18/01/2026
Vengo de una familia marcada por la bendición y por el silencio. En mi familia existe un secreto tan antiguo como nuestras raíces:
somos portadoras de dones que muchas prefirieron callar y rechazar. Dones que no se apagaron del todo… solo fueron ocultados por miedo, por vergüenza, por la presión de una sociedad que no entiende lo que viene de lo divino. Durante generaciones, nuestras mujeres los rechazaron para evitar ser señaladas, quemadas con palabras, o juzgadas por una fe que nunca estuvo peleada con Dios… solo con la ignorancia humana.
Venimos de mujeres con manos sanadoras, mujeres que podían presentir la muerte antes de que tocara una puerta, que veían a los difuntos como si fueran sombras que nunca se habían ido, que miraban auras como quien mira la verdad detrás de una mentira.
Todo eso corría por nuestra sangre, dormido, esperando. Y todo se intensificó con mamá Lina, nuestra tatarabuela: una mujer de carácter fuerte, mirada profunda y alma antigua. La última que aceptó sus dones… hasta que llegué yo.
Desde niña, vi lo que otros no veían. Escuché lo que otros no oían. Caminé por lugares donde lo visible y lo invisible se tocaban. Yo pensaba que todos podían hacerlo… hasta que me di cuenta de la verdad: lo que para mí era natural, para otros era imposible. Y mi familia lo sabía. Ellos veían en mí lo que tantas generaciones habían rechazado antes.
Pero el destino no pregunta. El destino se impone. Y el golpe llegó con un accidente que me dejó colgando entre la vida y la muerte. Ese momento no solo quebró mi cuerpo… abrió completamente mis dones.
En el hospital, entre llantos, máquinas y oraciones, veía presencias, sombras que se movían sin ruido, luces que se posaban en los enfermos como despedidas silenciosas. Una noche, cuando varias almas partieron de este mundo, sentí la muerte atravesar la sala… una presencia fría, inevitable, antigua.
Mi hermana, que llevaba tres noches cuidándome sin dormir, y yo, clamamos el nombre de Dios Padre con la poca fuerza que nos quedaba en medio de gritos y llantos. Oramos por todos. Por los que se iban. Por los que luchaban. Por los que ya no tenían esperanza.
Cuando el cansancio venció a mi hermana y el silencio lo llenó todo, algo se sentó sobre mi camilla. El colchón se hundió. El aire cambió.
La atmósfera se volvió tan real que no había forma de dudar.
Y escuché una voz que no olvidaré nunca: Todo estará bien.
Dios decidió dejarme vivir. Y cuando Dios te devuelve la vida… es porque te está devolviendo tu misión.
Al volver a casa, algo dentro de mí cambió. Mis dones empezaron a abrirse como una flor que ya no podía permanecer cerrada. Una noche, frustrada, llorando por lo que había perdido, vi a mi Dios. A mi Padre. Al Creador. Me dijo que yo había nacido para ayudar.
¿Cómo? ¿Ayudar yo, que no podía ni levantarme sola, que vivía en una silla de ruedas? No lo entendí. Yo dependía de terceros
Yo no pedí dones.
No lloré por ellos.
No me encapriché.
No los busqué.
Simplemente… se me dieron.
Los mismos que las mujeres de mi linaje habían rechazado.
Con el tiempo, la gente empezó a buscarme. Primero mi familia, luego amigos, después desconocidos que llegaban por casualidad. Me recomendaban. Y aunque al principio no lo tomé en serio… Dios tenía otros planes.
Llegó la aceptación.
Entendí que sí, este era mi camino.
Este era el encargo que Dios me dio.
Esta era mi misión: ayudar.
Y algo tengo muy claro:
Mis dones no son para lucrar.
No son para jugar con el dolor ajeno.
Dios no me los dio para dañar, ni para manipular, ni para poner males.
Yo no hago amarres.
No rompo hogares.
No pongo enfermedades.
No lastimo.
No trabajo desde la oscuridad.
Mi propósito es acompañar, limpiar, abrir caminos donde todo parece cerrado.
Mi misión es servir, no aprovecharme.
Si tú crees que puedo ayudarte, si sientes que necesitas una mano, una palabra, una luz o simplemente ser escuchado sin ser juzgado…
no dudes en buscarme.
Porque los dones se dieron para ayudar.
Y yo nací para cumplir ese llamado. Así es como empieza mi historia… y así es como te puedo ayudar a escribir la tuya con Dios por delante.