20/03/2026
El Silencio de la Cumbre del , Guadalupe y Calvo, Chih.🌲☁️🌳
Mateo era un ingeniero forestal que no creía en cuentos de aparecidos. Su trabajo era subir a las faldas del Mohinora para marcar árboles, a menudo quedándose en una pequeña cabaña de madera cerca de la zona donde el oxígeno empieza a escasear y el frío cala hasta los huesos.
Una tarde de octubre, mientras el sol se hundía tras las barrancas tiñendo el cielo de un rojo violáceo, Mateo se dio cuenta de que su perro, un pastor ganadero llamado Lobo, no dejaba de gruñirle a la espesura.
El Encuentro en la Niebla
De pronto, una niebla espesa, casi sólida, bajó de la cima. En cuestión de minutos, el mundo de Mateo se redujo a tres metros a la redonda. Decidió volver a la cabaña, pero el camino parecía haber cambiado. Los pinos, antes familiares, ahora se retorcían como dedos negros contra el gris de la bruma.
—¡Lobo! —gritó, al notar que el perro había salido corriendo tras una sombra.
Mateo caminó siguiendo el sonido de unos cascabeles lejanos. Pensó que sería algún rarámuri perdido, pero el sonido era rítmico, metálico y frío. Al llegar a un claro, vio a una mujer de espaldas. Vestía un traje tradicional blanco, impecable, que brillaba con una luz propia y antinatural.
La Advertencia
—Señora, está oscureciendo. La cabaña está cerca, venga conmigo —dijo Mateo, aliviado.
La mujer no respondió. Empezó a caminar hacia el precipicio con una agilidad imposible. Mateo, temiendo que se despeñara, corrió tras ella. Justo antes de que la mujer llegara al borde, se detuvo en seco. El bosque se quedó en un silencio absoluto: ni un ave, ni el viento, ni el latido de su propio corazón.
Cuando la figura se giró, Mateo sintió que la sangre se le congelaba. No había rostro. Debajo del pañuelo, solo había un vacío negro, una sombra densa donde debían estar los ojos. La mujer levantó una mano huesuda y señaló hacia el suelo, a los pies de Mateo.
El Despertar
Un trueno rompió el silencio y Mateo cayó hacia atrás. Cuando abrió los ojos, estaba a pocos centímetros de un pozo minero abandonado, oculto por la maleza y la niebla. Un paso más y habría mu**to.
Miró hacia donde estaba la mujer, pero solo encontró a Lobo, que aullaba mirando hacia la cima del Mohinora. En la distancia, entre los árboles, pudo ver por última vez el brillo blanco desapareciendo montaña arriba, fundiéndose con la primera nieve de la temporada.
Desde ese día, Mateo no vuelve a subir al cerro sin dejar una ofrenda de tabaco y comida en la entrada del bosque, porque sabe que en el Mohinora, la montaña decide quién baja y quién se queda a formar parte de su silencio.