11/05/2026
𝗟𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮𝗱𝗼𝗷𝗮 𝗱𝗲 𝗦𝗼𝗻𝗼𝗿𝗮: ¿𝗲𝘀 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼 𝗱𝗲 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿𝗲𝘀 𝗼 𝗲𝗹 𝘁𝘂𝗿𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗮𝗺𝗶𝗴𝗼𝘀?
Opinión | Desierto Digital
La escena de este domingo 10 de mayo en el Centro de Usos Múltiples de Cajeme fue mucho más que un evento de gobierno. Mientras el país celebraba el Día de las Madres, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo eligió el sur de Sonora para encabezar la entrega de la Pensión Mujeres Bienestar. El acto, en apariencia protocolario, terminó convertido en una postal política cargada de símbolos, silencios y mensajes.
Porque en política importa lo que se dice, pero todavía más lo que se acomoda frente a las cámaras.
Durante buena parte del evento, la Presidenta compartió el centro del presídium con el gobernador Alfonso Durazo, proyectando una imagen de estabilidad institucional. Sin embargo, el lenguaje del escenario cambió en el momento decisivo: cuando Sheinbaum se levantó para tomar el atril.
Ahí vino el mensaje verdaderamente importante.
La mandataria habló de programas sociales, de justicia histórica y de la reivindicación de las mujeres dentro de la vida pública. Pero hubo un momento de su intervención que terminó marcando políticamente la jornada: cuando, con el tono elevado y el auditorio completamente atento, lanzó la frase "Es tiempo de mujeres”.
Y justo mientras el recinto estallaba en aplausos, el alcalde Javier Lamarque permanecía ubicado en el extremo más lejano del templete. De esquina a esquina. Una distancia física que quizá para muchos pase inadvertida, pero que en la liturgia del poder rara vez es casual.
La política mexicana tiene un lenguaje propio. Y a veces una ubicación en el escenario dice más que un discurso completo.
𝗘𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗹𝗮 𝗻𝗮𝗿𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮 𝘆 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱
La pregunta inevitable es si la frase presidencial representa una convicción política inamovible o si terminará cediendo ante las viejas reglas de la operación interna.
Porque Javier Lamarque no es un actor menor dentro de Morena. Es parte de la generación fundadora del movimiento, cercano históricamente al obradorismo y con una trayectoria ligada a las luchas de izquierda desde hace décadas. Esa biografía pesa. Y pesa mucho.
El propio Alfonso Durazo lo dejó claro durante el evento. El reconocimiento público hacia el alcalde sonó menos a cortesía protocolaria y más a un espaldarazo político rumbo a 2027.
En Sonora, desde hace meses, crece la percepción de que Lamarque ya se mueve como aspirante natural a una gubernatura de transición de tres años. El problema es que la política actual ya no se mueve solamente por lealtades personales; también está condicionada por nuevas reglas, nuevos equilibrios y una narrativa nacional que el propio oficialismo construyó.
Y ahí aparece la contradicción.
𝗟𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘆𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗰𝗼𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮
La reforma de paridad dejó de ser un discurso simbólico para convertirse en una obligación política y legal. Ya no basta con hablar de inclusión: ahora hay que demostrarla en las candidaturas más importantes.
Por eso Sonora representa una prueba particularmente delicada para Morena.
Y aquí aparece un elemento que rara vez entra en la conversación pública. Gran parte del debate político suele reducirse a tendencias, grupos o nombres que “suenan fuerte” en medios y redes sociales, llevando una misma línea. Sin embargo, la verdadera discusión ocurre en otro nivel: el del equilibrio nacional que exige la paridad.
Si la dirigencia nacional decide postular a un hombre en un estado políticamente estratégico y gobernado por uno de sus perfiles más influyentes, inevitablemente tendría que compensar esa decisión desplazando candidaturas masculinas en otras entidades competitivas para mantener el cumplimiento de género ante el INE.
Es decir: la decisión de Sonora no se define únicamente en Sonora.
Y esa es precisamente la dimensión que vuelve tan compleja la ecuación para Morena. Porque abrirle paso a un perfil masculino no implicaría solamente resolver una candidatura estatal, sino alterar el tablero completo del reparto político nacional.
Porque además no se trata de ausencia de perfiles competitivos. Todo lo contrario.
Ahí están figuras como Lorenia Valles, con presencia territorial consolidada; Célida López, con capacidad de movilización y estructura; o María Dolores del Río, con experiencia institucional y conocimiento del aparato público.
Y si la apuesta de Sheinbaum pretende sostener coherencia con el discurso de derechos sociales y políticas de bienestar que ha impulsado desde campaña, entonces también aparecen perfiles cuya trayectoria conecta naturalmente con esa narrativa, como Wendy Briceño o Vicky Espinosa, vinculadas a agendas sociales y trabajo de cercanía territorial dentro del movimiento.
Cerrarle el paso a toda una generación de mujeres competitivas para privilegiar un acuerdo interno masculino tendría costos políticos inevitables. No solo en Sonora, sino en el relato nacional de la Cuarta Transformación.
𝗘𝗹 𝗱𝗲𝘀𝗴𝗮𝘀𝘁𝗲 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗮
A eso se suma otro factor imposible de ignorar: Cajeme.
Gobernar Ciudad Obregón es administrar uno de los municipios más complejos del país en materia de seguridad, infraestructura y percepción pública. Ningún alcalde sale intacto de esa trinchera.
La ciudadanía de 2026 ya no vota únicamente por trayectorias históricas o por la nostalgia de las luchas políticas de hace cuarenta años. Hoy el electorado exige resultados visibles, particularmente en temas cotidianos: calles, servicios, seguridad y calidad de vida.
Y aunque Lamarque conserva capital político dentro del movimiento, cargar con el desgaste natural de Cajeme rumbo a una elección estatal representa una apuesta de alto riesgo.
𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝘀𝘁𝘂𝘃𝗼 𝗲𝗻 𝗷𝘂𝗲𝗴𝗼 𝗵𝗼𝘆
Por eso la imagen del CUM terminó siendo tan reveladora.
Más allá de aplausos, discursos y fotografías oficiales, el evento dejó una interrogante que Morena tarde o temprano tendrá que responder: ¿el relevo político en Sonora será definido por la congruencia del discurso o por las inercias de siempre?
Porque si en 2027 el partido termina entregando la candidatura a un hombre, el “tiempo de mujeres” correrá el riesgo de convertirse únicamente en una frase poderosa para cerrar eventos.
Pero si la decisión se inclina hacia una candidatura femenina, entonces Sonora podría convertirse en uno de los primeros grandes laboratorios políticos donde el oficialismo demuestre que su narrativa de igualdad no era solamente propaganda.
Ahí está la verdadera disputa.
No entre hombres y mujeres.
Sino entre un sistema político que históricamente ha reciclado a los mismos perfiles y una nueva etapa que, al menos en el discurso, promete cambiar las reglas del poder.