo bonito que camina la transición.

​Y no nos salgan con que esto es solo cosa de mañosos jugando a las escondidas entre matorrales. El propio segundo informe de Enrique Alfaro dejó por escrito que casi un centenar de policías y un par de jueces terminaron judicializados por desaparición forzada. O sea que aquí el problema no es únicamente que el Estado no cuide a sus ciudadanos, sino que a veces el mismísimo uniforme del Estado es el que se los lleva.

​Pero ah, eso sí, para lo que siempre hay lana y de sobra es para los juguetitos tecnológicos. Alfaro le metió sus buenos cientos de millones al Escudo Urbano para que termináramos descubriendo que ocho de cada diez cámaras andaban de adorno. Y ahora, con Pablo Lemus al bate, la apuesta se nos fue hasta las nubes: una friolera de más de 6,300 millones de pesos entregados por adjudicación directa a Seguritech para tener reconocimiento facial, arcos carreteros y monitoreo inteligente de último alarido.

​Compáreme usted ese cheque multianual contra los escasos 160 milloncitos asignados este año para la inteligencia en búsqueda de personas. Las matemáticas no mienten, aunque los boletines sí: la gran apuesta gubernamental no es encontrar a los que faltan, sino llenar la ciudad de lentes digitales. Y la pregunta del millón cae por su propio peso: si una cámara de un millón de pesos nomás sirve para grabar en HD el momento exacto en que se llevan a un muchacho, ¿para qué carajos nos sirvió la tecnología? Una cámara que graba un delito sin evitarlo ni ayudar a resolverlo no es seguridad pública; es simplemente una entrada al cine del horror pagada con el dinero de todos.

​Por supuesto que hay que reconocer si el flujo de casos nuevos baja un 10 u 11 por ciento en la gestión de Lemus. Eso se aplaude. Pero confundir la disminución del ritmo con la solución del problema es un chiste de pésimo gusto. Reducir los nuevos reportes no le devuelve la paz al que lleva cinco años picando tierra en Teuchitlán o revisando basura buscando un hueso.

​El problema de Jalisco no es nomás saber cómo contar a los que nos faltan para que la gráfica se vea bonita en la mañanera o en el informe. El problema real es explicar cómo un estado repleto de fiscalías, inteligencia, C5, patrullas nuevas y presupuestos multimillonarios en videovigilancia terminó convertido en el epicentro de las ausencias. La tecnología puede vigilar una ciudad y leer placas a dos kilómetros de distancia; lo que todavía tiene que demostrarle a Jalisco es si puede, de perdida, devolverle un solo hijo a su madre.

​Porque al final del día, cambiar de casillero en un ranking de Excel no localiza a nadie. Y para una madre que sigue guardando intacta la habitación de su hijo, Jalisco continúa exactamente en el mismo lugar de siempre: el primerísimo lugar de su tragedia.

LA PLAZA TIENE DUEÑOPor Amaury Sánchez G. Hay tardes en las que el protocolo de la política se desmorona al primer golpe...
29/08/2026

LA PLAZA TIENE DUEÑO

Por Amaury Sánchez G.

Hay tardes en las que el protocolo de la política se desmorona al primer golpe de suela sobre el adoquín. Ocurrió en la plaza principal de Puerto Vallarta. Allá, donde el aire huele a sal, a humedad y a promesas de campaña, la dirigencia oficial pretendía dictar una cátedra sobre la soberanía nacional.

El guión estaba escrito desde las cúpulas: discursos solemnes, aplausos a destiempo y la retórica bien pulida de la disciplina partidista.

Pero a la política de carne y hueso le importan muy poco los manuales de escritorio.
Bastó que el contingente hiciera su entrada para que la reunión se convirtiera en otra cosa. Un mar de gorras y camisetas rotuladas con el nombre de Juan Carlos Castro Almaguer irrumpió en la escena con el estruendo de quien no pide permiso para ocupar la calle.

El grito de ¡Castro, Castro, Castro! no solo sofocó la voz de los ponentes en el estrado; sepultó la ilusión de que en las bases reina la obediencia ciega.

Desde el micrófono, los organizadores suplicaron cordura, llamaron al orden e invocaron los estatutos. «Este no es un ejercicio proselitista», clamaba una voz destemplada frente a la multitud, como si el viento pudiera frenarse con un decreto de asamblea. Querían sobriedad institucional; recibieron la temperatura hirviente de la calle.

Para entender lo que pasó en el malecón no hace falta recurrir al dogma de partido, sino a la vieja escuela del terreno. Juan Carlos Castro no es un improvisado al que la fortuna le regaló una p***a en la plaza. Quien conoce el pulso de Vallarta sabe que esa masa no se mueve por generación espontánea.

Su nombre pesa porque lleva años recorriendo el polvo de las colonias, abriendo puertas en el COPLADEMUN y gestionando la obra pública donde la necesidad apreta. Es la política del apretón de manos, la que construyó el primer consejo para personas con discapacidad en el municipio y la que entiende que el voto no se siembra con discursos elevados, sino con atención directa al ciudadano.

En los pasillos del poder suele incomodar el músculo que no pide permiso. Las cúpulas prefieren la docilidad del candidato que espera pacientemente su turno en la fila. Sin embargo, la demostración de fuerza en la plaza principal envió un mensaje fulminante a Guadalajara y a la Ciudad de México: la definición de Puerto Vallarta no se va a resolver en una mesa de negociación sin tomar en cuenta el peso real de las calles.

Podrán los puristas del partido adjetivar la jornada como un acto indisciplinado o una falta de etiqueta. Pero en el terreno de los hechos, cuando las encuestas midan el impacto real y la capacidad de movilización, la postal de esa tarde dirá más que mil discursos.

En la política subnacional, la simpatía no se impone desde el estrado; se conquista en el pavimento. Y en Vallarta, le guste a quien le guste, la plaza ya dictó su propio veredicto.

Burocracia del miedo y milagros logísticos: El sainete del Parque de los Bochos​Cómo el Ayuntamiento armó un despliegue ...
29/08/2026

Burocracia del miedo y milagros logísticos: El sainete del Parque de los Bochos
​Cómo el Ayuntamiento armó un despliegue digno de película para frenar un evento comunitario por la paz, mientras la Fundación Manos Tapatías dio una lección de movilidad social en solo 120 minutos.

​Por Amaury Sánchez

​Dicen que para apagar un fuego se necesita agua, pero en el Ayuntamiento de Guadalajara parecen convencidos de que para apagar un concierto cumbiero en la colonia Santa Cecilia lo que se requiere es todo el peso del aparato estatal. Policía municipal, patrullas, inspectores con libreta en mano y hasta encubiertos del sector salud —esos agentes 007 con chaleco institucional que disimulaban tomarse la presión mientras escaneaban el parque— fueron desplegados desde muy temprano.

​Todo empezó en el emblemático Parque de los Bochos. La Fundación Manos Tapatías, encabezada por el Lic. Jesús Salazar, cometió el "atrevimiento" de organizar el Evento por la Paz. Pero ojo: no fue una ocurrencia improvisada de fin de semana. La organización realizó la tramitología en tiempo y forma, cumpliendo al pie de la letra con cada uno de los exigentes requisitos de las reglas municipales. Presentaron solicitudes, dictámenes y papelería completa.

​LA TÁCTICA DEL ILUSIONISTA

La autoridad aprobó el permiso, pero aplicó la técnica del billete de lotería de la suerte: se lo mostraron en la cara al organizador, pero jamás se lo entregaron en mano. Para colmo de males, nunca emitieron una sola carta ni oficio formal que justificara o fundamentara la negativa final.

​Es la clásica picaresca burocrática del gobierno municipal: no rechazar por escrito para no dejar huella de ilegalidad o arbitrariedad, pero bloquear en los hechos mediante la intimidación inspectiva. Al organizador le enseñaron el documento de lejos, lo volvieron a guardar en el cajón y le mandaron decir que mejor se fuera a su casa a ver la televisión.

​Cualquier mortal ante semejante cerco institucional de inspectores y uniformados se habría dado por vencido. Pero el Lic. Jesús Salazar y todo el equipo de la Fundación Manos Tapatías lograron lo que en cualquier agencia de eventos llamarían una proeza operativa absoluta: en un lapso récord de solo dos horas, desmontaron la logística, se movilizaron por cielo, mar y tierra, y reubicaron todo el evento.

​Tras hablar con los dueños del Lienzo Charro Margarito Yáñez en Huentitán el Alto —encabezados por Margarito Yáñez—, lograron que les prestaran la explanada estacionamiento. En solo 120 minutos trasladaron sonido, tarimas, equipos y personal. Avisaron por redes sociales y perifoneo express a las colonias aledañas y lograron lo impensable: abarrotar por completo el nuevo recinto. La explanada quedó plagada de familias que no estaban dispuestas a quedarse sin su evento por la paz.

​"En solo dos horas trasladaron equipo, avisaron en redes y abarrotaron el Lienzo Charro en una lección de resiliencia comunitaria que desarmó al Ayuntamiento."

​Pero el Ayuntamiento no se iba a quedar cruzado de brazos ante semejante lección de dignidad comunitaria. Ya iniciado el festival, llegó nuevamente el convoy de autoridades municipales a amenazar y pretender suspender el acto en propiedad privada, argumentando con impotencia que eran "órdenes de muy arriba". O sea, para hablar con la claridad que ellos no tuvieron, directito del despacho de la presidenta municipal, Verónica Delgadillo.

​A pesar del amedrentamiento, la gente de Santa Cecilia, Huentitán y zonas aledañas no se movió. El evento se llevó a cabo con un éxito rotundo. Queda para la historia el retrato de una administración que le tiene pánico a la organización ciudadana independiente y que prefiere gastar recursos públicos en vigilar a promotores de la paz que en resolver los problemas reales del municipio.

​Si así de rápidos y coordinados anduvieran los inspectores y la policía para tapar los baches o atender la seguridad en el oriente de Guadalajara, la ciudad ya tendría avenidas de terciopelo.

Gobernanza de utilería: Redes de cercanía o cómo cobrar por arreglar el focoPor Amaury SánchezDicen los que saben de pol...
29/08/2026

Gobernanza de utilería: Redes de cercanía o cómo cobrar por arreglar el foco

Por Amaury Sánchez

Dicen los que saben de política —o los que presumen saberla desde un escritorio climatizado— que la democracia moderna ya no se trata de convencer, sino de "involucrar". Y bajo ese bendito dogma de la gobernanza, en Tlajomulco acaban de descubrir el hilo negro: las flamantes "Redes de Cercanía y Corresponsabilidad".

El nombre suena elegante, casi académico, ideal para presentarlo en un foro con diapositivas de colores y aplausos de comitiva. Pero como en este oficio uno ya tiene el lomo curtido de ver pasar tanto merolico con distinto sombrero, valga la pena rascarle un poquito a la pintura para ver de qué madera está hecha la mesa.

Resulta que la administración municipal decidió jubilar a los viejos Consejos Sociales para abrirle paso a este nuevo modelo. Nos dicen que es para que el vecino sea "corresponsable" de su colonia.

¡Faltaba más! Traducido al cristiano de a pie, la famosa corresponsabilidad consiste en que usted, respetable ciudadano que ya pagó su predial y sus impuestos, ahora también tiene que hacer la chamba de inspector, gestor y perito urbano para que le tapen el bache de la esquina o le cambien el foco a la luminaria.

Es una maravilla de la ingeniería administrativa: el Ayuntamiento cobra por el servicio y el vecino pone el trabajo de campo.

Pero el chiste no se cuenta solo. Lo verdaderamente sabroso de este asunto está en las tripas de la estructura. El municipio se dejó caer la greña y le tomó protesta —con foto oficial, presidium y sonrisas de compromiso— a más de 2,500 enlaces y coordinadores vecinales. ¡Dos mil quinientos! Ni en los tiempos dorados del priismo más férreo se veía un despliegue de "vocación comunitaria" tan repentino.

Cualquiera con tres dedos de frente y un mínimo de colmillo político sabe que eso no es un canal de atención ciudadana; eso es una estructura de tierra con todas sus letras, aceitada con presupuesto público y lista para salir a taconear el pavimento cuando el calendario electoral marque la hora.

Y es que el diseño está hecho con alevosía y ventaja. Si la colonia es bien portada, si el enlace vecinal le aplaude al alcalde en los eventos y se suma con entusiasmo a la causa, ¡milagro!, la patrulla pasa más seguido y el camión del bacheo llega antes del viernes. Ah, pero si en la cuadra les da por ponerse respondones, cuestionar los presupuestos o exigir autonomía sin la bendición del Consejo Municipal de Participación Ciudadana —que de independiente tiene lo que yo de astronauta—, entonces la gestión entra en el limbo de la burocracia digital.

El reclamo se queda atrapado en una aplicación o en el teléfono del coordinador hasta que la memoria del asunto se disuelva en el olvido.

El invento tiene además una virtud anestésica digna de laboratorio: evita que la gente salga a la calle. Antes, cuando el agua no llegaba o la luz fallaba tres días seguidos, los vecinos se juntaban en la esquina, hacían ruido y los medios levantaban la nota. Hoy no. Hoy le dicen al vecino: "No haga alboroto, mi hermano, repórtelo en la red con su enlace". La protesta social se disuelve en un trámite silencioso, empaquetado y desinfectado, ideal para que en las oficinas centrales nadie pierda el aliento ni el peinado.

Al final del día, lo de Tlajomulco no es ninguna revolución democrática ni un avance civilizatorio. Es la mismísima gata de siempre, nada más que bañada, peinada con raya al lado y con perfume de última generación. Un clientelismo sofisticado donde la corresponsabilidad es la carnada y el control territorial es la verdadera ganancia.

Y mientras tanto, el ciudadano de a pie sigue esperando a que le prendan la luz de la calle, convencido de que le hicieron un favor, cuando en realidad nomás le vendieron su propio foco.

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29/08/2026

Mensaje del presidente de la Fundación Manos Tapatías sobre lo sucedido el día de hoy en el parque de los Vochos en santa cecilia!

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