17/09/2026
*HIDALGO: LA NOCHE QUE DIEZ CAMPESINOS LE CERRARON EL PASO AL IN****NO*
*Crónica de una resistencia que nació el 18 de marzo de 2010*
*Por: Eloy Alonso
En 2010 el país ya olía a pólvora. En Reynosa, en Matamoros, en Nuevo Laredo, la guerra ya había empezado. Sinaloa contra el Golfo. El Golfo contra Los Zetas. Los Zetas contra todos. En la televisión eran noticias lejanas, de la frontera. Aquí, en Hidalgo, Tamaulipas, pensábamos que eso nunca nos iba a alcanzar.
Pero nos alcanzó.
*¿Cómo fue esa madrugada?*
Fue la madrugada del 18 de marzo de 2010. No hay parte oficial que lo cuente bien.
Esa madrugada los hombres de Hidalgo se dirigieron a la presidencia municipal para fusilar a los elementos de la policía, quienes se presumía eran gente de los zetas, además de eso, incendiaron el palacio municipal donde despachaba Marcos Leal, apodado el “Zeta 1”
Hay memoria. La memoria del pueblo dice que al día siguiente llegaron y no eran dos, no eran diez, eran cientos.
Más de cuatrocientos hombres armados hasta los dientes, en camionetas, con la intención de tomar la plaza. Así le dicen ellos: "tomar la plaza". Nosotros le decimos tomar el pueblo, tomar nuestras casas, nuestras familias.
¿Y quién los esperó? No había ejército. No había policía.
Eran Diez campesinos, 10 hombres de sombrero, de huarache, de manos partidas por el azadón.
¿Quiénes eran? ¿Cómo pensaban? No eran soldados. No tenían estrategia militar. Tenían algo más peligroso: el hartazgo y el amor por su tierra.
*¿Y después qué? ¿Cómo se le abre la guerra al grupo más sanguinario de México en ese momento?*
Esa es la pregunta que nadie se hace.
Después de esa madrugada, esos diez no se fueron a su casa a dormir, le declararon la guerra a Los Zetas, y eso significó dejarlo todo.
¿Dónde vivían?……se fueron al monte.
¿Cómo le hacían? ……Esa es la historia que nunca hemos contado bien.
¿Cómo pasaban las noches? …En vela.
Enterrados en el monte, entre el zacate, entre las biznagas. Con el frío que cala los huesos en la sierra de Hidalgo.
¿Tenían hambre? …Si
Tenían frío? …Mucho.
Se bañaban? ……Cuando un arroyo les daba chance, y cuidándose de no dejar huella.
Se enfermaban? …..Claro, pero no podían ir al doctor, porque ir al pueblo era delatarse.
¿No le tenían miedo a las víboras? ….Sí.
¿No le tenían miedo al diablo? ……Sí.
¿No le tenían miedo a los espantos que cuenta la gente que salen en el monte de noche? …..También.
Pero le tenían más miedo a que sus hijos crecieran bajo la bota de esa gente.
Eran noches eternas, días que no terminaban. Caminando por veredas que solo ellos conocían, cruzando arroyos con el agua a la cintura, con la ropa mojada por horas, escondiéndose de todos, porque no sabían quién los podía traicionar, porque en esa guerra, el vecino podía ser el halcón, el amigo podía ser el que le pasara el pitazo a los Zetas de "ahí los vi".
Diez contra más de cuatrocientos. La lógica decía que iban a ser exterminados.
Pero no contaron con algo: esos diez se hicieron veinte. Y esos veinte se hicieron cien. El pueblo entero empezó a apoyar. Con comida, con una cobija, con un "no los he visto".
Fue una guerra de sombras. Sin cuartel. Sin reflectores. Mientras el país hablaba de la narcoguerra en la frontera, aquí, en un municipio enclavado en la sierra, un puñado de campesinos estaba haciendo lo que nadie se había atrevido: expulsarlos.
Y los expulsaron.
Hoy, 16 años después, Hidalgo es lo que es porque esos hombres no se rajaron esa madrugada del 18 de marzo. Hoy podemos hacer honores en la plaza principal, al pie de Hidalgo, porque ellos nos dieron patria otra vez.
Este no es un reportaje de balazos. Es un reportaje de preguntas que nos debemos hacer como pueblo:
¿Cómo durmieron esos hombres durante meses?
¿Cómo le hicieron para no morirse de hambre?
¿Cómo se veía el amanecer después de una noche entera esperando que llegaran a matarlos?
Y la más importante: ¿De verdad estamos valorando lo que hicieron?
Porque lo que hicieron diez campesinos de Hidalgo en 2010, no lo hizo ningún ejército en todo Tamaulipas.
Ese es el valor real y ese es el que no debemos olvidar nunca.