05/06/2026
🎥 Las cámaras grabaron todo el andén. Cada pasajero. Cada banca. Menos a ella.
Antes de Morir | Capítulo 2 | INVISIBLE
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Kael no dormía bien desde hacía cuatro años.
Esa noche no durmió en absoluto.
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A las seis de la mañana ya estaba en la estación 18, con credenciales falsas de inspector de seguros y una historia suficientemente aburrida como para que nadie hiciera preguntas.
Los investigadores oficiales todavía peinaban los escombros del andén 3.
Siete heridos. Ningún mu**to, por milagro o por geometría del azar.
Kael pidió ver las grabaciones de seguridad.
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Cámara 7. Tiempo: 22:58 a 23:00.
Ahí estaba la banca.
Vacía.
Retrocedió al inicio. 22:00. Avanzó minuto a minuto.
La banca del andén exterior: siempre vacía.
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Buscó la cámara 4 — la del pasillo central donde él había caminado.
Se vio a sí mismo avanzando. Deteniéndose. Girándose.
Girándose hacia... nada.
En la grabación, Kael estaba solo.
Hablando solo.
Mirando un punto vacío en el espacio.
Lo revisó tres veces más.
No había chica.
No había nadie.
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El vendedor de boletos del turno de noche salía al estacionamiento cuando Kael lo interceptó.
— ¿Recuerda haber visto a una chica joven anoche? Cabello oscuro, abrigo largo, sentada en el andén exterior bajo la lluvia.
Mora lo miró un momento. Luego soltó una risa corta.
— ¿Una chica? En ese andén solo estuvo usted, señor.
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— Siempre hablas solo después de matar gente, ¿verdad?
Kael se heló.
— ¿Qué dijo?
Mora parpadeó. Frunció el ceño como si él mismo no entendiera lo que acababa de decir.
— Dije... que uno se queda solo después de algo así. Del susto, ¿me entiende?
Se subió al carro y arrancó.
Kael se quedó en el estacionamiento vacío con esas palabras pegadas en el pecho como una espina.
"Siempre hablas solo después de matar gente."
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De regreso en su apartamento, sacó la chaqueta que había usado la noche anterior.
Fue a la cocina. Preparó café sin pensar.
Cuando volvió a la sala, algo oscuro sobre la silla llamó su atención.
En el bolsillo exterior — que él había revisado al llegar, que estaba vacío cuando salió a trabajar — había una flor.
Negra. Mojada.
Con pétalos que no correspondían a ninguna especie que él pudiera identificar.
Fresca. Como si alguien la hubiera puesto ahí hace diez minutos.
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Kael la levantó despacio.
Olía a lluvia.
Y a algo más.
A algo que no tenía nombre pero que le encogió el estómago de una manera que la pólvora y la sangre nunca habían logrado.
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Ella no existe en las cámaras. Pero dejó una flor en su bolsillo.
¿Quién es realmente?
📖 Capítulo 3 — lunes.