12/12/2025
Cua... ren....t... a y ....tres
Cumplir cuarenta y tres años es descubrir que la vida es amplia. Que el tiempo no solo pasa: también revela aunque a veces duela. A esta edad uno mira con ojos más lentos, más atentos, más hondos.
He caminado por sendas imperfectas, sí, pero llenas de significado. Mis decisiones —las certeras y las que no lo fueron para nada— se han convertido en maestros dadivosos. Cada una me regaló un fragmento de sabiduría, una nota nueva en esta melodía que sigo aprendiendo a tocar. Y al final, la suma no es de fallas o aciertos: es de doloroso crecimiento.
Veo a mis hijos/as, cómo han llenado mi vida... belleza, dirección y regalo.
Pienso en mi pareja, firme y dispuesta a seguir caminando a mi lado, tarea que no es para nada sencilla.
Pienso en mi familia, en sus risas, en sus historias, en los momentos atesorados.
Reflexiono en las amistades verdaderas… qué tesoro tan fino. Son pocas, sí, pero son raíces profundas.
Hoy celebro la vida no como quien mira hacia atrás con melancolía, sino como quien mira hacia adelante con gratitud. Porque la vida, aun con sus giros, es buena. Es compleja, sí, pero también generosa. Me ha dado aprendizajes, caminos, personas, sueños.
A mis 43, no busco explicarlo todo; busco apreciarlo.
No corro; contemplo.
No me comparo; agradezco.
Y sigo adelante, sabiendo que cada día es un espacio sagrado para seguir descubriendo quién soy y en quién puedo convertirme.
La vida no es una tragedia.
Es un milagro cotidiano.
Y hoy, simplemente, le doy gracias a Dios, por seguírmela prestando.