28/08/2026
En las rectas todos son pilotos; en las curvas se quedan los que no saben conducir
Columna: “Dardos Políticos”
Por: Rosario Antonio Ramírez
En las rectas políticas todos parecen rápidos.
Todos corren, todos presumen fuerza, todos levantan la mano y todos aseguran tener la fórmula para ganar.
Pero basta que aparezca la primera curva para descubrir quién realmente sabe conducir.
Y Morena ya está entrando a una zona de curvas peligrosas rumbo al 2027.
Porque gobernar desde la comodidad de las mayorías electorales es una cosa. Gobernar cuando la realidad comienza a cobrar facturas es otra muy distinta.
Durante años, el discurso de la transformación sirvió para explicar casi todo. Pero hay problemas que ya no se resuelven con discursos, conferencias de prensa ni con culpar al pasado.
En Sinaloa hay uno que pesa más que cualquier narrativa: la violencia.
Y cuando la violencia se convierte en parte de la vida cotidiana, el ciudadano deja de escuchar promesas y empieza a evaluar resultados.
Ahí está el verdadero problema para Morena.
Porque una cosa es ganar una elección y otra muy diferente es convencer al ciudadano de que el gobierno merece otra oportunidad.
La ciudadanía podrá tener memoria corta para algunas cosas, pero difícilmente olvida aquello que afecta directamente su seguridad, su patrimonio, su familia y su tranquilidad.
Y mientras desde el poder algunos todavía parecen estar más preocupados por conservar posiciones, acomodar grupos y preparar candidaturas, afuera hay ciudadanos preguntándose si realmente valió la pena el cambio que prometieron.
La transformación prometida comienza a enfrentarse con una realidad bastante menos romántica.
Gobernar no es llegar. Gobernar es responder.
Y ahí es donde Morena está encontrando sus mayores dificultades.
Porque cuando las cosas marchan bien, sobran los dirigentes, los operadores y los candidatos que se sienten invencibles.
Pero cuando llegan las crisis, los resultados que no aparecen, la inseguridad que no cede y el desgaste social, empiezan a faltar explicaciones convincentes.
Entonces aparecen los clásicos: unos se deslindan, otros culpan a los anteriores, algunos descubren de pronto que nunca estuvieron de acuerdo y los más oportunistas comienzan a buscar otra bandera antes de que se hunda el barco.
Así funciona la política.
Y así podría comenzar a funcionar el 2027.
La oposición, que durante mucho tiempo pareció desarticulada y condenada a mirar desde la barrera, tiene ahora una oportunidad que no puede desperdiciar: dejar de pelear por las migajas, construir acuerdos y presentarse ante los ciudadanos como una alternativa real.
Porque si los partidos opositores consiguen entender que separados pueden presumir dignidad, pero juntos pueden competir, Morena tendrá enfrente una elección bastante más complicada de lo que algunos de sus dirigentes quieren reconocer.
Por eso dentro de la propia cúpula morenista ya aparece una advertencia que debería tomarse en serio: no confiarse.
Seleccionar buenos candidatos.
Evitar pleitos internos.
Cuidar las alianzas.
Cerrar filas.
Y no repetir el error de creer que las siglas hacen ganar elecciones por sí solas.
No.
Las siglas ayudan, pero no gobiernan.
Los candidatos tampoco gobiernan solos.
Y cuando los resultados no convencen, ni siquiera el discurso más elaborado consigue esconder indefinidamente las grietas.
Morena tendrá que decidir qué quiere presentar en 2027: candidatos capaces de defender sus resultados o candidatos cuya principal virtud sea pertenecer al grupo correcto.
Porque una cosa es tener padrinos políticos y otra tener respaldo ciudadano.
Y en una elección cerrada, esa diferencia puede ser mortal.
El ciudadano también tendrá que decidir.
Seguir por el mismo camino.
Tomar otra ruta.
O frenar y exigir que quienes aspiran a gobernar expliquen, con hechos y no con propaganda, por qué merecen otra oportunidad.
El 2027 todavía no llega, pero la carrera ya comenzó.
Y mientras algunos siguen acelerando en las rectas, otros deberían empezar a preocuparse por las curvas.
Porque en las rectas cualquiera parece buen piloto.
Es en las curvas donde se descubre quién tiene las manos firmes, quién sabe corregir el rumbo y quién termina perdiendo el control.
Y Morena, en Sinaloa, ya va entrando a una curva que podría ser mucho más cerrada de lo que hoy imaginan.
La pregunta ya no es quién corre más.
La pregunta es quién llegará al 2027 sin estrellarse contra su propia realidad.
¡Es cuanto!